Fecha de publicación: 21/Agosto/2020
Duración: 32:32
El 25 de agosto de 1951, una serie de luces comenzaron a verse sobre los cielos de la ciudad de Lubbock, en Texas. Muchos fueron los testigos. Algunos de ellos de alto nivel. ¿Qué fue lo que vieron? ¿Pájaros u OVNIS?
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¡Hola, me alegro de que hayas venido! ¡Muchas gracias por volver a visitarme! Como siempre te doy la bienvenida a este pequeño rincón, donde entre libros, documentos, legajos, y cajones llenos de pruebas y objetos asombrosos, repaso junto a ti los más misteriosos sucesos. Espera, dame un segundo para que retire esas carpetas y puedas sentarte. ¿Quieres saber qué contienen? Quizá te apetezca echarles un vistazo. Son un puñado de papeles sobre un interesante caso OVNI.
Ya sabes que es uno de mis temas favoritos. Como creo haberte comentado, probablemente me guste tanto porque, aunque lo englobemos todo dentro del mismo fenómeno, es tan variado que estoy seguro de que no es una única causa lo que da lugar a tantos casos. Hace años que pienso que ni todo es Venus ni todo son naves extraterrestres o seres interdimensionales. Creo muy probable que existan múltiples causas, a muchas de las cuales actualmente desconocemos la explicación. Como nuestros antepasados no sabían dar explicación al rayo. Esas explicaciones, aún desconocidas, a las que yo llamo «el factor enigma».
Y que conste que cuando hablo del factor enigma no me refiero a buscar una explicación como sea. Sino a que esa explicación encaje como un guante y no haya lugar a dudas. Pues en ocasiones se han buscado causas entre comillas «naturales» que cojean más que las teorías más entre comillas también «magufas». Siempre he dicho que, si las piezas ajustan, se resuelve el puzle. Si faltan piezas, aún no está resuelto. Pero si forzamos para hacer encajar piezas que no pertenecen al rompecabezas, podemos romperlo. Creo que hay que tener paciencia para que la ciencia, la historia o la experiencia nos den las piezas que faltan en la resolución de esos factores enigma.
Pero no me dejes divagar tanto, que me alejo del caso que quería explicar: del que se habla en estos papeles. Probablemente si te menciono un suceso en Estados Unidos, en el que un grupo de luces en formación de boomerang cruza el cielo nocturno, tu mente vuele hasta el caso de las luces de Phoenix en 1997, del que quizá te hable en alguna ocasión. Ese es uno de los más conocidos de la casuística estadounidense, pero el que te voy a relatar hoy es bastante anterior. Aun así, también es todo un clásico. Y esto se debe principalmente a tres cuestiones que hacen este caso llamativo: que el suceso se repitió durante varios días, el gran número de testigos, y la calidad de científicos de algunos de ellos.
¿Quieres que te cuente más detalles? Pues dame un momento para que mientras te acomodas te prepare una taza de té caliente. Nos disponemos a viajar al estado de Texas, en los lejanos años 50.
Como te decía, volvemos, una vez más, a los Estados Unidos de América, en la icónica época de los años 50. A ese ambiente en general conservador y anticomunista de la Guerra Fría. A esa época de proyectos secretos, espías y conspiraciones gubernamentales. Mucho ha crecido la ciudad tejana de Lubbock desde entonces. Sus habitantes, que ahora rondan los 260.000, eran unos 70.000 en 1950. La población se había duplicado desde 1940 y se volvería prácticamente a duplicar en 1960. Con una superficie de 320 kilómetros cuadrados, se trata de una ciudad amplia pero baja, en la que prácticamente sólo los edificios públicos y empresariales superan las 3 alturas. A vista de pájaro ofrece un organizado entramado de casitas bajas unifamiliares, con su trocito de jardín.
En los años 40 se construyó la base de la fuerza aérea de Reese, al oeste de la ciudad, que fue utilizada como centro de formación de pilotos hasta ser cerrada en los 90. Actualmente, en ese espacio se sitúa un centro empresarial y tecnológico. Un poco anterior a la base aérea militar, en los años 30, se construyó un aeropuerto al noreste de la ciudad, que, aunque durante la segunda guerra mundial fue utilizado como aeródromo militar, en 1947 fue nuevamente destinado a la aviación civil. Actualmente es conocido como Aeropuerto Internacional Lubbock Preston Smith. En 1970 sufrió un fuerte tornado que destrozó prácticamente la cuarta parte de la ciudad. Lubbock también tiene espíritu estudiantil. La ciudad aloja la Universidad Tecnológica de Texas desde 1923.
Y en ese círculo universitario fue precisamente donde se escucharon las primeras voces sobre el caso que te traigo. La noche del 25 de agosto de 1951, cuatro profesores de la universidad se encontraban de tertulia en el jardín del Dr. Robinson, geólogo. Eran, además de este, el profesor de ingeniería química Dr. Oberg, el profesor de física Dr. George, y el director del departamento de ingeniería petroquímica, el Dr. Ducker. Los cuatro tomaban té. Y no lo digo porque sea lo mismo que te he ofrecido a ti, sino por evidenciar que estaban tomando té, y no whisky… Observaban el firmamento mientras mantenían una distendida charla sobre micro meteoritos, cuando a las 21:10 algo llamó su atención.
Un grupo de unas 20 o 30 luces verdeazuladas que formaban prácticamente un semicírculo cruzaron a alta velocidad y de norte a sur sobre sus cabezas. El paso de las luces no fue acompañado de ningún ruido. Los puntos de luz tenían una intensidad aparente similar a la del resto de las estrellas, pero se veían más grandes. La velocidad a la que sucedieron los hechos impidió que los profesores captasen más detalles concretos sobre las luminarias. Momentos después, el fenómeno se repitió, pero las luces estaban simplemente agrupadas, sin mantener una formación definida.
Esa misma noche, los profesores daban parte al periódico local, que publicaba la noticia el día 26 de agosto. Durante unas semanas más los científicos continuaron viendo las luces desde sus casas. Llegaban a repetirse incluso tres veces en una misma noche, y según afirman en algún documento, con una cadencia de una hora y diez minutos entre una y otra. Aunque solo contaban los que habían sido vistas por lo menos por dos de ellos, contabilizaron al menos una docena de pasadas de estas luces.
Como hombres de ciencia que eran, trataron de analizar el fenómeno: una de sus particularidades era que el paso siempre era de norte a sur. Si dividiéramos toda la bóveda celeste en 180 grados, las luces no se veían de horizonte norte a horizonte sur. Simplemente aparecían en un ángulo de 45 grados sobre el horizonte norte, cubrían en tres segundos 90 grados de firmamento, y a 45 sobre el horizonte sur volvían a desaparecer, sin aparente cambio de tamaño durante toda la trayectoria.
Llegaron incluso a reclutar a compañeros para formar dos grupos que, siguiendo la línea que trazaban las luminarias, se situasen separados unos 15 kilómetros. Unos en el sur y otros en el norte. Comunicados por radio, en el momento de ver los ovnis, calcularían su angulación con respecto al horizonte. Entonces sería fácil, conociendo la distancia entre los dos grupos y los dos ángulos con respecto a la tierra, calcular aproximadamente la altura a la que volaban las luces. ¿Ves cómo estudiar geometría en la escuela tenía utilidades prácticas? Pero no. Casualmente, la noche que realizaban este experimento los puntos de luz no se dejaban ver. Lo realmente frustrante era saber, al volver a casa, que sus mujeres sí habían visto las luces desde sus patios en la ciudad. Esto nos puede dar un interesante dato para confirmar hipótesis que veremos más tarde.
Y esta es, a grandes rasgos, la experiencia vivida por los cuatro profesores de la Universidad Tecnológica de Texas. Hay que reconocer que semejante plantel de testigos no es habitual en los avistamientos ovnis. Así como tampoco lo es el hecho de que estos se repitan casi con puntualidad británica durante unas semanas, y luego no se vuelvan a repetir. Durante ese periodo, fueron cientos las personas que aseguraron haber visto las luces.
¿Cuántas de esas personas las vieron realmente? ¿Cuántas fueron sugestionadas por la aparición de la noticia en la prensa y vieron lo que quisieron ver? Lo cierto es que muchos de esos testimonios coincidían en fechas, horas y rumbos con los de los profesores. Entre todos estos «testigos adicionales» sobresale uno. El único que al parecer tuvo la ocurrencia de hacer lo que no me explico por qué no hicieron otros, sabiendo que estos ovnis tenían costumbres y rutinas bastante definidas.
Carl Hart era un joven estudiante de primer año en la Texas Tech. La noche del 31 de agosto se encontraba en su cama junto a la ventana en la planta alta de su casa. Como todos los habitantes de Lubbock, a esas alturas ya había oído hablar de las luces nocturnas, y esa noche las vio. Vinieron desde el norte y dejó de verlas cuando el techo de su habitación le impidió observar cómo cruzaban por encima de su casa. Entonces, consciente de que los testigos decían que esas luminarias realizaban diferentes «pases», tomó su cámara Kodak 35 y salió al patio trasero de su casa. Y se quedó esperando.
Por si te interesa la fotografía, te diré que configuró la toma a f 3.5, que era la máxima apertura de diafragma que ofrecía ese modelo, y con un tiempo de exposición de una décima de segundo, que también era el máximo que permitía la cámara sin recurrir a la posición B. Lo que no he conseguido averiguar es la sensibilidad de la película. Y efectivamente, las luces volvieron a pasar. No una, sino dos veces. Y Hart tuvo tiempo de disparar dos fotos en el primer pase y tres en el segundo.
La verdad es que el joven no daba mucho por las fotos antes de revelarlas, pues pensó que las luces eran tan tenues que no saldrían en las imágenes. Al día siguiente, Hart llevó el rollo al laboratorio de revelado de un amigo, y la sorpresa fue encontrarse los negativos impresionados con unos puntos de luz que dibujaban una especie de ala delta en la imagen. Como te imaginarás, las fotos también acabaron en el periódico, y desde entonces se han convertido en unas de las más famosas fotografías de ovnis existentes.
Se realizaron análisis sobre las fotografías de Hart, y te hablaré de ello un poco más tarde. Evidentemente, el gobierno de los Estados Unidos se interesó por el asunto. La información llegó a las manos del capitán Edward Joseph Ruppelt en el ATIC, la central de inteligencia de técnica aérea, justo en la época en la que comenzaba a tomar forma el Proyecto Blue Book. A finales de septiembre de 1951, el capitán Ruppelt recibió informaciones desde la base de la fuerza aérea de Lubbock, pero también desde Albuquerque, Nuevo México, y desde una estación radar en la base de Larson, en el estado de Washington.
En el informe de Lubbock se incluían los datos sobre el avistamiento de los profesores, las fotografías de Hart y el testimonio de dos mujeres que el 31 de agosto habían visto algo extraño en un viaje por carretera. Las dos mujeres, una madre y su hija, habían salido de Matador, a unos 100 Km al noreste de Lubbock, alrededor de las doce y media de la noche. Iban conduciendo en su coche cuando de repente vieron un objeto en forma de pera a unos 150 metros de ellas. Estaba al lado de la carretera, flotando a una altura aproximada de 35m. Se desplazaba lentamente hacia el este, como si viajase a la deriva, mecido por el viento.
Continuaron por la carretera unos 50 metros, se detuvieron y salieron del automóvil. El objeto, cuyo tamaño asemejaron al de un avión B-29, todavía se desplazaba lentamente. La hija estaba bastante familiarizada con los aviones; su esposo era oficial de la Fuerza Aérea, y había estado viviendo cerca de bases aéreas durante varios años. No escucharon ningún ruido, pero vieron una ventanita en el costado del objeto. Repentinamente el objeto comenzó a ganar velocidad y rápidamente se perdió de vista ascendiendo en un movimiento espiral.
El informe proveniente de Albuquerque, en Nuevo México, mencionaba que el día 25 de agosto a las 21:00, un matrimonio que observaba el cielo desde su patio había visto, sobrevolando silenciosa y rápidamente su casa, un enorme avión con forma de V, con luces a lo largo del fuselaje. Estimaron la altura a la que volaba en unos 250 o 300m, y afirmaron que el tamaño equivalía al 150% de un B-36, modelo que estaban acostumbrados a ver volar en su zona. El rumbo del objeto era de Norte a Sur. Desde la base aérea de Kirtland en Albuquerque habían hecho los deberes, y habláis comprobado que esa noche, a esa hora, no había ningún avión sobrevolando la zona. Sobre la fiabilidad de los testigos, se dio por supuesta. El hombre trabajaba para la Comisión de Energía Atómica en la base Sandia. Disponía de autorización de seguridad Q, equivalente en ese departamento a la de Alto secreto en Defensa.
En cuanto al informe de la estación de radar en el estado de Washington, mencionaba que, a primera hora de la mañana del 26 de agosto, horas después del primer avistamiento de Lubbock, dos radares diferentes habían mostrado un eco volando a 1400 Km por hora a 4.000 m de altura en dirección noroeste. El objetivo había permanecido en las pantallas durante seis minutos y se había autorizado un scramble de un F-86, pero para cuando el interceptor despegó, el objetivo había desaparecido. El informe aclaraba que no se trataba de un falso eco relacionado con factores meteorológicos, pero posteriormente, las altas jerarquías militares dieron precisamente esta explicación al fenómeno.
Los tres informes, que parecían estar vinculados, fueron estudiados en conjunto, en el caso que el Proyecto Blue Book vino a llamar «Las luces de Lubbock». El capitán Ruppelt no dudó en desplazarse hasta Lubbock para investigar los acontecimientos y entrevistarse con los testigos. Además de con los profesores universitarios y con el joven artífice de las fotografías, que le prestó 4 de los 5 negativos obtenidos aquella noche, tuvo encuentros con muchas más personas en Lubbock y los alrededores que habían visto las luces, incluidos dos controladores de torre en el aeropuerto. Una de las declaraciones que mayor interés causó en Ruppelt fue la de un anciano en el pueblo de Lamesa.
Este hombre y su esposa, desde que vieron la noticia de las luces en el periódico, habían estado observando el cielo. De hecho, llegaron a ver las luminarias. Y en un principio se asustaron, hasta que en una de las pasadas escucharon un sonido que hizo que identificaran el fenómeno inmediatamente. Según el anciano, las luces avistadas por los testigos eran bandadas de chorlitos, cuyas blancas pecheras reflejaban la poca luz del ambiente. Ruppelt se entrevistó entonces con un guardabosques de Lubbock, que le confirmó que el pecho blanco de los chorlitos podía reflejar la luz, pero que no era nada habitual que volasen en grupos de más de tres individuos. Quizá esto fuese más habitual en los patos.
De vuelta a Wright Patterson, en el vuelo entre Lubbock y Dallas, Ruppelt conoció a un ranchero que le narró a modo de confidencia que, después del anochecer, su esposa salió al patio a recoger la colada del tendedero. Esta observó un gran objeto deslizarse rápida y silenciosamente sobre la casa. Dijo que parecía «un avión sin cuerpo» y que en el borde posterior del ala había pares de brillantes luces azuladas. Exactamente la misma descripción que mencionaban los testigos de Albuquerque.
Nada más llegar a Dayton, llevó los negativos de Hart al laboratorio de reconocimiento fotográfico de la Fuerza Aérea. Los negativos habían pasado por muchas manos y se encontraban rayados y sucios, y las imágenes tenían una leve trepidación debido al movimiento de la cámara al realizar el disparo. Pero pudieron concluir que las luces que Hart había fotografiado eran circulares en origen. Había algo extraño, y es que a pesar de que, a simple vista, las luces tenían el mismo brillo que las estrellas, en las fotos no se podían apreciar estas, mientras que las luces aparecían perfectamente visibles.
Los profesores universitarios estaban convencidos de que las imágenes eran falsas, pues ellos en ningún momento habían visto las luces con ese brillo y en esa formación. Los expertos del laboratorio explicaron el brillo con la posibilidad de que las luces fuesen fuertemente brillantes en el espectro infrarrojo, no siendo visibles al ojo humano, pero sí a la sensibilidad química de la película. Respecto a la formación, aunque ellos por lo general habían visto un grupo desordenado de luces, en la primera ocasión las luces sí guardaron una formación semicircular. ¿Quién puede negar que la fotografía se tomara en un momento en el que las luces se situaron de esa manera? De hecho, esa formación fue la vista por la ranchera en Lubbock y la pareja de Albuquerque. Es evidente que los profesores no tuvieron por qué coincidir mirando al cielo en todas las «funciones» que ofreciaron las luces.
Por cierto, ahora que hablamos de las fotografías, existe un baile de fechas con las fotos. Y es que, aunque Ruppelt dice que se realizaron la noche del 31 de agosto, en los documentos desclasificados que he podido recabar y que puedes consultar con calma si miras en mi web, la fecha que se ha puesto es la del 30 de agosto. La conclusión de Ruppelt respecto a las fotos es que no se pudo demostrar ni que las fotografías fuesen un engaño, ni que fuesen genuinas.
Sobre la teoría de los pájaros cuyo pecho reflejaba las luces de la ciudad, tenemos pros y contras. Un punto a favor de esta teoría es que explicaría el motivo de que cuando los profesores se alejaban de la ciudad hacia el norte y el sur para triangular la altura de las luces, no las veían, mientras que sus mujeres en sus casas sí. Esto significaría que las aves volaban lo suficientemente bajo como para no ser vistas de lejos, pero sí desde debajo, a unos cuantos metros de altura. De todas formas, los científicos no estaban muy conformes con esta teoría, pues estimaban la distancia de las luces a una altura mucho mayor de la que llevarían estas bandadas de pájaros.
Posteriormente, el Dr. Hynek, ya como consultor científico del Proyecto Blue Book, contactó con uno de los profesores de la universidad en 1959 y este le refirió que, después de una cuidadosa investigación, había llegado a la conclusión de que habían estado observando los famosos chorlitos. Otro punto a favor de esta hipótesis es que varias zonas de Lubbock se iluminaban con lámparas de vapor de mercurio, que daban una luz con dominante azulada, lo cual podría justificar incluso el color verde azulado de las luces. La contra venía cuando personas alejadas de esas zonas del centro de Lubbock también habían observado el fenómeno.
Rizando el rizo, el Sr. Hans, director fotográfico del periódico local, decidió comprobar la teoría por sí mismo. Subió a un tejado equipado con una cámara con la intención de fotografiar bandadas de patos por la noche. Cuando veía pasar una bandada de patos, disparaba una foto. Aun utilizando flash, era imposible repetir las fotos del joven Hart. El Señor Harris, editor del periódico, llegó a la conclusión de que algunas personas habían visto pájaros mientras buscaban las luces y se habían sentido satisfechas con la explicación. Pero que muchas otras personas, incluso cazadores, habían visto las luces y aseguraban que aquello era otra cosa. No eran aves iluminadas por las farolas.
En su libro sobre el fenómeno ovni de 1956, el capitán Ruppelt afirmó que, aunque en un principio dio por válida la teoría de los pájaros, las luces de Lubbock fueron identificadas con otro fenómeno natural y muy fácilmente explicable. Pero que el científico que se pasó meses investigando, y había resuelto el dilema, le había pedido anonimato, y explicar su historia equivaldría a desvelar su identidad. Por lo que finalmente, en cuanto a la versión oficial, como siempre, nos quedamos como estábamos.
Y yo, a estas alturas de la película, como siempre, tengo más dudas que cuando empecé a informarme sobre el caso: ¿Vieron todos los testigos en Lubbock lo mismo? Si esto fue así, ¿por qué unos se muestran firmemente convencidos de la teoría de las aves y otros la niegan con rotundidad? ¿Están relacionados los sucesos en Albuquerque y Lubbock? De ser así, teniendo en cuenta la distancia entre las dos localizaciones y el tiempo entre los sucesos, podríamos deducir que lo que fuesen aquellas luces, si es que respondían al mismo origen, se había desplazado a una velocidad aproximada de 1400 Km/h. Esto incluso se correspondería con la velocidad de los objetos detectados en el radar en la base de Larson, en Washington, la mañana siguiente. Supongamos que fuese un avión. Esto no sería imposible, pues en el 47 ya se habían alcanzado oficialmente velocidades supersónicas. ¿Pero qué ocurre con el ruido? ¿Qué aeronave vuela a esa velocidad sin emitir sonido?
Vayamos al tamaño y la altura. En la actualidad una altitud media de crucero de un avión comercial son 36.000 pies, que equivalen a unos 11.000 metros, y se ve bastante pequeñito. A esa altura, por lo general ya no se escuchan. Vamos a ser un poco más comedidos y vamos a hablar de 10.000 pies, que son unos 3.000 metros, y que podría ser la altitud de vuelo de una avioneta sin llegar a su techo (aunque a esta la oiríamos un poco más). Pues bien, con los cálculos de los profesores en la mano, por su velocidad angular podríamos deducir que a esa altura, las luces que veían pasar llevarían una velocidad de unos 5.800 Km/h y que por su tamaño aparente, a esa altura, si todo el conjunto de luces fuese un solo objeto, podría medir unos 530 metros. De lo cual deducimos que o realmente aquello era algo enorme y asombroso, fuera de nuestra comprensión, o que su altura de vuelo era muy inferior, con lo cual se reducirían el tamaño y la velocidad, pero de ser un vehículo propulsado volveríamos al tema del ruido.
Sobre la teoría de los pájaros: personalmente, podría valerme, porque me encajan cosas como que podrían volar bajo sin hacer ruido, pero hay otras que no me cuadran. Sobre todo: ¿por qué tanto revuelo por algo tan habitual como que una bandada de pájaros cruce el cielo de una ciudad? ¿A nadie le llamó la atención hasta el momento? ¿A nadie le llamó la atención después? ¿Por qué hay testigos en zonas donde la iluminación urbana no era lo suficientemente intensa como para alumbrar la pechera de los pájaros que volaban? Según los testigos de Albuquerque, y también en palabras de la ranchera que recogía la colada en el patio en Lubbock, aquello era «un avión», es decir: un objeto sólido y con volumen. ¿Se corresponde esto con una bandada de pájaros? ¿Estaban los testigos viendo cosas diferentes? Dado que el director de foto del periódico intentó (incluso con mejores medios) replicar las imágenes de Hart suponiendo que lo fotografiado eran pájaros, y no lo consiguió, ¿debemos deducir que las fotografías del joven son un fraude?
Me resulta muy llamativo el detalle que menciona el libro «Proyecto Blue Book» de Brad Steiger: los avistamientos se sucedían con un plan rígido: aparecían alrededor de las 9:20 de la noche y se repetían hasta tres veces con un intervalo de 1 hora y 10 minutos. Es en este libro el único sitio en el que he leído este detalle. Pero de ser cierto, ¿tiene algún sentido? ¿Tienen horario los paseos o migraciones nocturnas de aves? ¿Los testigos estaban presenciando algún tipo de prueba militar de una nueva tecnología? De hecho, esta es una de las teorías que barajaban en un principio los profesores y el editor del periódico, hasta que los militares se pusieron a investigar el caso… Aun así, supongamos que realmente era un proyecto secreto y los militares acudieron más que a investigar el suceso, a recabar información sobre cuánto habían visto los testigos. O a sembrar la semilla de la tan famosa ocultación con la excusa en este caso de los pájaros. O retorciéndolo más, retractándose de la teoría de los pájaros y diciendo: la causa es natural pero no la podemos decir por no comprometer la privacidad de la persona que la ha descubierto…
¿Por qué, tres cuartos de siglo después esa tecnología no ha salido a la luz o esos proyectos no se han desclasificado como ha ocurrido con otros? Siempre he tenido una duda con el tema de que los ovnis sean proyectos secretos o incluso, fantaseando un poco más, tecnología extraterrestre o extradimensional. ¿Por qué alguien que maneja esa tecnología, y lo hace de manera tan esquiva y casi en secreto, con dispositivos que evitan los radares, no hacen ruido, etc.… luego los llena de luces como si fuesen atracciones de feria?
A estas interrogantes y a otras más que se me ocurren, yo no tengo una respuesta. Solo puedo darte un consejo. Reflexiona, consulta, bebe información de todas las fuentes que puedas. Y si puedes, investiga. Quizá así puedas desvelar el factor enigma que descifra este caso.
Yo, por mi parte, ahora debo dejarte. Vuelve cuando quieras, que estaré encantado de recibirte y contarte más historias. Te recuerdo que puedes visitar mi web en elfactorenigma.com en la que encontrarás información sobre este y otros casos, acceso a todas mis redes sociales e incluso si lo deseas, la versión transcrita a texto de este podcast. Y si tienes algo que contarme o quieres dejarme tu opinión sobre el caso, puedes hacerlo a través de los comentarios de IVOOX, o de las redes sociales. Suscríbete para estar al día y no olvides darle al me gusta, para que así este humilde curioso sepa que estás ahí y siga contándote cosas. Te deseo que hasta nuestro próximo encuentro seas feliz, y que jamás dejes de maravillarte ante el misterio.