Fecha de publicación: 21/Octubre/2022
Duración: 31:59
El 25 de febrero de 1942 en plena escalada de tensión entre Japón y EE. UU. tenía lugar «La batalla de Los Ángeles». Durante una hora, las baterías antiaéreas dispararon contra no se sabe el qué… Repasemos aquella noche.
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¡Hola! ¿Cómo estás? ¡Muchas gracias por volver a visitarme, una vez más, es un placer recibirte por aquí y charlar contigo! Como siempre te doy la bienvenida a este pequeño rincón, donde entre libros, documentos, legajos, y cajones llenos de pruebas y objetos asombrosos, repaso junto a ti los más misteriosos sucesos.
Hoy me has cazado repasando un caso que bien podríamos confundir con el clímax de una película de ciencia ficción de esas a las que Hollywood nos tiene acostumbrados. Eso sí, el clímax de una película en blanco y negro, que es lo que evoca la historia al recordarla.
¿Hay algo más del género que una batalla campal entre una fuerza alienígena desconocida y el ejército de la bandera de barras y estrellas sobre los cielos de una gran ciudad de Estados Unidos? Ya te lo digo yo: No.
Podríamos decir que, con poco más o menos que un lustro de diferencia, ese suceso tuvo lugar en los últimos años de la «prehistoria» ufológica, si comenzamos a contar la era moderna de los ovnis en junio de 1947, con el evento de Keneth Arnold o con el de Roswell en julio del mismo año.
Eran tiempos convulsos los del año 1942, en plena Segunda Guerra Mundial.
Habían pasado dos meses desde el ataque de Pearl Harbour, y en esos mismos días, una docena de proyectiles fueron lanzados a la costa de Santa Bárbara (California) desde un submarino japonés, sin bajas y con algunos daños menores.
Debido a esto, la alerta a la que estaban sometidos los ejércitos elevaba la tensión.
A lo cual había que sumar que en muchos casos la poca experiencia de los pilotos y los técnicos radaristas que provocaban errores de apreciación, como la confusión de ballenas con submarinos.
Dentro de este contexto de las confusiones, el exceso de nervios e incluso la histeria colectiva, en este caso se han planteado bastantes teorías que podrían dar explicación al suceso, así que como siempre, yo solamente haré un repaso sobre ellas, y finalmente serás tú quien decida si este asunto sigue guardando su misterio, o para ti ha quedado sobradamente explicado.
Así que no nos demoremos más en comenzar con lo que te ha traído hasta aquí. Toma asiento en tu sillón, y acomódate. Que en nada estoy de vuelta con un par de buenas tazas de té caliente para acompañar este repaso por el caso que recibió el hollywoodiense nombre de «La batalla de Los Ángeles».
Como antes te decía, hoy vamos a viajar a tiempos convulsos. Durante 6 años y un día, el bando de los Aliados se enfrentó a las potencias del Eje en un conflicto armado de implicaciones globales: La segunda guerra mundial. No es mi intención que convirtamos esto en una clase de historia, así que vamos a ir directamente a la parte que nos interesa… Los Estados Unidos de América entraron en el conflicto tras el ataque el domingo 7 de diciembre de 1941 de la base naval de Pearl Harbour por parte de las tropas japonesas.
El imperio Nipón buscaba neutralizar la flota del pacífico de los EEUU, pues creían que estos entrarían en el conflicto al atacar los japoneses los territorios británicos en el sureste asiático.
El presidente Roosevelt calificó ese día como «una fecha que permanecerá en la infamia». Lo cierto es, que, por primera vez, EE. UU era atacado en su propio territorio.
A las 7:48 de la mañana, 353 aviones japoneses bombardeaban la base en Hawái, causando destrozos en los 8 acorazados, tres cruceros, tres destructores, un buque escuela y un buque minador. Se perdieron 188 aviones y las vidas de 2403 estadounidenses. Otros 1178 resultaron heridos de diversa consideración.
A partir de ese momento, la sombra de un nuevo ataque se cernió sobre los estadounidenses.
Unos meses después esa amenaza se convirtió en realidad al producirse el primer ataque en suelo continental de los EE. UU.
El 23 de febrero de 1942, saltaban las alarmas al ser detectado un submarino a una milla de la costa californiana.
A pesar de que el Cuarto Comando Interceptor ordenó silencio de radio, el apagado de todas las luces, y de que se detuvo a dos personas de origen japonés, que Iban conduciendo sin luces y portando una pistola de bengalas con la que presuntamente debían señalar los objetivos al submarino, el i-17 comandado por Kozo Nishini llegó a disparar 16 proyectiles hacia la costa. Su objetivo, el campo petrolífero de Elwood, a unos 19 Km de Santa Barbara.
Lo cierto es que no se produjeron daños personales. Sólo unos pocos daños materiales, valorados en unos 500 dólares de la época, y, sobre todo, un enorme daño al orgullo patrio que llevó a la promesa de no dejarse sorprender nuevamente por el enemigo a la puerta de casa.
La noche del 24, debido a la alerta generada por los sucesos de la noche anterior, todos los ojos y los prismáticos estaban puestas con más atención que nunca en la vigilancia de lo que se acercaba por la costa. ¿Recuerdas el cuerpo de observadores terrestres, el GOC, del que hablamos cuando repasamos el Caso de Flatwoods? Pues imagina, en una época en la que la tecnología radar estaba en pañales, una red de miles de voluntarios que, además de los soldados, 24/7 vigilaban visualmente las costas para alertar en caso de que alguna fuerza enemiga se aproximarse por mar o aire.
Además, la inteligencia naval advirtió de un previsible en las 10 próximas horas.
A las 19:00 un hombre aseguró haber visto una serie de destellos luminosos y señales cerca de una instalación defensiva. A la 19:18 se activó la alerta amarilla. pero para las 22:23 se retiró por falsa alarma.
A las 23:00 la guardia costera de Los Ángeles detectó una aeronave no identificada cerca de su espacio restringido y el servicio de Defensa Civil captó una señal parpadeante en su radar.
Tras un infructuoso intento de verificar si se trataba de un vuelo comercial o privado con el Control de tráfico aéreo, antes de que se declarase nuevamente la alerta amarilla, la señal desapareció del radar.
Ya a las 2:00 del día 25, otra vez, una señal parpadeante, apareció en el radar. Esta, a 120 millas al Oeste de Los Ángeles, y que parecía llevar rumbo a la ciudad.
Fue dada la alarma a los dispositivos antiaéreos de la ciudad, que pasaron a alerta amarilla.
A las 2:15 otros dos radares de dos centros antiaéreos confirmaban la señal. Y comenzaban a llegar testimonios de la visión de una aeronave similar a un dirigible.
El Cuarto Comando interceptor pasó entonces a ordenar un apagón a las 2:21. Todas las luces desde Los Ángeles hasta la frontera con México fueron apagadas.
Cuando comenzaron a sonar las sirenas, la gente que se dirigía a los refugios, y los que quedaban vigilando la costa ante el posible desembarco de soldados japoneses pudieron observar los haces de los reflectores barriendo el cielo.
Poco después de las 2:30 comenzaron a llegar nuevas llamadas, esta vez informando sobre una «flota» de aviones enemigos sobre Long Beach. La señal de radar se había perdido, pero un coronel de artillería confirmó la presencia de unos 25 aviones a unos 12.000 pies sobre Los Ángeles.
Casi al mismo tiempo un nuevo equipo de radar detectaba otro grupo de objetos a 100 millas de la ciudad, sobre el Pacífico.
Ante tal variedad de frentes abiertos, al Cuarto Comando Interceptor no le quedó otro remedio que dar la orden de Alerta Verde, Estado nº1, que daba a todos los soldados en la ciudad la libertad de abrir fuego a su propia discreción.
Esto tenía lugar a las 2:43 y a las 3:06 después de que los vigías de Santa Mónica alertasen de un objetivo a la vista sobre la ciudad, 4 baterías antiaéreas comenzaron a disparar proyectiles de 76mm, a lo que se sumaron las ametralladoras de 12,7mm y los rifles de algún civil emocionado.
El cielo de Los Ángeles se convirtió en un terrible espectáculo de haces de reflectores, explosiones de proyectiles y metralla, y humo, a la vez que el atronador ruido aterrorizaba a personas y animales.
El fuego duró cerca de una hora, a lo largo de la cual, aparentemente, no fue derribado ningún blanco. A las 4:14 se ordenó un alto el fuego, y no se decretó un «todo despejado» hasta las 7:25, cuando se levantó el apagón.
Los más madrugadores desayunaron con la noticia de que de Los Ángeles había sido allanado, poniendo en peligro Santa Mónica, Seal beach, Redondo Beach, Long beach, Signal hill …
Los periódicos hablaban de avistamientos por parte de civiles de aviones y globos.
Los Ángeles Times añadía una fotografía que se convertiría en emblemática de aquella noche. Se trataba de 8 haces de reflector que convergían en un mismo punto, en el que parecía hallarse un objeto no demasiado definido, que podría asemejarse a un disco.
No te hagas ilusiones… Esa foto está retocada. En un documental para el canal Odisea, el investigador Ben Hunsen tiene acceso a los negativos originales, bueno, en realidad a una copia del negativo original. La foto inicial es mucho menos contrastada y está subexpuesta. Los haces de luz están realzados para publicar la foto en el periódico.
Con el tiempo fueron saliendo testimonios y declaraciones de lo que había sido visto esa noche:
Un artillero de la costa llamado Charles Patrick vio 6 aviones volando muy alto, y dijo que los proyectiles estallaban a su alrededor.
Scott Littleton, que entonces contaba 8 años, solo recuerda haber visto una pequeña mancha de luz brillante, nada reconocible como aviones u otro tipo de aeronave.
Adam Osborne, que tenía 6 años, vio un objeto gigante, con la popa rectangular, redondeado en las esquinas, y liso por arriba y por abajo, que sobrevoló la zona realizando diferentes maniobras.
Otra joven, llanada Fifie Malouf declaró que solo vio un objeto en el vuelo, similar a una locomotora, que vino desde el océano, pasando a unos cien pies de altura sobre la playa, sin sonido y tardando mucho tiempo en pasar, debido a su longitud.
Otros informaron haber visto un enorme objeto flotante, como un globo de gran tamaño.
Otros hablaban de un frisbie de 150 metros de diámetro, al que no hacían efecto los proyectiles.
Otros de una «linterna mágica colgante».
Albert Nozaki, de 20 años, describió un objeto enorme, oscuro, muy largo y ancho, sin luces ni ventanas. No tenía alas como las de un avión, pero los bordes exteriores del objeto se curvaban hacia abajo. Albert sintió un ligero zumbido vibratorio en el pecho cuando pasó, pero el objeto no emitió ningún sonido”
Ralph Blum también vio un «objeto blanco con forma de cigarro». Asegura que varios proyectiles impactaron de frente contra el avión con forma de tubo. Estos rebotaban y salían despedidos.
Peter Jenkins, editor de prensa, mencionó 25 aviones plateados volando alto en formación de V.
El jefe de policía de Long Beach, JH McClelland, también se refirió a estos “aviones plateados”. Según él, un n observador experimentado de la Marina con binoculares había llegado a contar nueve aviones plateados en el cono del reflector.
En el «Boletín Vespertino de Reno» se llega a hablar de 200 aviones sobrevolando Los Ángeles y arrojando bombas.
Y eso en cuanto a lo informado por civiles… que, si nos vamos a los militares, tenemos lo siguiente:
La batería G del 79 regimiento de artillería costera en Long Beach detectó hasta 30 bombarderos pesados sobrevolando las instalaciones de la empresa aeronáutica Douglas Aircraft, a las 3:28 de la madrugada. A las 3:59 15 aviones más se dirigían hacia la planta. Tras salir ilesa a los 246 proyectiles disparados, toda la flota invasora volvió y se perdió en el pacífico.
El sargento John Ziesler del 122Regimiento de Artillería Costera, con sede en Downey, en el sureste de Los Ángeles, vio al menos cuatro aviones que se cernían sobre la Planta de Aeronaves Consolidated-Vultee. Estos cazas extrañamente silenciosos volaron más alto que cualquier otro avión de la época. Hasta el punto de que los proyectiles, lanzados desde tierra con el mayor alcance posible, llegaban muy por debajo de la altura de vuelo de estas aeronaves.
El congresista de California William Johnson informó en conferencia de prensa que los Departamentos de Guerra y Marina habían realizado un recuento de, probablemente, 15 aviones, volando a baja velocidad de 9,000 a 18,000 pies”.
Pero lo cierto es que, de toda esta marabunta de aviones, globos, discos y objetos extraños, y tras una hora de disparos, aparentemente no fue derribado ni uno solo. Y a partir del mediodía del día 25, las autoridades comenzaron a dudar de que realmente hubiese habido alguna aeronave sobre el cielo angelino.
Y, además, en Los Ángeles, aparentemente, no llegó a registrarse ni un solo impacto de bomba enemiga.
¿Podríamos decir que un fallo de apreciación había sido el detonante para que comenzara el fuego por parte de unos soldados novatos, sin experiencia en combate, y terriblemente sugestionados con la posibilidad de un ataque japonés? ¿Era posible que se hubiese desatado la histeria y allí no hubiese habido más que fuego amigo?
Desde luego aparte de algún fallecido por ataque cardiaco, y algún accidente por conducir a oscuras durante el apagón no hubo víctimas mortales. El resto de los heridos en el incidente fueron a consecuencia de caídas, tropiezos, …
Y como te considero una persona lista… te habrás dado cuenta de que he dicho «aparentemente». Y lo he dicho, porque en algún periódico se informó de que un par de aviones japoneses habían sido derribados, pero que sus restos, extrañamente, habían desaparecido. Se habló de una banda de agentes secretos que cargaba los restos en un camión, lo cubrían con una lona y se marchaban a saber a dónde. Otros mencionaron testigos sin identificarlos, que habían visto aviones japoneses surcando los cielos y que habían arrojado por lo menos 3 bombas sobre Los Ángeles. A todo esto, aunque los japoneses dieron en un principio la callada por respuesta, pues probablemente les convenía el temor desatado, posteriormente negaron haber sobrevolado Los Ángeles.
Una de las mayores consecuencias de este suceso fue que se detuvo a estadounidenses de origen japones que eran señalados y acusados de colaborar con el bando enemigo, haciendo señales, facilitando información… Y esto abrió la vía a que se crearan centros de reclusión específicos. Pero como se decía en la historia interminable, esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.
Con el tiempo, y con la posterior llegada de «la era de los ovnis», la insuficientemente aclarada y explicada «batalla de Los Ángeles» pasó a formar parte del catálogo de sucesos con objetos voladores no identificados.
Pero también es cierto que, con el tiempo, fueron surgiendo explicaciones:
En un principio se aceptó como válida la explicación de la lectura de radar defectuosa (ya hemos comentado que los sistemas de radar estaban en pañales), acompañada del nerviosismo de los militares, que aflojó el gatillo. Una vez que se disparó un tiro, los demás vinieron detrás… No faltaron los que afirmaron que dispararon porque les dijeron ¡Fuego!, pese a no haber visto aviones enemigos.
3 décadas después, otra explicación salió a la luz. Según la oficina de Historia de la Fuerza Aérea, como parece ser que era habitual, desde las unidades de artillería cada 6 horas se iba soltando una tanda de globos meteorológicos. Estos llevaban una vela que generaba reflejos sobre la superficie plateada del globo, y pudieron llevar a la confusión a quienes lo observaron.
Hay algunos detalles que podrían afianzar esta teoría: Por una parte, las unidades de artillería antiaérea fueron criticadas de manera oficial por haber desperdiciado munición en aparentes objetivos que se movían demasiado despacio para ser aviones. ¿Eran globos?
La batería D del 203 regimiento de Artillería Costera, fue la única que no disparó al cielo. ¿Puede ser que no lanzasen un solo proyectil porque ellos mismos habían soltado el globo causante de la confusión minutos antes del bombardeo? Quizá no se dieron cuenta de que su globo había desatado todo el acontecimiento, o simplemente, fue debido a la orden de silencio de radio, pero no avisaron al resto de estaciones de que podían estar disparando a un globo meteorológico.
Desde luego, los militares de esa batería fueron obligados a guardar silencio, y el comandante, fue relevado de sus funciones, con una buena pensión.
Otra explicación, tal vez un poco más romántica si quieres, fueron los globos bombarderos japoneses. No sé si recordarás que hablamos de ellos cuando hicimos el repaso del rancho Skinwalker.
Entre noviembre de 1944 y abril de 1945, Japón lanzó más de 9.000 globos cargados con 4 bombas incendiarias y 12 kilos de explosivo para que llegasen hasta EE. UU. y cayesen sobre suelo americano. Se tiene constancia de que uno de ellos mató a 6 personas, y de que se provocó algún incendio de poca consideración. El proyecto se abandonó por poco efectivo…
¿Es posible que en 1942 se estuviese experimentando ya con este tipo de tecnología?
También se habló de Foo Fighters… Esas pequeñas luces que maniobraban de forma aparentemente inteligente y endiablada entre los aviones, y que los americanos achacaban a los alemanes, y los alemanes a los americanos.
Si eres amante de las conspiraciones, quizá debas saber que también la batalla de Los Ángeles aparece en papeles relacionados con el programa Majestic 12. Hay una carta en la que se habla de que la mañana siguiente al ataque fueron encontrados dos fragmentos de avión no identificados. Uno había sido encontrado en las montañas de S. Bernardino y el otro en el mar. Ninguno de estos fragmentos era terrestre, y según fuentes de inteligencia, tenían origen interplanetario.
Otra teoría OVNI sobre el suceso es que los objetos llegaron desde el monte Shasta, a unos 900 km al norte de L.A. Este es un volcán, que la tradición local define como una montaña hueca, en la que habita una civilización reptiliana.
Y todo esto te puedo contar sobre el caso de «la batalla de los Ángeles». Son unos cuantos datos, pero la verdad es que después de conocerlos, a mi como casi siempre, me surgen más dudas que certezas. ¿Es verdaderamente un caso OVNI? ¿O se trata más de un caso estudiable desde el campo de la antropología o la sociología en el que entran en juego cosas como la sugestión, el pensamiento colectivo, el miedo, …?
Este no es el típico caso ovni en el que los testigos ven más o menos lo mismo, o lo que ven lleva un hilo conductor… Aquí unos vieron aviones, otros vieron un enorme objeto con forma de puro, otros algo enorme y discoidal, …
¿Entonces qué debemos opinar? ¿Que algunos vieron bien y otros vieron mal? ¿Que cada uno vio lo que quería ver? ¿Y a qué se debe esto? ¿Autosugestión causada por el miedo o la tensión? ¿Realmente no había nada físico en el cielo esa noche? ¿O había algo con la capacidad de mostrarse a cada individuo con un matiz diferente?
Alguno de los testimonios a los que hemos tenido acceso, eran entonces niños. ¿Es correcto darles la misma validez que al testimonio de un adulto? Creo que todos somos conscientes, por ejemplo, de que volviendo a un lugar que no visitamos desde niños, la perspectiva con la que lo recordamos cambia totalmente a la de visitarlo siendo adulto.
Si me pides una opinión sobre qué explicación te parece más razonable, te diré que, mirándolo fríamente, la primera que se dio: Que un miedo previo tras los sucesos del día anterior, a lo que añadir las predicciones del servicio de inteligencia, y unas detecciones precarias en radar, hicieron que, a la primera de cambio, ante la duda, en un ejército no profesional, alguien disparase el gatillo. Y ante el primer disparo, los demás vinieron solos, contagiados por el miedo o la sugestión. Llamémoslo un episodio de histeria colectiva que se libera con la catarsis épica que supone el tiroteo indiscriminado de la nada…
Pero claro… ¿qué decir entonces de quien vio un objeto tan definido como algo similar a una locomotora sobrevolando la playa como si fuese el Ford Anglia de la familia Weasley?
Puedo entender que un militar, por salvar el pellejo y no reconocer la metedura de pata dijese: Ah, pero es que a mí me pareció ver un avión… ¿Pero un civil?
Y si hablamos del globo meteorológico… Puedo entender que lo lanzase una estación antiaérea, y no tuviese la oportunidad de avisar al resto de que estaban disparando a un globo. Pero entonces, … Si todas las estaciones, secuencialmente, en algún momento soltaban globos… ¿No eran capaces de diferenciarlos? ¿Por qué comenzaron a disparar a uno, aunque lo hubiese soltado otra estación?
Y aunque un globo, entre el humo, los disparos, los haces de los reflectores… puede ser confundido con un avión, o incluso con un frisbie de 150m de diámetro, si calculamos mal su altura… ¿Por qué tras más de 1400 disparos no fue derribado?
A estas interrogantes y a alguna más que se me ocurre, yo no tengo una respuesta.
Solo puedo darte un consejo. Reflexiona, consulta, bebe información de todas las fuentes que puedas. Y si puedes, investiga. Quizá así puedas desvelar el factor enigma que descifra este caso.
Yo, por mi parte, ahora debo dejarte. Vuelve cuando quieras, que estaré encantado de recibirte y contarte más historias.
Por lo demás, te recuerdo que si tienes algo que contarme o quieres dejarme tu opinión sobre el caso puedes hacerlo desde los comentarios de Ivoox, y por supuesto a través de las redes sociales: Facebook, Instagram, Twitter y Telegram. Suscríbete a este podcast para estar al día cuando publique nuevos episodios y no olvides darle al me gusta, para que así, este humilde curioso sepa que estás ahí y siga contándote cosas.
Te deseo que hasta nuestro próximo encuentro seas feliz, y que jamás dejes de maravillarte ante el misterio.