Fecha de publicación: 18/Septiembre/2020
Duración: 41:12
El 25 de abril de 1977 un grupo de 8 militares chilenos se enfrentan a la visión de un objeto volador no identificado y a un posible caso de abducción.El entonces cabo Valdés ha variado su relato en varias ocasiones. ¿Qué sucedió realmente aquella noche en Pampa Lluscuma?
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NOTA: Texto registrado en el RPI
¡Hola! ¿Ya has llegado? Espero que estés bien. Te doy la bienvenida a mi rincón, donde entre libros, documentos, legajos, y cajones llenos de pruebas y objetos asombrosos, repaso junto a ti los más misteriosos sucesos. ¿Te apetece saber qué tengo hoy entre manos? Pues me has vuelto a cazar con las narices metidas en un asunto OVNI. Y sí, otra vez se trata de un caso que está entre los grandes clásicos de la materia.
Probablemente sea el más conocido en el país en el que tuvo lugar. Un país, por cierto, con amplia casuística de no identificados. Se trata de un suceso con nombre propio ocurrido en la segunda mitad de los años 70, y cuyo protagonista ha variado su versión de los hechos en más de una ocasión desde entonces. Es posible que esto, en otras circunstancias, hiciese caer por tierra la veracidad del caso. El problema es que estos cambios de versión parecen ajustarse a las actuales creencias religiosas del protagonista, y que el resto de los testigos parecen mantener su primera versión de los hechos.
Tiempo atrás, nuestro protagonista anunció que estaba preparando un libro que, aunque teóricamente debería haber salido en 1999, jamás llegó a ver la luz. Pero bueno, como siempre, yo me voy a limitar a compartir contigo lo que he podido averiguar del suceso, para que tú y solo tú decidas con qué conclusión te quedas, o si deseas seguir indagando en el asunto. Quién sabe, quizá puedas encontrar el factor enigma de este caso…
Tengo mis dudas sobre cómo clasificar el encuentro. ¿Podría ser un encuentro de primer tipo? Evidentemente sí. Hay unas luces que bajan del cielo y se sitúan a una distancia suficientemente próxima como para asegurar que no se trata de algo conocido. ¿Del segundo tipo? También. Aunque no hay evidencia física de un aterrizaje (que se sepa), el principal protagonista de los hechos deja de ser visto por un lapso de tiempo por el resto de los testigos. Y a su regreso, parece presentar alteraciones psicológicas y físicas, achacables incluso a una especie de «salto en el tiempo”. ¿Tercer o cuarto tipos? Pues qué quieres que te diga… Eso depende de lo que ocurriese con el testigo principal, que no está muy claro, pero si hacemos caso a los testimonios originales, podríamos hablar de una abducción, aunque bien es cierto que ese «salto en el tiempo» del que te hablaba antes transcurrió de forma totalmente inversa a la que suele ser habitual en estos casos.
Quizá es el momento de que deje de darte pistas y comience a contarte lo que se dice que ocurrió en Pampa Lluscuma, a 5 kilómetros de la localidad de Putre, al norte de Chile. Quizá ya es hora de que te hable de aquel grupo de siete jóvenes soldados al mando del cabo Armando Valdés, y de lo que les aconteció aquella madrugada del 25 de abril de 1977. Así que toma asiento y acomódate mientras te preparo una taza de té caliente. Aunque hoy quizá prefieras un mate de coca y chachacoma para evitar el mal de altura del altiplano chileno.
A través de la Carretera Internacional Chile Nº11 que lleva hasta Bolivia, en plena precordillera andina, a unos 3600 metros sobre el nivel del mar, se enclava la engañosamente pequeña comuna de Putre. Y cuando digo engañosamente pequeña, me refiero a que pese a tener un humilde núcleo urbano, en el que viven las tres cuartas partes de una población de 2765 personas según el censo de 2017, al que ni siquiera llega la red de distribución eléctrica, dispone de una extensión de 5900 kilómetros cuadrados. Para que te hagas una idea, la capital del país, Santiago, solo tiene 837 km² y Madrid tiene 604. Eso implica una densidad de población media de un putreño cada 2 kilómetros cuadrados. Quizá esta comparación te sirva para hacerte una idea de lo extremadamente remoto y lo aislado del paraje, además de una geografía volcánica con quebradas, cerros y pampas y una climatología con un gran salto térmico entre el día y la noche.
Si hoy en día paseamos por la población veremos un trazado de callejas, a lo sumo empedradas, con casas bajas y sencillas, en las que viven, sobre todo, personas de la etnia aymara, que llegan a ser el 80% de la población. La siguiente etnia con presencia en el pueblo, de las diez que hay, es la quechua en una proporción del 8,4%. Al oeste de la ciudad se ubica el Regimiento de Huamachuco, que en el momento de los sucesos que nos traen hoy hasta aquí era sólo un Destacamento de montaña, dependiente del Regimiento Rancagua, en Arica. De ese destacamento partieron, junto al cabo Armando Luciano Valdés Garrido de 22 años, los 7 jóvenes que realizaban el servicio militar y que en ciertos países del sur de América son llamados conscriptos.
En un principio la prensa publicó que realizaban un servicio de patrulla de montaña en esa zona casi fronteriza. Pero la verdad era otra, que, por las tensiones militares con Perú y Bolivia, los países vecinos, no convenía que fuese revelada. Tiempo después se supo que la verdadera misión que llevaba a cabo el grupo de militares era el de cuidado y vigilancia de unas caballerizas que contaban con unas 350 cabezas que en caso necesario podían ser destinadas a la monta del personal del destacamento, y que por razones climáticas se encontraban en una zona más resguardada llamada Pampa Lluscuma, a unos 5 km de Putre. Se trataba de una guardia de 24 horas, de 8 a 8 de la mañana.
Durante el día, la labor consistía en el mantenimiento del ganado y las pesebreras: alimentar, abrevar, y cuidar a los caballos. Y durante la fría noche, realizaban guardias de dos en dos para garantizar la seguridad de los animales y la instalación. Esta, aunque hoy en día ha sufrido notables cambios, consistía en un terreno rectangular delimitado por un lado por una alambrada y por los otros tres por un edificio con forma de «c». Este estaba construido con muretes o pircas de piedra y adobe de poco más de metro y medio, que se suplementaba en altura con unas barras, que a su vez soportaban un techado de zinc. Esta especie de nave se hallaba dividida en zonas por muretes interiores, proveyendo además de espacio para el resguardo del ganado, de zonas para guardar el forraje, herrajes e incluso un pequeño polvorín en el que almacenaban explosivos.
Ese día 24 de abril de 1977, el Cabo Valdés debía estar de permiso, pero el llegar tarde a una formación había supuesto que fuese sancionado con la anulación de la libranza y la adjudicación de esa guardia, que en principio debía haber correspondido al entonces también cabo Ramón Roca, amigo de Valdés. Según la versión inicial, en la cual como te he comentado se censuró el tema de los caballos, la jornada transcurrió con absoluta normalidad, y llegada la noche, mientras parte del grupo se encontraba junto al fuego al resguardo del frío de Pampa Lluscuma, charlando para no dormirse, Juan Reyes y Pedro Rosales, los dos conscriptos que permanecían de guardia, dieron la voz de alarma al observar unas inusuales luces. Rondarían las 4 de la madrugada.
Entonces el Cabo Valdés se acercó al punto en el que estaban los conscriptos. Aún no los veía debido a la oscuridad de la noche. Pero miró en dirección al camino que bajaba de Putre, y no vio nada. Por lo cual volvió a preguntar a los soldados. Ellos dijeron: ¡Ahí arriba! Entonces él miró a la zona por donde pasaba la carretera internacional que te he mencionado antes. Pero tampoco vio nada. En ese momento se percató de que el conscripto Rosales estaba señalando al cielo. Una luminaria iba descendiendo prácticamente en vertical. En un primer momento pensó que se trataba de un meteoro que se iría desintegrando en su descenso por la atmósfera, pero la luz se perdió tras un cercano cerro. Los soldados podían ver que el resplandor permanecía tras la montaña. Valdés entendió que el meteorito había caído a tierra tras el cerro, y se giró para mandar ensillar un caballo para ir hasta allí al rescate de la piedra. Estimaba la distancia en algo más de un kilómetro y medio.
Fue entonces cuando una segunda luz descendió, esta vez no detrás del cerro, sino por delante de él. Se trataba de una fuerte luz ovalada con dos pequeñas luminarias rojizas en los extremos, como si se tratase de balizas de posición o algo similar. Se situó a una distancia de unos 500 metros, e iluminaba toda la zona, permitiendo apreciar todos los contornos del terreno. A estas alturas, ya los 8 hombres se habían puesto en guardia y observaban con atención el fenómeno desde el interior de la caballeriza. Aunque a causa de la censura no lo mencionaron en su primer informe, los caballos habían hecho un rotundo silencio, y se habían apelotonado en el extremo de la pirca en la que ellos se encontraban, mirando fijamente a la luz y bregando entre ellos por no permanecer en la primera línea, de forma que llegaron incluso a derribar parcialmente un trozo de muro. A su vez, Huamachuco, un osado perro del destacamento que los había acompañado esa jornada, se mostraba intranquilo, temeroso y con el rabo entre las piernas.
Como aquella luz hizo amago de acercarse, Valdés dio por hecho que la pequeña hoguera estaba llamando su atención, por lo que ordenó cubrirla con mantas. El pánico ante lo desconocido comenzó a causar mella en la patrulla. ¿Qué era aquello que los acosaba? Entendiendo que el fenómeno obraba con inteligencia, Valdés le exigió que se identificara, invocando incluso el nombre de Dios. Viendo que la situación comenzaba a descontrolarse con sollozos, llantos y oraciones, el cabo, como forma de afianzar a sus hombres, les hizo colocarse juntos y con los brazos entrelazados y replegarse a la pesebrera, donde aún veían perfectamente la luz por el espacio existente entre el murete de piedra y el techo de zinc. Así, fuese lo que fuese lo que la luz quería de ellos, permanecerían juntos y juntos asumirían su destino.
El cabo Valdés, entonces, movido no está muy claro por qué, se separó del grupo y avanzó un poco hacia la ancha puerta de la pirca. Pese a los gritos del resto de los hombres, que intentaban desanimarle y le instaban a regresar, Armando Valdés no se detuvo, y nada más rebasar la entrada de la pesebrera dejó de ser visto por los conscriptos. Ante la desaparición de su superior, el desconcierto campaba a sus anchas entre los reclutas. ¿Qué debían hacer? ¿Ir en su busca? ¿Esperar a su regreso? Entre dudas, rezos y discusiones sobre las acciones a realizar, transcurrieron unos 15 minutos, tras los cuales el cabo Valdés simplemente reapareció con una angustiada exclamación: ¡Muchachos…! Y prácticamente desfalleció.
Fue inmediatamente socorrido por los soldados, que como pudieron le acomodaron tumbándolo junto al fuego. Ese fue el momento en el que pronunció la que quizá sea la frase más famosa de este caso: “Ustedes no saben quiénes somos, ni de dónde venimos… pero les digo que pronto volveremos…”. Después volvió a caer inconsciente, y permaneció dormido hasta las 7 de la mañana. Fue durante ese estado de inconsciencia cuando sus hombres cayeron en un detalle: el cabo lucía una crecida barba, prohibida por el reglamento militar. Posteriormente se darían cuenta de que el reloj de Valdés se había detenido a las 4:30 y su calendario se había adelantado 5 días, hasta el 30 de abril. La luz continuó en Pampa Lluscuma hasta el despertar del día.
Y así fue como se relató en un primer momento lo acontecido en Pampa Lluscuma. Con la única alteración de que en lugar de mencionarse que la guardia era en un recinto ganadero, se habló de que era una patrulla que vigilaba la zona fronteriza. Y en lugar de mencionar el extraño comportamiento de los caballos, se habló de unas ovejas que andaban por la zona donde hacían ronda los soldados. El día 16 de mayo apareció la primera noticia del suceso en el periódico local «La estrella de Arica» de la pluma del corresponsal putreño Pedro Araneda. Este hombre, profesor de artesanía y con gran afición por el tema OVNI, fue el primero en entrevistarse con los testigos, pocas horas después de los sucesos. Diferentes fragmentos de esa entrevista fueron publicados a lo largo de los siguientes días. Prácticamente de manera inmediata la noticia dio el salto a la prensa nacional e internacional, aunque mucha de esta prensa simplemente se hacía eco de lo publicado por la Estrella de Arica, que mandó acudir al lugar a los enviados especiales Luis Maturana Carter y Luis Daroch que publicaron otro artículo el día 17.
El día 18 el gobierno establecía una censura previa a las publicaciones sobre OVNIS. El 19, el propio gobierno emitía una nota de prensa en la que expresaba estos tres puntos al respecto del caso OVNI en Putre: 1.- El Ejército no se pronuncia respecto a los hechos mismos relatados por los integrantes de la patrulla; 2.- Desde el momento que sucedió el hecho hasta que éste fue dado a conocer por la prensa no se había dado versión oficial por parte de la Institución; 3.- Conforme a las consultas realizadas por vía oficial se manifiesta que las versiones dadas por la prensa hasta este momento son en lo general coincidentes con los relatos de los integrantes de la patrulla. Ese mismo día 18 Pablo Honorato, reconocido reportero, entrevistaba a Valdés para el Canal 13 de Televisión. En esta entrevista, el cabo narra el suceso por propia experiencia hasta el momento en el que se dirige a la luz. A partir de ahí, explica que él no recuerda nada sobre su ausencia y su reaparición, y que lo que sabe es lo que le han contado los conscriptos. También afirma (dato importante, como verás más adelante) que él llegó a esa guardia perfectamente afeitado. Asegura que, si el suceso hubiese transcurrido solo con la presencia de la luz, sin que nada le ocurriese a él, tal revuelo no se habría formado, pues muchos militares, incluso oficiales, estaban habituados a ver luces extrañas en la zona.
A partir de estas declaraciones, el cabo Valdés se mantuvo en un discreto segundo plano, buscando el anonimato. La información más reseñable que se filtró fue que Armando Valdés habría permanecido un tiempo ingresado en el Hospital Militar de Santiago para que se realizara una valoración de su estado físico y psicológico. De esta estancia hospitalaria te comentaré después un par de detalles. En 1983, realizó una fugaz aparición en prensa a raíz de otro incidente ovni mucho más sencillo en el que fue testigo junto a otros militares en 1980. En estas breves declaraciones para el periodista Juan Jorge Faundes evadía hablar del asunto de Putre diciendo que él no recordaba nada de los 15 minutos en los que estuvo desaparecido, y sus palabras empezaron a mostrar indicios de que ya existía el apego al evangelismo que finalmente le llevaría a ser Pastor de una congregación. Con los años, iría dejando entrever que asumía la teoría de expertos evangélicos que tenían la convicción que las abducciones son fenómenos demoníacos previos al verdadero rapto de la Iglesia, mediante el cual Dios salvará a los elegidos en el Apocalipsis.
El caso no vuelve a saltar a la palestra fuera de los círculos ufológicos hasta mayo de 1999, cuando la Televisión Nacional de Chile emite un episodio de la serie OVNI, en la que el reputado presentador Patricio Bañados recupera el caso en un programa sobre los sucesos, en el que se muestran varias primicias. Si quieres, puedes ver este programa, ya que está disponible en YouTube. Por primera vez sale a la luz pública el dato de que los militares no formaban una patrulla fronteriza. Que la guardia de aquella noche tenía como objetivo el cuidado de los establos de caballería del destacamento de Putre, debido a lo cual no llevaban armas ni equipos de radio. En ese programa aparecen las declaraciones de dos de los conscriptos testigos de aquella noche: Humberto Rojas y Raúl Salinas. También aportaron su visión de los hechos el reportero de la Estrella de Arica Luis Maturana, que entrevistó a los testigos en los primeros días, y Pedro Durcudoy, que en el 77 era el capitán del destacamento Huamachuco. Valdés no aparece en ese programa, y según asegura Patricio Abusleme, escritor del libro sobre el caso «La noche de los Centinelas» y que ha investigado el caso en profundidad, esto se debió a dos razones: por un lado, la institución castrense no concedió permiso a la productora para realizar la entrevista, y, por otro lado, no hubo acuerdo económico con Valdés.
Prácticamente un mes después, Valdés abandona la vida militar y a los pocos días aparece en el programa «De Pe a Pa» del periodista Pedro Carcuro, también en la Televisión Nacional de Chile. Al comienzo de la entrevista, Valdés asegura que dejar el ejército ha sido una decisión difícil, pero que lo ha hecho en pos de un mensaje que tiene que dar. ¿Quizá también tuvieron algo que ver los 20.000 dólares que se dice que cobró por esta entrevista? Esto es más de lo que hubiese ganado como militar hasta su retiro. Pero quédate con el detalle del mensaje. Explicándolo todo frente a una pizarra en la que se había dibujado la zona de Pampa Lluscuma en la que transcurren los hechos, se puede decir que su relato se mantiene como hace 22 años, con la única diferencia del tema de los caballos, que como te he dicho, fue censurado por cuestiones estratégicas. En el momento concreto de su separación de los hombres comienzan las primicias, pues asegura que rebasó una especie de portal, que recibió un mensaje de manera telepática por parte de la inteligencia que tenía delante, y que él en ningún momento dejó de ver a sus compañeros, pese a que estos no le viesen a él. La narración de su regreso corresponde a grandes rasgos con lo que ya sabíamos anteriormente, incluyendo el crecimiento de la barba, que él estima al equivalente de entre 5 y 10 días y el adelantamiento de la fecha del reloj en 5 jornadas. Un reloj que, por cierto, desapareció sin que quede muy claro dónde ni cómo. Finaliza la entrevista confesando que desde el encuentro en Putre conserva, sin saber por qué, cierta obsesión con la letra H, que las sensaciones que tuvo le llevaron a pensar que esa inteligencia que percibió no era buena, sino negativa, y que posteriormente recibió la visita de seres extraños a los que llamó «hombres de negro». También habló de que estaba preparando un libro con el periodista Víctor Gutiérrez, pero ese libro, a fecha de hoy, aún no ha visto la luz.
Con el nuevo milenio, en abril de 2002, 25 años después del suceso, el periodista Carlos Vergara comunicó con Valdés y obtuvo una declaración asombrosa: «Nunca fui abducido, pero me ocurrió otro fenómeno. Algo muy de la tierra. Y me ocurrió con un objetivo que acabo de descubrir. En el libro cuento cosas futuras.» En ese mismo año 2002, el anteriormente mencionado Patricio Abusleme, en su libro «La noche de los centinelas”, narra cómo consigue encontrarse con Valdés y este le confiesa que todo fue una broma que se le escapó de las manos. Que cuando se dirigió a la luz, saliendo de la pesebrera, se desplazó hasta el lateral del muro y se puso a orinar. Que desde detrás de la pirca escuchó el miedo de los conscriptos ante su ausencia, y que planeaban disparar hacia el objeto, así que continuando con la «chanza», regresó, montando el paripé del desmayo y de la famosa frase de «ustedes no saben quiénes somos ni de dónde venimos, pero volveremos». Valdés también explica a Abusleme que había acudido a la guardia sin afeitar desde hacía días, y que por eso la tenía crecida. Respecto al reloj, se trataba de un Omega de cuerda que ya estaba estropeado anteriormente. También le menciona un detalle no conocido hasta el momento: según Armando el hecho no ocurrió a la hora que inicialmente se dijo, es decir sobre las cuatro de la mañana, sino mucho más cerca de la medianoche. Evidentemente, al asegurar no tener un reloj operativo, tenía que basar su afirmación en otra cosa: alguien había llevado a la guardia una petaca de un litro de cocoroco, que es un licor muy fuerte, de 96 grados. Como estaba prohibido beber durante las guardias, para evitar ser cazados por una inspección sorpresa, solo bebían una vez pasadas las 12 de la noche, cuando ya sabían que nadie iba a ir a vigilarlos. Y esa hora era reconocible porque se apagaban las luces del poblado de Putre, que funcionaban con un generador. Valdés asegura que, al comenzar todo el fenómeno, solicitó que le entregasen el licor para deshacerse de él, y que nadie pensara que estaban borrachos, pero que la botella estaba prácticamente llena, por lo que no creía que hubiese pasado mucho tiempo desde la medianoche. De todas formas, les dijo que la existencia del cocoroco no debía conocerse nunca.
Tras este encuentro con Valdés, Abusleme, que para mí es el investigador que probablemente más de cerca haya estudiado el caso, programó un viaje en noviembre de ese 2002 en el que junto al exmilitar visitaría el lugar de los hechos. En la visita a Pampa Lluscuma, Abusleme grabó una interesante declaración de Valdés, que también puedes ver en YouTube, en la que narra a la cámara su nueva versión de los hechos: la de que fue a orinar, y decidió gastar una broma a los conscriptos. No niega las luces, no niega sus malos presentimientos con respecto a estas, y la certeza de que lo que tenían delante estaba inteligentemente controlado. Pero niega la abducción. Asegura que nunca fue «raptado». Durante ese viaje, antes de ir a Pampa Lluscuma, tuvieron un encuentro en Arica con Ramón Luis Roca Briceño, amigo de Valdés, y que era quien debía haber hecho la guardia de la noche de autos, pero que fue sustituido por Valdés a causa del castigo. En esta visita se aclaró que, aunque Roca interrogó a los testigos, no lo hizo bajo orden de la institución, sino por iniciativa personal, ya que Valdés era su amigo y los conscriptos eran sus hombres. Se enfrentaron las versiones de Valdés y Roca, manteniendo Roca que la mañana que comenzaba la guardia se había afeitado junto a Valdés.
Y ya que hablamos sobre si el ejército chileno investigó o no el asunto, cabría hablar de que Valdés, un par de meses después de los sucesos, fue internado en el hospital militar de Santiago, en el que fue sometido a un intenso examen físico y psicológico. Pero no por iniciativa directa de la cúpula del ejército, sino por la simple solicitud del jefe de Psiquiatría de dicho hospital, Roberto Emilio Lailhacar, que se interesó al leer la noticia en la prensa. En el libro de Abusleme aparecen interesantes detalles sobre este internamiento, y algo más: la transcripción del informe médico y valoración psicológica pertinente, que consiguió indirectamente, ya que cuando lo solicitó oficialmente le fue denegado. Pero por casualidad, parece ser que el investigador español Juan José Benítez, tras una entrevista con el mismísimo Pinochet, tuvo acceso a ese informe, este se lo prestó al propio Valdés, que hizo una copia que posteriormente facilitó a Abusleme. El resumen de este informe es que el suceso fue un proceso alucinatorio, y que Valdés es un sujeto con mucha imaginación y tendente a fantasear. Había una cuestión en este capítulo que personalmente me parece más interesante que el dossier en sí mismo. Y es que, según el autor del libro, la fotocopia que recibió de manos de Valdés estaba rodeada de anotaciones de su puño y letra en las que, por decirlo de alguna manera, había ido contestando y refutando el informe médico. Pero casualmente, en esas anotaciones habla del suceso como algo totalmente real y no menciona que se tratara de una broma que se le fue de las manos.
Valdés siempre jugó con la posibilidad de someterse a una sesión de hipnosis regresiva, pero de manera oficial nunca lo hizo. Aunque reconoce que en una ocasión lo intentó, sin resultados, con un grupo de amigos. En su libro, Patricio Abusleme menciona que consiguió averiguar quién dirigió esa sesión de hipnosis en 1999, y que esta persona, ex oficial de Sanidad del Ejército, asegura que la sesión no fue infructuosa. Que Armando Valdés en trance hipnótico narró que se acercó a esa luz y subió al objeto que la emitía. Que allí había tres sujetos con apariencia humana y cascos blancos. Que podría tratarse de un helicóptero… y ahí la narración se interrumpe, porque ante el oficial Sanitario y los otros dos testigos de la sesión, Valdés comienza a levitar elevándose 15 centímetros por encima de la cama. Entonces tres pequeñas esferas luminosas aparecieron en la habitación, y ante la exclamación de sorpresa de uno de los testigos, las luces desaparecieron y Valdés salió del trance cayendo de golpe sobre la cama. Extraño, ¿verdad?
Y ahora vamos a dejar un poco de lado a Armando Valdés, porque no debemos olvidar que además del cabo, en aquella guardia había otros siete hombres. Siete hombres que vivieron el asedio de aquella luz, y que tantos años después lo recuerdan, cada cual con sus matices. Alguno de ellos nunca ha querido hablar. Uno de ellos ya ha fallecido. Otros se han mostrado enfadados pues aseguran que Valdés ha ido cambiando su narración con la intención de adaptar los hechos a sus ideas religiosas, y con la intención de buscar lucro con el famoso libro que aún no ha visto la luz. En general, afirman que los hechos (con alguna variación que puede debe al paso del tiempo) son básicamente los mismos que se narraron en un principio. Quizá hay uno que destaca sobre los demás. Se trata de Raúl Salinas. Además de ofrecer la versión más adornada de los sucesos, con descripciones incluso de una verdadera «nave espacial» con enormes ventanales, este conscripto asegura que aquella noche en Pampa Lluscuma vio un ser mitad humano y mitad reptil, y que a posteriori ha vivido diferentes experiencias de contacto. Ha dado varias conferencias sobre el asunto y ha aparecido en radio y televisión. Algunas de estas comparecencias también están disponibles en Internet. El periodista Cristian Riffo Morales escribió un libro llamado «Encuentro ovni en Putre, el caso del cabo Valdés» basado en las vivencias del exconscripto.
Y como siempre me pasa, cuanto más averiguo sobre los casos, más preguntas me hago: ¿Qué fueron aquellas luces que vieron los soldados? ¿Qué ocurrió al cabo Valdés durante esos 15 minutos que estuvo desaparecido? ¿Es cierto que estuvo orinando y decidió gastar una broma a sus compañeros al regresar? ¿O como aseguran los conscriptos Valdés no fingía cuando volvió, sino que realmente sufrió una extraña experiencia y posteriormente varió su relato para adaptarlo a sus creencias religiosas? ¿A qué se enfrentaron? ¿Es posible que, como dicen algunos investigadores, todo se tratase de un montaje del dictador Pinochet para desviar la atención de otros asuntos? Según las investigaciones posteriores, el Ejército como institución no prestó demasiada atención a los sucesos, al margen del interés personal de alguno de sus miembros. ¿O podría explicarse el caso con la experimentación de armas químicas y psicológicas por parte de agencias militares y de inteligencia de cierto país con una bandera con barras y estrellas, tal y como indican otras teorías?
¿Qué ocurrió realmente con la barba de Valdés? Tras su cambio de versión, él asegura que llevaba días sin afeitar, y el resto de los testigos y personas consultadas afirman que eso hubiera sido imposible, pues era su obligación presentarse afeitado a las guardias. Y en esta, que era una guardia de castigo, evidentemente con más razón. Además, de haber ido sin afeitar, los hombres que llevaban con él desde las 8 de la mañana anterior se hubiesen percatado de ese detalle. Por otro lado, el entonces cabo Ramón Roca, amigo de nuestro protagonista, aseguró y mantuvo que la mañana anterior se había afeitado junto a Valdés. Otra cuestión es la del reloj. ¿Estaba averiado antes del suceso? ¿Era un reloj analógico o digital? Las versiones sobre el tipo y el modelo han sido varias a lo largo del tiempo. Podemos recurrir a las imágenes de la entrevista de Pablo Honorato a Valdés el 18 de mayo del 77, suponiendo que el cabo mantuviese el mismo reloj un mes después de los sucesos. Se trataba de un modelo digital de Seiko. Lo curioso es que normalmente cuando un reloj digital se estropea, lo habitual es que se apague, no que se pare a una hora determinada. Y, aun así, si se hubiese parado días antes, la fecha sería anterior, no 5 días posterior… En esto se diferencia el caso de otros de tiempo perdido. Normalmente el sujeto abducido regresa y se da cuenta de que ha transcurrido un tiempo que él no recuerda haber vivido. En este caso el sujeto regresa con evidencias de que ha transcurrido mucho tiempo, cuando en realidad sólo han pasado 15 minutos.
Existe otra pequeña contradicción que quizá podría ser explicada porque, con el paso del tiempo, los testigos no recuerdan con exactitud. Pero según Valdés, los 8 militares permanecieron en Pampa Lluscuma hasta la llegada del relevo a las 8 de la mañana. En cualquier caso, asegura que hubiese ido contra las normas dejar solos a los hombres abandonando el lugar de la guardia de la que estaba al mando. Sin embargo, Pedro Araneda afirma que el propio Valdés volvió a Putre a las 6 de la mañana y llamó a su puerta pidiendo ayuda. Tras esto fueron a buscar al amigo de Valdés y también cabo Antonio Flores, al que encontraron aseándose, y se dirigieron a Pampa Lluscuma. Antonio Flores, a su vez, asegura que el propio Valdés lo despertó rogando que le acompañase al lugar de las caballerizas. ¿Cómo transcurrieron realmente los hechos esa mañana? Otra contradicción reside en las armas. Según la versión que escuches, había algún fusil y el arma reglamentaria de Valdés, o los militares no disponían de ninguna. Yo puedo entender que aun teniéndolas no hiciesen uso de ellas, pues al enfrentarse a algo teóricamente desconocido pudieron dudar de las consecuencias que les acarrearía su uso. Pero no me parece que sea un detalle fácil de olvidar. En caso de que ese fuese el transcurso de los hechos, ¿qué significan la levitación y las esferas luminosas de la sesión de hipnosis? Y en caso contrario, ¿qué sentido tiene que personas que quieren permanecer en el anonimato y huir de la notoriedad inventen estos sucesos?
A estas interrogantes y a otras más que se me ocurren, yo no tengo una respuesta. Solo puedo darte un consejo. Reflexiona, consulta, bebe información de todas las fuentes que puedas. Y si puedes, investiga. Quizá así puedas desvelar el factor enigma que descifra este caso.
Yo, por mi parte, ahora debo dejarte. Vuelve cuando quieras, que estaré encantado de recibirte y contarte más historias. Te recuerdo que puedes visitar mi web en elfactorenigma.com en la que encontrarás información sobre este y otros casos, acceso a todas mis redes sociales e incluso si lo deseas, la versión transcrita a texto de este podcast. Y si tienes algo que contarme o quieres dejarme tu opinión sobre el caso, puedes hacerlo a través de los comentarios de IVOOX, o de las redes sociales. Suscríbete para estar al día y no olvides darle al me gusta, para que así este humilde curioso sepa que estás ahí y siga contándote cosas. Te deseo que hasta nuestro próximo encuentro seas feliz, y que jamás dejes de maravillarte ante el misterio.