Fecha de publicación: 11/Mayo/2023

Duración: 20:24

El 17 de noviembre de 1986 un avión japonés que sobrevolaba Alaska tuvo un encuentro con unas luces y un objeto inmenso cuyo capitán no pudo identificar.

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NOTA: Texto registrado en el RPI

¡Hola, me alegro de que hayas venido! ¡Muchas gracias por volver a visitarme! Como siempre te doy la bienvenida a este pequeño rincón, donde entre libros, documentos, legajos, y cajones llenos de pruebas y objetos asombrosos, repaso junto a ti los más misteriosos sucesos. 

¿Te gustaría que te contase con qué estaba a punto de empezar? Pues quizá te extrañe y se te haga raro en mí… pero… volvemos a los OVNIS. Y quiero que sepas que nuevamente me meto en un caso a ciegas… Es decir, conozco de él lo poco que he visto en un par de documentales, pero supongo que tiene que haber más información por ahí… Así que, desde este momento, empiezo a rebuscar, y a lo mejor encuentro información que ratifique el caso, o quién sabe, si información que lo desmonte.

La verdad es que como suceso me parece impresionante, y pese a que es un caso bastante clásico, no creo que sea un de los grandes conocidos.  Aunque podría entender que, de ser cierto, el intento por parte del gobierno fuese de minimizarlo, restándole importancia o incluso ocultándolo. Pues implicaría que realmente hay un fenómeno físico, tecnológico, inteligentemente operado, y no precisamente pequeño, que viola impunemente el espacio aéreo de las naciones, sin ser detectado. Y eso, sin duda es un buen marrón para cualquier gobierno.

Si hay una categoría en la que englobaría este caso es el de «OVNIS gigantes vistos por pilotos». Quizá en España tengamos algunos casos como el del 11 de marzo de 1979 sobre cielos de Pamplona, o el del 12 de marzo de 1997 a 92 kilómetros de Vigo. Es posible que algún día hablemos de alguno de ellos. Pero el de hoy ocurre en cielos estadounidenses, a un avión de una aerolínea nipona, que viajaba desde Francia hasta Japón.

Así que como siempre, si te parece bien, puedes ir tomando asiento, que nos espera la documentación que tengo sobre la mesa. Mientras tanto, voy a preparar un té caliente que nos acompañe en este rato que vamos a pasar sumergidos en la historia del vuelo 1628 de Japan Air Lines.

El 17 de noviembre de 1986 a media tarde, y ojo a las horas, porque la documentación oficial utiliza el horario UTC, con lo cual hay 9 horas de diferencia, y el suceso tuvo lugar el 18 de madrugada), uno de tantos vuelos cruzaba sobre los cielos del mundo:

Se trataba del vuelo 1628 de la compañía Japan Airlines. Un Boeing 747-200F en viaje de Carga desde París hasta el aeropuerto Internacional de Narita, cerca de Tokio. El cargamento, que en un momento determinado pueda dar para chiste, era una buena cantidad de cajas de vino Beaujolais

La tripulación de ese vuelo estaba compuesta por el capitán Kenju Terauchi, un piloto con experiencia civil y militar de más de 10.000 horas de vuelo, el copiloto Takanori Tamefuji y el ingeniero de vuelo Yoshio Tsukuda.

Con una velocidad de 490 nudos y a una altura de 35.000 pies, el vuelo sobrevolaba Alaska en dirección a Anchorage, donde tenía previsto hacer escala. Yo sé que, si te imaginas un mapamundi, la línea entre Paris y Tokio no pasa por Alaska, pero hay que entender que, por un lado, los aviones no vuelan sobre un plano, sino sobre una esfera. Por otro lado, hay que entender que, en esa época de guerra fría, los vuelos sobre la URSS y China estaban muy restringidos. Por lo que este tipo de ruta pasaban habitualmente por Alaska.

Otro detalle que te puede llamar la atención en este caso es que, aunque como te he dicho, era media tarde, ya había oscurecido. Esto es debido a que, por la situación geográfica de Alaska, en esta época del año hay pocas horas de luz solar, por lo que no es extraño que a las 17:00 ya sea prácticamente de noche.

Como hemos comentado, el vuelo se encontraba en ese momento sobre Alaska, cuando poco antes de las 17:10 recibió indicación del Control de Tráfico de Anchorage, de realizar una variación de rumbo hacia Talkeetna, imagino que para luego hacer la aproximación a la pista 15 del aeropuerto internacional de Anchorage. 

Al terminar el giro del ajuste de rumbo, la tripulación pudo observar a su izquierda, y a una altura ligeramente inferior, unas luces que parecían ser dos aeronaves, por lo que consultaron al Centro de Control si tenía localizado algún tráfico en las inmediaciones.

La respuesta fue negativa, pero las luces estaban allí. El centro de control preguntó entonces si podían identificar los tráficos, si diferenciaban si eran civiles o militares, a qué altura y a qué distancia se encontraban.

El Japan Airlines 1628 contestó que no podía determinar el tipo de aeronave, pero que podían ver lo que podría ser la luz de navegación y unas estroboscópicas blancas y amarillas.

En un momento determinado, estos no identificados realizaron una maniobra brusca y se situaron escoltando al avión. Era increíble cómo esas luces evolucionaban, primero rebasando, luego situándose a la misma velocidad que el avión de Terauchi por delante de él.

Quizá una de las curiosidades de este caso es que se dieron detecciones en radar en el primario del Centro de Control de Operaciones Regionales (ROCC) de NORAD de Elmendorf Nem. Trazas que posteriormente, según los investigadores que han estudiado el incidente, podrían incluso no tener relevancia en la resolución del caso.
Lo cierto es que algunas de estas trazas eran extrañas, pues estas se veían persiguiendo» al OVNI cuando en realidad, la tripulación estaba viendo los objetos por delante de ellos.

Entonces los objetos emitieron una fuerte luminosidad desde su parte posterior. Por unos momentos llegó a sentirse el calor que emitían esas luces desde dentro de la cabina. Era deslumbrante. Como si esos objetos tuviesen multitud de toberas que lanzasen fuego al propulsarse, como los cohetes.

En un momento determinado, los dos objetos se perdieron en la noche por la izquierda.

 

Al notificar que los tráficos habían desaparecido, el capitán fue informado de que, según el radar, seguían detectando algo tras ellos. Terauchi forzó la vista y pudo intuir la presencia de un objeto enorme, con forma de nuez, al que estimó en ese momento las formidables dimensiones de dos portaaviones.

Asustado por la proximidad del objeto, solicitó un cambio de altitud para evitar una posible colisión.  Descendiendo así 4000 pies. De 3-5-0 a 3-1- 0

Pero el objeto continuaba manteniendo la distancia.

Entonces el controlador Carl Henley del Control de Tránsito Aéreo le propone que realice un giro de 360º a derecha para intentar dar un rodeo alrededor del objeto.

Al comenzar el giro, Terauchi perdió de vista al objeto, pero fue informado de que no podía verlo porque según el radar este iba persiguiéndole.

Henley hizo que otro de los aviones que controlaba, uno de la compañía United Airlines, realizase un ligero viraje para observar si el JAL 1628 continuaba perseguido o no. Pero esta tripulación, pese a haber una perfecta visibilidad no vio nada detrás del 747.

Tras esto, Terauchi y su tripulación continuaron viaje hasta realizar su escala en Anchorage sin más novedad.

Y hasta aquí llega la narración del encuentro ovni del vuelo 1628 de Japan Airlines.

Una vez más, un extraño fenómeno, algo que parece físico, quizá unos desconocidos objetos, que aparentan obrar con inteligencia, pero con una motivación que se nos escapa, y haciendo gala de una tecnología que deja por los suelos nuestros mayores avances, por lo menos en lo que a aeronáutica se refiere.

Tras el encuentro, el capitán Terauchi fue citado por la administración federal de aviación, la FAA, ante la cual no tuvo el más mínimo reparo de hablar de OVNIs haciendo referencia a naves tripuladas e incluso a naves nodrizas de origen desconocido, lo cual, como ya sabemos, suele tener consecuencias negativas para los pilotos, por mucho que acumulen años de experiencia y miles de horas de vuelo.

Esas declaraciones, y una entrevista concedida a dos periodistas de Kyodo News en diciembre de ese mismo año, firmaron su condena, y fue relegado por la compañía a un puesto de oficina dejando de volar durante varios años.

Una vez que la prensa tuvo conocimiento del caso, la FAA no tuvo más remedio que confirmar el incidente, y pusieron el caso en manos de John Callahan, jefe de la División de Investigación de Accidentes, para aclarar qué explicaciones se debían dar a los medios de comunicación sobre el caso.

Callahan recabó toda la información, y se encargó de sincronizar los datos disponibles, además de los del radar con las cintas de voz del control aéreo.

 Tras analizar los resultados, informaron al vicealmirante Donald D. Engen que les dijo que no hablasen con nadie del caso y preparasen una presentación de los datos para un grupo de personas al día siguiente: Estas personas, según Callahan pertenecían a la CIA, al FBI y al Equipo de Estudios Científicos del presidente Reagan.

Tras la presentación, se informó a todos de que el incidente pasaba a ser secreto y que aquella reunión nunca había tenido lugar. Que no se daría cuenta al público de los resultados de la investigación, pues suponían una excepcional prueba de contacto radar con OVNIS.

Callahan, que se guardó una copia de todos los datos y las cintas, apareció para hablar de esta supuesta ocultación, ya jubilado, en 2001 en el club de prensa de Washington, dentro de las conferencias del «disclosure project», que reunía a militares, funcionarios, políticos, astronautas, científicos… que estaban dispuestos a dar su testimonio frente al congreso de los EE. UU. para conseguir que se diese acceso libre a la población, a toda la información declarada secreto relativa a los ovnis.

Tras este supuesto bloqueo de la información, desde la FAA se dijo que la detección en radar se debía a una «imagen radar dividida» o » Señales de radar no correlacionadas». Un error que se produce debido a una desincronización en la recepción de los datos de radar primario y transpondedor, que genera una traza doble y que por lo tanto no tenían capacidad de confirmar que había algo allí, más allá de las simples declaraciones de la tripulación, que tampoco podían aportar pruebas de lo que vieron.

Como siempre, la rama de la ufología escéptica, quizá en ese caso encabezada por Philip Klass buscó argumentos que explicasen el avistamiento desde términos más normales. Y uno de ellos fue la tradicional confusión planetaria: Esa noche, Júpiter brillaba especialmente, y según la posición que ocupaba en la bóveda celeste, pudo ser confundido por Terauchi con la nave nodriza, y por eso la perdió al realizar el giro de 360 grados. Respecto a las dos primeras naves avistadas, también serían confusiones con estrellas.

Otra cuestión que se utilizó por Klass como justificación para echar por tierra la versión de Terauchi es que                                                                             previamente y unos días después, volvió a ver OVNIS. Por lo que cuestionaba si veía lo que veía o lo que quería ver.

Y es a estas alturas, cuando, como siempre, se empiezan a plantearse las cuestiones sobre el caso:

¿Realmente las señales en radar fueron un «error de recepción»? Es ciertamente una casualidad que se produzcan extraños ecos simultáneamente a la visualización de objetos no identificados, … Pero también es cierto que durante la visualización en radar de las trazas del segundo ovni (el que Terauchi había calificado momentos antes de gigantesco), el United Airlines tenía visual del Japan Airlines y su entorno y no vio nada extraño. Ni una sola evidencia visual de la presencia de un ovni del tamaño de dos portaaviones

Respecto a las confusiones de las luces y objetos con Jupiter y las estrellas, he de decir una cosa: Por un lado, veo complicado confundir Jupiter con un objeto del tamaño de dos portaaviones. Por mucho que el argumento sea: si Terauchi no dice que además del ovni, estaba viendo Jupiter brillando más de lo normal, es que lo que estaba viendo era Júpiter y no un ovni. Por otro lado, los primeros avistamientos, quizá podrían colar como algún tipo de avión de prueba o similar… ¿¿pero estrellas?? Es cierto que los testimonios del copiloto y el ingeniero de vuelo no son tan «vistosos» como el de Terauchi, y solo hablan de «luces». Pero también es cierto que quizá decidieron ser más comedidos por las posibles consecuencias.  Takanori Tamefuji, describió las luces cuando se les situaron delante como un vuelo nocturno que viene de frente: puedes ver las luces, pero no la forma general del avión. Por su parte, Yoshio Tsukuba, ingeniero de vuelo, al estar sentado detrás, no las vio con tanta claridad, hablando de racimos de luces ondulantes.

Está claro que algo se vio desde la cabina del 747. ¿Pero hasta dónde llega realmente la extrañeza y espectacularidad de lo visto? ¿Exageraba Terauchi al decir que podía sentir el calor de las luces sobre su rostro? ¿O se quedaban cortos Tamefuji y Tsukuba a la hora realizar sus narraciones por miedo a represalias de la empresa? ¿Quizá la cosa estuviese a medio camino entre lo uno y lo otro?

 

Una vez más, como siempre, termino con más dudas de las que comencé cuando sólo había oído hablar de caso en líneas generales… Con posibles explicaciones que encajan, algunas más, y algunas menos. Espero, por lo menos, haberte dado algún dato sobre el incidente del vuelo 1628 de Japan Airlines que te ayude a conocerlo un poco mejor.

Solo me queda darte un consejo: Reflexiona, consulta, bebe información de todas las fuentes que puedas. Y si puedes, investiga. Quizá así puedas desvelar el factor enigma que descifra este caso.

Yo, por mi parte, ahora debo dejarte. Vuelve cuando quieras, que estaré encantado de recibirte y contarte más historias.

Por lo demás, te recuerdo que, si tienes algo que contarme o quieres dejarme tu opinión sobre el caso, puedes hacerlo a través Facebook, Instagram, Twitter, Telegram y por supuesto de los comentarios y la comunidad de Ivoox. Suscríbete a este podcast para estar al día cuando publique nuevos episodios y no olvides darle al me gusta, para que así, este humilde curioso sepa que estás ahí y siga contándote cosas.