Fecha de publicación: 20/Abril/2022

Duración: 46:16

El verano de 1977, lo inesperado se cruzaría por primera vez en la vida de Luis José Grifol. Desde entonces su camino ha consistido en «hacer ver» a quien haya querido mirar.

Una historia de OVNIS y contacto en un enclave mágico.

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NOTA: Texto registrado en el RPI

¡Hola! ¿Ya has llegado? Espero que estés bien. Te doy la bienvenida a mi rincón, donde entre libros, documentos, legajos, y cajones llenos de pruebas y objetos asombrosos, repaso junto a ti los más misteriosos sucesos.

Una vez más me vuelves a cazar mientras curioseo un caso relativo a mi tema del misterio favorito. Hoy, si lo tienes a bien, recupero el tema de los OVNIS, y más concretamente la que me parece una de las ramas más controvertidas de la ufología.

Siempre me habrás escuchado decir que soy partidario de que el fenómeno OVNI no tiene una única explicación, y aunque se mete todo en ese cajón de sastre, es tan variada la casuística que es bastante lógico pensar que pueda responder a diferentes causas.

Pero dentro de la cuestión ufológica, hay ciertas personas que tienen muy claro qué o mejor dicho quién se encuentra detrás del fenómeno, pues aseguran, sin ningún tipo de duda, que los ovnis son vehículos tripulados por entidades inteligentes con las que de alguna manera u otra se hayan en contacto.

Lo cierto es que no es fácil para una mente escéptica dar por cierta esta afirmación. Supone admitir como verdaderos varios requisitos que individualmente son complicados de confirmar, más aún darlos por buenos todos de una vez…

El más fácil de admitir de todos ellos es que la humanidad no está sola en el universo. Esto, solo viendo la cantidad de especies que habitan un minúsculo planeta llamado la tierra, vamos a darlo por hecho.

Lo complicado viene cuando toca admitir que esa compañía son seres inteligentes, en muchas ocasiones físicamente similares a los humanos, con la tecnología suficiente para haber llegado hasta la tierra desde quién sabe dónde, o para llevar viviendo en ella desde quién sabe cuándo, sin que nuestra civilización haya sido consciente de ello. O yendo más allá todavía, que nosotros como humanidad seamos un fruto sembrado por ellos.

Y la cosa se complica más aún, cuando en ocasiones, estas entidades dicen traer un mensaje, generalmente para la mejora de la humanidad, y en lugar de exponerlo a nivel mundial, se dedican a utilizar a personas anónimas a modo de «embajadores» o transmisores de ese mensaje.

Y en el contexto del caso del que te voy a hablar hoy, deberíamos incluir una incógnita más en la ecuación, pues este contactado en concreto está estrechamente relacionado con un lugar específico que también deberemos mencionar como «especial», pues sin duda alguna se trata de lo que podemos llamar un lugar de poder. Aunque este hombre ha tenido numerosas experiencias fuera de ese lugar, es allí donde más profusamente ha llevado a cabo la divulgación de su contacto.

A mediados de la década de los 70, en Cataluña, España, un hombre con estudios, un buen trabajo, padre de una creciente familia, y sin ningún interés en estos asuntos que se escapan de lo «normal», tenía una experiencia que cambiaría por completo su visión de la vida. Su hombre, Luis José GrifoI. Nuestro protagonista de hoy.

Un tiempo después, comienza a congregar verdaderas multitudes en un lugar muy concreto en el que son muchas las personas que, durante más de 40 años, aseguran haber visto luces extrañas en el cielo que parecían responder a las preguntas o confirmar las afirmaciones del contactado.

Ese lugar es Montserrat, la montaña Mágica que en si misma necesitaría que dedicásemos varios tés calientes a repasar sus misterios.

De momento, permíteme que te ofrezca uno para que lo disfrutes mientras te hablo de Luis José Grifol, sus experiencias de contacto, y los encuentros de los días 11 de cada mes en la explanada de la montaña de Montserrat.

Nuestro protagonista de hoy nació el 12 de julio de 1944, en la barcelonesa calle San Luis, y sufrió en propias carnes las estrecheces propias de una posguerra.

En poco se diferencia su vida de la de cualquier otro niño de la época.

Quizá hay un momento que llama mi atención, de los que narra en su libro «vivencias de un contactado» en el que explica que un día, mientras esperaba a su madre en el exterior de una tienda, fue intentado robar por una señora que quería llevárselo. Esto fue evitado por su madre, que escuchó sus gritos.

Según afirma Grifol, en esa época se dieron varios casos de niños desaparecidos, supuestamente robados para el aprovechamiento de sus órganos y su sangre. Y que una mujer llegó a ser detenida por ello.

Al leer esto, a mi mente vino Enriqueta Martí, la Vampira de Barcelona, pero su caso ocurrió dos décadas antes de nacer Luis José. Por lo que debe referirse a otro caso, del que no he encontrado información.

También hace referencia en ese tramo de edad de la primera infancia, a dos sucesos que tuvieron lugar en el santuario de Luc, en Mallorca.

Por un lado, se perdió y tuvo la sensación de haber entrado en otro tiempo. Y por otro, se encontró con dos jóvenes, que le propusieron un juego. Él debía sostener entre dos dedos una hoja de boj, y ellos se la arrancarían de un disparo con una escopeta de aire comprimido. Dice que los miró a los ojos y se sintió confiado, por lo que se dejó hacer. Parece ser que el balinazo fue certero.

También asegura que, al volver a Barcelona desde Mallorca, durmió durante 24 horas seguidas.

Poco más digno de reseñar ocurrió hasta que llegó el verano de 1977.

Tal y como siempre cuenta, Luis José estaba en su casa en Montgat, cerca de Barcelona, cenando tras una jornada de trabajo, y viendo la mítica serie de los Roper, cuando sintió una sensación de hormigueo por todo el cuerpo. Él suele compararlo con la sensación de ducharse y no aclararse el jabón. Esta incomodidad debió ser notoria, pues creyendo que iba a ser víctima de algún tipo de ataque, decidió salir al balcón a tomar el aire y reponerse, evitando así asustar a su mujer y a sus hijos pequeños.

Fue entonces, cuando al mirar hacia arriba para observar el estado del cielo, tuvo su primera visión de un ovni: Un fogonazo de luz, que apareció sobre su vertical, y se dirigió a una increíble velocidad hasta casi el horizonte, sobre el mar Mediterráneo, que se contemplaba desde su casa.

Ahí se apagó la luz, pero tras unos instantes, la luz reapareció en el mismo punto donde había desaparecido, y sobre la línea del horizonte realizó un largo desplazamiento hacia la derecha y se volvió a apagar, esta vez de forma definitiva.

Días después, la sensación de malestar se repitió, y relacionándolo con el suceso de las luces, salió al balcón, donde el ovni volvió a aparecer sobre su vertical y a desplazarse velozmente hasta el horizonte, donde se apagó.

Entonces, Luis José no tuvo duda y avisó a su mujer diciéndole: Nieves, ¿Quieres ver un ovni? Y le dijo: ahora aparecerá por allí y se desplazará hacia la derecha.

El ovni se encendió, e hizo el desplazamiento, pero no hacia la derecha sino hacia la izquierda. Demostrando su existencia, a la vez que marcaba una independencia sobre los deseos de Luis José. No estaban allí para obedecer sus órdenes, ni para dar espectáculo.

Nieves, su esposa, era la primera persona de tantísimas que vinieron después, a las que Luis José hacía ver ovnis.

Estos avistamientos de lo que con el tiempo llamaría «naves trazadoras» se vieron acompañados también por clariaudiencias:

Grifol siempre narra que, en una ocasión, estando en la cama, escuchó una voz que le decía cerebralmente: Ohhhh… miiiiraaa… Entonces se levantó, salió a la terraza, y vio un ovni balanceándose sobre el mar.

Tomó fotos de ese ovni, al igual que las tomó del que avistó días después, tras escuchar, también mentalmente mientras estaba en la cama, que la misma voz de la vez anterior le decía: Luuuuiiiiiiiisssssss

Siguiendo el orden de sucesos tal y como tiene costumbre de narrarlos Luis José, posteriormente llegaron las premoniciones.

Comenzó a tener sueños que según él eran imbuidos por los seres, en los que tenía conocimiento previo de sucesos, tales como importantes avistamientos de ovnis o accidentes de aviación. Premoniciones, según él, que eran confirmadas por personas cercanas, con las que compartía dichos augurios.

Grifol suele mencionar como ejemplos de estas premoniciones el accidente del vuelo 610 de Iberia en el monte Oíz (Bizkaia), en 1985. El de los Rodeos (Tenerife), aunque entiendo que se refiere al del vuelo 1008 de Dan Air, accidentado el 25 de abril de 1980, que cayó a unos 20 kilómetros del aeropuerto, con 146 víctimas, y no al que se conoce como accidente de los rodeos, en el que dos aviones chocaron en la pista, ocasionando 583 víctimas. Pues este tuvo lugar el 27 de marzo de 1977, antes de que, en verano de ese mismo año, diesen comienzo las experiencias de Grifol. O detalles tan concretos como el accidente en Islandia de una avioneta española, en el que todos los tripulantes resultaban ilesos.

Se dio cuenta también de que estos ovnis, en ocasiones, respondían a sus peticiones de manifestación en un lugar concreto de la bóveda celeste o corroboraban sus pensamientos, como si los aprobasen o los diesen por buenos. Él lanzaba una hipótesis al aire, y los OVNIS trazaban una línea en el cielo como para confirmarla.

Poco a poco comenzó a intuir que debía buscar un lugar más aislado y solitario para el contacto que el balcón de su casa, y el 11 de marzo del 79, domingo, acudió por primera vez a Montserrat.

En alguna entrevista le he llegado a escuchar, que, en esa primera experiencia en solitario en la montaña, su temor ante lo que pudiese encontrar le hizo llevar consigo una navaja.

La elección de Montserrat como lugar de acercamiento no fue una cuestión aleatoria ni baladí.

El inconfundible perfil del macizo montañoso de Montserrat, nos indica, ya desde la lejanía, que nos acercamos a un paraje especial. Su espectacular silueta de agujas elevándose hacia el cielo con verticales paredes nos transporta a ignotos paisajes en recónditos planetas.

Y cuando ya en las distancias cortas somos conscientes de sus colores, sus recovecos, valles, cuevas, y peculiares formaciones, terminamos de convencernos de que nos hallamos ante un lugar con personalidad propia que emana una energía especial.

Y quizá sea esa energía, esa fuerza telúrica, la que ha hecho que desde muy atrás en la historia, la montaña haya sido lugar de acontecimientos misteriosos y legendarios.

Ya en el año 880 unos pastorcillos vieron durante varios sábados luces en el cielo que descendían y se perdían en un lugar determinado de la montaña. Avisaron al obispo, que los acompañó para ver semejante prodigio con sus propios ojos.

Este decidió buscar el lugar en el que se perdían las luces y la comitiva recorrió la montaña hasta dar con una cueva en la que se halló la imagen de la Moreneta, la Virgen de Montserrat.

Se dice que el obispo quiso llevarse la talla a Manresa, pero entonces la imagen se hizo tan pesada que resultó imposible de mover, por lo que el obispo entendió que la Virgen deseaba quedarse en la montaña, por lo que se construyó una capilla que se convertiría en lugar de peregrinación.

La montaña también ha sido durante tiempo lugar de retiro de eremitas y ascetas, y fue donde redactó sus ejercicios espirituales San Ignacio de Loyola, fundador de la orden de los jesuitas, que parece ser que durante la época que pasó en Montserrat, también tuvo avistamientos de luces extrañas.

En Manresa, cerca de Montserrat, se celebra todos los años la Fiesta de la Llum, de la luz, pues según se cuenta, en 1345 una misteriosa luz proveniente de Montserrat entró a través del rosetón la iglesia del Carmen de dicha localidad, sirviendo como signo divino para la resolución de un conflicto entre el obispo de Vic y los vecinos manresanos, que llevó a la excomunión de todo el pueblo por el paso de una acequia.

Por su compleja orografía, llena de cuevas y recovecos, hay quien sostiene que la montaña está hueca y en su interior alberga un lago subterráneo. El lugar está cargado de fuerzas telúricas que emanan energías casi mágicas.

También se han dado múltiples casos de desapariciones en el entorno.

Y qué decir de la misteriosa visita de Heinrich Himmler, el que probablemente fuese la segunda persona más poderosa de la Alemania nazi después de Hitler.

Himmler visitó la abadía montserratina el 23 de octubre de 1940 buscando el Santo Grial y revisando la biblioteca del monasterio en busca de información sobre leyendas artúricas y místicas.

Con este historial de luces y extraños acontecimientos es evidente que Luis José Grifol no pudo elegir un enclave mejor para sus sesiones de contacto.

 

Ya desde un principio obtuvo resultados en la montaña. Pues recibió confirmación de que estos seres saben dónde se encuentran los espíritus de nuestros difuntos.

Así que tras un periodo de preparación para entender lo que le estaba sucediendo, y cómo funcionaba el fenómeno, el 13 de agosto de 1980, de noche, llevó a Montserrat la primera expedición «para ver ovnis», compuesta esencialmente por conocidos del entorno laboral.

En un principio se situaron en las inmediaciones del monasterio. Pero parece ser que el grupo era ruidoso, y algún monje les debió llamar la atención. Por lo que buscaron para situarse en la explanada que desde entonces hasta hoy en día ha sido lugar de encuentro para quienes suben a la montaña con intención de ver OVNIS.

Con el tiempo, Luis José Grifol decidió oficializar de alguna manera sus subidas a la montaña, pues así quien quisiera podría, libremente asistir a los encuentros. Y encontró conveniente hacerlo los días 11 de cada mes, habida cuenta de que el 11 parecía tener una importante presencia en la casuística ovni de esa zona del Mediterráneo: El 11 del 11 del 79 tuvo lugar el importante caso Manises, y el 11 del 11 del 80, exactamente un año después, las tripulaciones de 7 diferentes vuelos tuvieron encuentros con objetos inexplicables sobre los cielos del noreste español.

Quedaba así establecido que los días 11 de cada mes se realizarían encuentros en la explanada OVNI a los pies de la carretera BP-1103, que bordea la montaña por su cara norte desde Can Maçana hacia la abadía de Montserrat.

Desde que estos encuentros se popularizaron, todo tipo de gente ha acudido a las reuniones. Muchos con el serio interés en ver lo que por allí se cocía, otros con la esperanza de tener vivencias asombrosas, y otros muchos con intención de pasar un rato de cachondeo, acompañado en ocasiones con litros de alcohol y otras substancias estupefacientes.

Curiosamente, Grifol nunca ha renegado en exceso de la presencia de estos grupos díscolos pues asumiendo que su labor consiste en hacer ver, para así abrir la mente de los asistentes, ¿Qué mejor que hacerlo ver a quien acude sin ningún tipo de expectativa?

Por otro lado, según el contactado son muchas las personalidades de todos los ámbitos que incluso de incógnito han participado en los encuentros dirigidos por Grifol, bien en Montserrat, bien en otros lugares, con motivo, por ejemplo, de congresos ufológicos.

Grifol ha sido llamado a dar conferencias en numerosas ocasiones, y quizá la de más enjundia fuese la del 19 de julio de 1983, cuando presentó un informe ante el UFO Study Group de la Cámara de los Lores británica, una entidad presidida por Lord Clancarty. En su ponencia, Grifol habló de sus contactos ovni en Montserrat, y de su comunicación mental-visual. Según sus palabras, «Sólo hay que orientar el radar de la propia sensibilidad en busca de “Ellos” para localizar a lo que él llama Inteligencias del Espacio».

Entre la innumerable cantidad de personas a las que como él dice, «ha hecho ver ovnis», también se encuentran nombres reputados dentro de la ufología, como lo fueron Antonio Ribera o Salvador Freixedo.

Pero quizá el caso más espectacular fue el que vivieron unos jovencísimos Manuel Carballal y Javier Sierra el 23 de junio de 1987. con el primero de ellos estrenando la mayoría de edad, y el segundo aún con 15, consiguieron llevar a cabo una expedición a Barcelona. Visitaron la redacción de Karma 7, la sede del Centro de Estudios Interplanetarios, y entre algunas actividades más, concertaron una entrevista con Luis José Grifol.

Los dos se mostraban escépticos respecto al contactado catalán, sobre todo Carballal, y su idea, originalmente, era destapar un posible fraude, pero Grifol, viendo que se tomaban en serio el fenómeno OVNI, no dudó en llevarlos a Montserrat pese a no ser día 11.

Tras cenar en el Hotel Bruc, los subió a la montaña, realizando algunas paradas por el camino. Grifol vio en algún momento trazos que los chavales no alcanzaron a ver, y esto no estaba sirviendo precisamente para desterrar la idea del fraude, pero alrededor de medianoche se fue formando una niebla, y se veía el reflejo de unos relámpagos, aunque no se veían los relámpagos por ningún lado.  El cielo se fue despejando de nubes, y a las 12:03, al tiempo que Carballal hacía un comentario con respecto a «abrir la mente”, una enorme luz de color blanco muy brillante, con un centro verde esmeralda, con un chisporroteo anaranjado, que aparece de golpe sobre ellos, iluminándoles desde lo que Sierra calcula a una altura inferior a 100 metros. La luz hace un arco en el cielo, y desaparece.

El momento quedó registrado en la cinta magnetofónica que llevaban los chicos.

Los chicos, tras esto, pidieron a Grifol que los volviese a llevar a Barcelona, y los dejase en la estación de Sants, donde esperaron hasta la mañana siguiente para volver a Vinaroz, preguntándose qué habían visto.

Otro fenómeno inexplicable puede ser achacable a algo que ocurriera esa noche. En aquel momento, en la montaña, había 3 cámaras de fotos. La cámara rusa de Carballal, con carrete comprado y revelado en La Coruña, La instamatic de Sierra, con carrete comprado y revelado en Castellón, y la cámara de Grifol, con carrete comprado y revelado en Barcelona. Pues de aquellos tres rollos no salió ni una sola foto. Los tres estaban totalmente velados.

Además de las luces en el cielo, Grifol da un paso más allá, afirmando que esos seres, se encuentran además entre nosotros, tal y como en ocasiones le han manifestado. Por ejemplo, cuando en catalán le dijeron: No digas que no nos has visto, porque nos tienes aquí delante.

También dice que existen humanos, por decirlo de alguna manera, inspirados por ellos, como si fuesen una especie de médiums de los seres superiores. O incluso nacidos de madre terrestre, que tenga un espíritu que no lo es. El contactado pone como ejemplo a Einstein.

A lo largo de los años, Grifol ha recopilado una serie de aseveraciones ante las cuales los supuestos seres han mostrado su aprobación con rotundidad, y que él repite con precisión conservando el mensaje.

Como por ejemplo, que hay dos clases de OVNIS: Los que para nosotros serían supermáquinas construidas con una física que pertenece a otra dimensión, y mucho más importantes que estos, los que son auténticas entidades vivientes, es decir, seres que siendo energías puras se manifiestan lumínicamente y que puesto que dominan la materia, pueden cobrar una apariencia física y son los que dan lugar a toda la milagrería, las supuestas apariciones marianas, los ángeles, y los llamados dioses de la antigüedad. Inspiradores de la mayoría de las religiones del mundo.

Confirman que son los mismos que en el año 880 indicaron a los pastores donde se encontraba la virgen negra.

Y confirman también categóricamente, que el Santo Grial, sea lo que sea, está en Montserrat y que, por encima del Montserrat visible, está el Montserrat espiritual, que han visto, ven y verán los auténticos iniciados.

Y que sea quien sea Jesucristo, la representación del Sagrado Corazón es tiene mucha importancia.

El Génesis está mal traducido, pues realmente dice que los ángeles crearon. Por lo cual ellos son los creadores.

Este y otros mundos son los considerados como «purgatorios» por las religiones, en las que los seres encarnados, arrastrando sufrimiento y fatigas, van adquiriendo brillo espiritual, manteniendo el libre albedrío.

Como ya hemos comentado antes, ellos saben dónde se encuentran los espíritus de nuestros difuntos.

Los OVNIS son el despertador de la intuición humana, en pro de nuestra superación hacia las cotas máximas de que asociamos a la idea de Gloria.

De los componentes esenciales de los humanos, el principal es el espiritual, y nos muestran sus luces para invitarnos a abrir la mente.

De los humanos, sus preferidos son los niños.

Los tripulantes de los ovnis no están sujetos ni al tiempo ni al espacio.

El universo no es tal y como nos lo imaginamos, pues estamos limitados a nuestro concepto de tres dimensiones.

Como te decía, estos son algunos ejemplos de las cuestiones que Grifol da por confirmadas por los supuestos extraterrestres.

Me gustaría recordar que no se trata de que el contactado haya tenido una experiencia de revelación en la que se le ofrezca esa información, sino que el contacto funciona por «confirmaciones” o «negaciones», según la interpretación de los trazos en el cielo en el momento en el que Luis José expone las ideas durante sus «charlas» en la montaña. Ni siquiera se podría llamar telepatía. Es lo que Grifol llama «contacto mental-visual».

 En esta ocasión traigo una novedad para ti, pues, aunque no lo hago habitualmente, en este caso tengo una experiencia personal que compartir contigo. La ocasión en que visité Montserrat un día 11. Fue en septiembre de 2017, y según pude escuchar entonces, Grifol ya espaciaba sus subidas a la montaña, por lo que no tuve la suerte de coincidir con él.

Yo llevaba tiempo pensando: Este señor lleva haciendo ver ovnis a la gente desde el tiempo en el que yo daba mis primeros pasos.  Él tiene ya una edad y cada día aumenta la posibilidad de que deje de subir a Montserrat. Porque se haga mayor, o porque, Dios quiera que tarde muchos años, parta de este mundo.

Así que, aprovechando un viaje vacacional por tierras catalanas, mi acompañante y yo decidimos hacer coincidir la noche del día 11 en las inmediaciones de Montserrat.

Mi plan inicial había sido reservar para hacer noche en el Hotel Bruc, pero quiso el destino que esa noche booking, mi central de reservas de cabecera no dispusiera de plazas. Por lo que nos decidimos por un hostal al otro lado de la montaña. En Monistrol de Montserrat.

Si tomamos un mapa y tomamos como referencia en él el Macizo de Montserrat, la explanada ovni queda al Noroeste. El hotel Bruc al Suroeste, y Monistroll al Noreste.

Allí llegamos casi a las 4 de la tarde, provenientes de Zaragoza, donde cumpliendo otro pequeño deseo, habíamos conseguido pasar una noche en la habitación 510 del Meliá Zaragoza (Antiguo Corona de Aragón), donde se supone que se dan fenómenos extraños. Pero de eso ya te hablé en el episodio dedicado al incendio del hotel.

En fin, que tras llegar a Monistrol de Montserrat y tener la suerte de encontrar a esas horas un sitio donde comer, muy bien, por cierto, nos echamos una pequeña siesta, sospechando que la noche podía ser larga. Al despertar, mientras tomábamos un café en el bar del hostal con el fin de espabilarnos para la aventura, estuvimos charlando con el camarero sobre nuestro plan de esa noche. Y aunque si bien nos dijo que él nunca había visto ovnis, sí que practicaba la meditación, y entre los días 10 y 12, las energías eran especiales.

 Para tener una perspectiva más completa de la montaña, fuimos hasta el punto de encuentro en el hotel Bruc rodeando la cara sur del macizo, y luego por la noche, volveríamos a Monistrol por la vertiente norte.

Llegamos al Bruc, y allí comenzaron un poco a deshincharse mis ilusiones: Había por allí grupillos de gente con pinta de ir a lo mismo que yo. Algunos con pinta de experimentados y otros con aspecto de ser tan novatos como nosotros. He de reconocer que soy una persona tímida y discreta, no demasiado dado a tomar la iniciativa en el contacto social con desconocidos. Pero por lo que pude ir escuchando, últimamente a veces subía y a veces no… Y si ya rondaban las 11 menos cuarto y no había hecho acto de presencia, probablemente ya no lo hiciese.

Llegadas las 11, la gente comenzó a moverse en dirección a los coches para subir a la explanada. A medida que nos íbamos acercando, había un buen número de coches aparcados en los arcenes.

Pese a ser lunes, y pese a la ausencia del contactado, la parroquia era numerosa y de todo tipo.  Solitarios con pinta de estudiosos de la materia, algún grupo familiar que abarcaba 3 generaciones, parejas curiosas, los miembros de un grupo de investigación ufológica y paranormal, algunos colegas, como decía la canción de Mecano, bebiendo, fumando y sin parar de reír…

Pensándolo a posteriori, pienso que no hicimos nada que no estuviera haciendo otra gente, pero sabiendo lo que ahora sé, puedo decir que hicimos mal todo lo que se podía hacer mal:

En previsión de que pasaríamos allí un buen rato, fuimos pertrechados con unas banquetas plegables, plantamos allí un trípode con una cámara grabando el cielo por si «cazábamos» algo, y durante la espera echamos algún cigarrito, pues en aquel entonces yo todavía fumaba.

Cuando esas 3 cosas, según Grifol no son del agrado de los que «gobiernan los ovnis»: Esperarles sentados, fumar (por lo menos nosotros fumábamos sólo tabaco) e intentar cazarlos en grabaciones.

La climatología era benévola. Aunque había viento, el cielo estaba despejado en un 85 o 90%, y personalmente no llegué a pasar frío.  Además, rondando las 12 de la noche apareció la luna, haciendo una espectacular entrada en escena desde detrás de unas nubes.

Al no encontrarse allí Luis José Grifol, y no centrar la atención del personal, cada cual iba a su bola, formándose diversos corrillos, en los que se comentaban pasados avistamientos, y vivencias varias.

También se desarrollaban teorías, sobre cosas de los cielos (qué era lo que se veía) y sobre cosas mundanas (que Grifol andaba pachucho y ya era mayor, y por eso no subía a la montaña)

¿Qué decir sobre las hipótesis que oí? Pues diré lo de siempre: Negar la existencia de los ovnis no es de incrédulos, sino de no informados. Los ovnis como tales existen sin lugar a duda. Pero al respecto a las teorías sobre qué es un ovni, solo puedo decir que puede ser una cosa, otra, o todas, o ninguna.

Hay tanta variedad de fenómenos, circunstancias y elementos que se engloban dentro de las siglas ovni, que es imposible encasillarlos todos dentro de una misma causa. Y como de momento no podemos asegurar ninguna de esas causas, pues entonces dejarían de ser ovnis para pasar a ser otra cosa, todo lo que manejamos son hipótesis. Y mientras sean hipótesis, tienen la misma validez unas que otras.

Y así fue pasando el tiempo, y poco a poco la gente fue desalojando. A eso de la una y media, ya solo quedábamos 7 u 8 personas en la explanada, y nos pusimos a charlar. El diálogo fue discurriendo de una forma natural, y finalmente quedamos divididos en dos grupos:

Por un lado, un corrillo en el que quizá estaban más centrados en el contenido espiritual del fenómeno y en su aspecto más metafísico y filosófico y en el que nos juntamos mi acompañante y yo junto a un tercer compañero, que también visitaba el lugar por primera vez, y que nos centramos más en la cuestión física de los avistamientos. Acabamos intercambiando teléfonos para enviarnos videos y noticias interesantes. Recuerdo que este chaval estaba muy interesado en la física cuántica.

Y dándole al palique, nos dieron las cuatro y cuarto de la mañana. Hora en la que decidimos que había que ir levantando el campamento.

Respecto a los cielos, podemos afirmar que no vimos nada. ¿O sí?

 Durante nuestra charla, en varias ocasiones vimos una especie de flashazos detrás de la montaña. Aunque había muy pocas nubes sobre nuestras cabezas, sí que se veía nubosidad a lo lejos, por lo que dedujimos que podían tratarse de alguna tormenta lejana. La verdad es que eran bastante fuertes, haciendo que los que estaban de espaldas a la montaña viesen el reflejo iluminando la cara de los que estábamos de frente a la montaña.

La cuestión es que, al volver al hotel, por la otra cara de la montaña, no vimos ni un solo rayo que pudiera justificar los resplandores que habíamos visto momentos antes.

Otra curiosidad, es que esa noche dormimos poco. Alrededor de 4 horas. Pero no sé si debido al silencio, o a la «magia de la montaña», puedo asegurar que me desperté con la sensación de estar totalmente descansado, y que esa había sido una de las noches en las que mejor había dormido en toda mi vida.

Reconozco que a mi experiencia personal le faltó el ingrediente principal: Luis José Grifol.

Tiempo después le escuché decir que había tenido un sueño premonitorio. Él se encontraba en una colina, caminando por un camino, y un grupo de jóvenes bajaba por el camino, y él se hacía a un lado para dejarles paso. Posteriormente tuvo confirmación con un trazo muy fuerte de que ese sueño había sido imbuido por ellos, y que el significado era que debía dejar paso a las nuevas generaciones.

De esto, y por lo que leo en Internet y en Redes Sociales, intuyo que las noches de los días 11 en Montserrat ya no son lo que eran. 

Atrás quedaron aquellas ocasiones en las que incluso los cuerpos de seguridad se desplazaban a la zona para organizar el tráfico, debido a la alta afluencia de gente. En un par de ocasiones, se llegaron a juntar más de 10.000 personas. 

Y a estas alturas, tras revisar un buen montón de artículos, ver horas de videos de entrevistas, grabaciones en la montaña de Montserrat, audios, literatura… Sigo manteniendo las mismas dudas e incluso alguna más que cuando empecé…

La primera, y supongo que la misma que tiene cualquiera es: ¿Qué son esos trazos en el cielo? ¿Son estrellas fugaces? ¿Meteoritos? Podría ser… Pero ¿Cómo entonces aparecen precisamente en la zona celeste que insinúa Grifol? ¿Y por qué, tal y como relatan los testigos, realizan virajes, se detienen, se apagan y se vuelven a encender, hacen recorridos «de ida y vuelta», se cruzan…? ¿Y de qué estrellas fugaces estamos hablando cuando nos referimos a experiencias con luces mucho más cercanas?

Pensemos por un segundo que se trata realmente de las «supernaves» que menciona el contactado, o de las mismísimas entidades, seres de luz, energías puras… Si realmente son tan poderosos como para ser inspiradores de las grandes religiones, las apariciones marianas, los ángeles… ¿Qué les impide mostrar al mundo su verdad en lugar de hacerlo a tan pequeña escala? ¿Si la respuesta es “mantener nuestro libre albedrío”, por qué entonces no se esconden del todo y nos advierten de su existencia a traves de ese señor?

Un señor, que, por cierto, afirma que con todo esto no ha hecho ningún negocio.

Alguien con formación empresarial con una trayectoria laboral en comercio exterior de multinacionales, como profesor mercantil y como organizador de sistemas informáticos, que siempre dice que antes se moriría de hambre que ganar un céntimo con esto de los ovnis. Porque dice que la verdad ni se compra ni se vende.

Alguien que dice que él nunca ha organizado una secta, ni un grupo, que en Montserrat no se pasa lista ni se cobra entrada.

Para mi tiene mucho peso escuchar a alguien como Manu Carballal, al que no le ha temblado el pulso por decir cuando lo ha considerado que tal caso tiene tal explicación, o que tal caso es un montaje, decir como lo hizo en la rosa de los vientos, que esa noche junto a Grífol y Javier Sierra pasaron cosas a las que no encuentra explicación por mucho que haya intentado buscársela. Aquella luz, los carretes, una grabadora que él quiso utilizar a escondidas y que no funcionó, y por la que después le preguntó Grifol, que en alguna ocasión ha dicho que vio una luz en las manos de Carballal, como avisándole de que estaba escondiendo algo.

Pensándolo fríamente, si las afirmaciones que plantea Grifol fuesen demostrables, sería un torpedo en la línea de flotación de todos los sistemas de creencias en la tierra, pues esos seres estarían absolutamente por encima de todos ellos.

¿Realmente está vinculado Luis José Grifol a un fenómeno luminoso, que sea lo que sea, se comporta con una inteligencia que va más allá de lo aleatorio, reaccionando a sus peticiones del tipo «solicito un trazo de abajo a arriba entre tal y tal estrellas»?

 

¿Cabe la posibilidad de que sea el propio Grifol el que genere los fenómenos? Una especie de telequinesia, o algún tipo de proyección energética, tipo hechizo perículum… Eso suena casi tan fantástico como la posibilidad de un contacto real con seres ajenos a lo humano.

Si las experiencias de Grifol han tenido lugar también en lugares diferentes a Montserrat, ¿hemos de desvincular este fenómeno de todos los otros sucesos relacionados con luces de los que se habla en la zona?

Por otro lado, romper ese vínculo es difícil, teniendo en cuenta que se viene hablando fenómenos muy similares desde hace siglos, a los que se ha ido dando diferentes explicaciones, místicas, religiosas, …

¿Tienen sentido las reuniones de Montserrat sin él, que es el que ha hecho de catalizador o guía del fenómeno todos estos años? ¿A qué se refiere Grifol con «las nuevas generaciones»? ¿Habrá un relevo en ese sentido? ¿Un nuevo contactado? ¿O pasarán a ser simples «alertas ovni» con más o menos afluencia, pero sin un hilo que garantice su continuidad?

A estas interrogantes y a alguna más que se me ocurre, yo no tengo una respuesta.

Solo puedo darte un consejo. Reflexiona, consulta, bebe información de todas las fuentes que puedas. Y si puedes, investiga. Quizá así puedas desvelar el factor enigma que descifra este caso.

Yo, por mi parte, ahora debo dejarte. Vuelve cuando quieras, que estaré encantado de recibirte y contarte más historias.

Por lo demás, te recuerdo que, si tienes algo que contarme o quieres dejarme tu opinión sobre el caso, puedes hacerlo a través Facebook, Instagram, Twitter, Telegram y por supuesto de los comentarios y la comunidad de Ivoox. Suscríbete a este podcast para estar al día cuando publique nuevos episodios y no olvides darle al me gusta, para que así, este humilde curioso sepa que estás ahí y siga contándote cosas.

Te deseo que hasta nuestro próximo encuentro seas feliz, y que jamás dejes de maravillarte ante el misterio.