Fecha de publicación: 22/Febrero/2022
Duración: 01:15:14
En 1966, en plena guerra fría, un bombardero B-52 de EEUU perdió 4 bombas termonucleares sobre un pueblecito de Almería. Secretismo, ocultación, mentiras, vecinos tratados como conejillos de indias, ausencia de responsabilidad… En ocasiones las teorías de la conspiración se vuelven realidad.
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¡Hola, qué tal! ¡Muchas gracias por volver a visitarme! Como siempre te doy la bienvenida a este pequeño rincón, donde entre libros, documentos, legajos, y cajones llenos de pruebas y objetos asombrosos, repaso junto a ti los más misteriosos sucesos.
Hoy me he levantado con el modo conspiracionista encendido, y me he puesto a revisar un asunto del que es bastante posible que hayas oído hablar, sobre todo si vives en España, pues se puede considerar un momento clave en la historia reciente del país.
Desde entonces ha transcurrido poco más de medio siglo, pero son momentos que la mayoría recuerda en blanco y negro y con sintonía de NODO. Sobre todo, porque quizá y solo quizá, la que llegó a ser la imagen emblemática de este suceso, la que permanece en el imaginario colectivo, es un fragmento de apenas unos segundos en el noticiero propagandístico del régimen de Franco.
Creo que esta es la primera ocasión, desde que vienes a visitarme, en la que no vamos a hablar de ovnis, asesinos, ni fenómenos extraños. Pero sí que vamos a tener muy presente un tópico bastante recurrente en estos asuntos del misterio: ¿Nos ocultan cosas los gobiernos? Evidentemente, con este caso en la mano, la respuesta sólo puede ser un rotundo sí. ¿Las razones? Varias. Y las iremos viendo poco a poco. Personalmente creo que las dos principales son: Mantener una ventaja tecnológica, económica o estratégica con respecto a otras naciones, y esconder la basura debajo de la alfombra.
Además, en este caso son dos los Gobiernos que están interesados en mantener a la población al margen de sus juegos de guerra: El de Lyndon Baines Johnson, trigésimo sexto presidente de EEUU y Francisco Franco Bahamonde, caudillo de España.
Y no creas que cuando hablo de juegos de guerra estoy haciendo algún símil o metáfora. Estoy hablando de que lo que se intentó ocultar fue, hablando en plata, una cagada bien gorda que se cometió durante aquella demostración mutua de poder entre rusos y americanos que se vino a llamar «Guerra fría».
Perdón por la expresión, pero es la primera descripción que me sale del hecho de que a la que se supone una de las dos mayores superpotencias mundiales, se le caigan 4 bombas termonucleares sobre el territorio amigo de un aliado que le está brindando tránsito por su espacio aéreo y bases para su armada y su fuerza aérea en tierra. Y la cosa se complica si dos de ellas se rompen y dejan escapar su radiactivo contenido.
Es un tema delicado, pues al margen de las cuestiones geopolíticas, hoy en día, en ese lugar sigue viviendo gente: Personas que trabajan el campo y quieren vender sus productos, personas que viven del turismo y son conscientes de que la palabra «contaminación radiactiva» no es muy atractiva para el turista. Y oficialmente es un área segura, y los habitantes dicen que no pasa nada. Pero, por otra parte, el gobierno tiene zonas valladas y expropiadas por el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas, para evitar que se transite o se remuevan esas tierras.
¿Te apetece que hablemos de todo esto? Pues toma asiento y acomódate mientras te preparo una taza de té caliente. No tardo nada en volver y te cuento los sucesos ocurridos el 17 de enero de 1966, que se vinieron a llamar el «accidente de Palomares».
Creo que antes de entrar de lleno en el incidente ocurrido en Palomares, de los sucesos y de sus consecuencias, convendría explicar el contexto en el que se produjeron los hechos. Pues se daban circunstancias concretas, tanto a nivel global, como local, que marcaron el devenir de los acontecimientos.
Si hay un concepto que marcó las relaciones internacionales, las ideologías, y las alianzas militares desde la posguerra de la segunda guerra mundial a mediados de los 40 hasta la disolución de la URSS, ya empezados los 90 es el de Guerra Fría.
Se trató del enfrentamiento político, económico, social, ideológico, y militar entre el bloque Occidental (Capitalista), cuya principal fuerza eran los Estados Unidos y el bloque del Este (Comunista) liderado por la Unión Soviética.
Fueron tiempos de alta tensión, con momentos de crisis, bloqueos y conflictos bélicos como el de Corea. También de alianzas, como la OTAN. O de grandes gestas propagandísticas, como la Carrera espacial.
Pero probablemente la seña de identidad de la guerra fría era la amenaza constante entre bloques, debida a la proliferación del armamento nuclear. La cosa se convirtió en una competición para ver, y perdóname la expresión, quién la tenía más gorda.
Los misiles de largo alcance equipados con cabezas nucleares apuntando de un bloque a otro, con capacidad de borrar un país del mapa en apenas unos minutos, sin apenas tiempo de reacción, llevaron incluso a la creación de la doctrina MAD, en español Destrucción Mutua Asegurada. ¿Qué significa esto?
En el momento que una de las potencias detectase que estaba siendo atacada con armamento nuclear, estaba lista para lanzar un contraataque de similares o superiores características: 1 +1 = 0
Lo que de un vistazo podría entenderse como un «morir matando», era en realidad un método disuasorio muy importante, pues cada país sabía que, si atacaba, iba a aniquilar al enemigo, pero como consecuencia, iba a ser aniquilado. Y esto segundo no le venía bien a nadie…
Este juego de la «Destrucción mutua asegurada» tendrá, como veremos, importancia en los sucesos que hoy te quiero contar.
A un nivel más local, España se encontraba inmersa en plena dictadura franquista. Fuera de la OTAN, y aislada del conjunto de Europa y de la ONU por haber colaborado con la Alemania nazi durante la segunda guerra mundial, enviando a la División Azul al frente contra la Unión Soviética.
Pero a finales de los años 40, ya en plena Guerra Fría, cuando se dio la ruptura entre los mundos Capitalista y Comunista, Estados Unidos contempló la ubicación de España como puerta del Mediterráneo.
Podría decirse que se fueron limando asperezas. La ONU revocó sus sanciones a España, y volvieron a Madrid los embajadores occidentales. Se permitió que España participase en algún organismo de la ONU y finalmente se admitió su pertenencia en 1955.
Respecto a los acuerdos con Estados Unidos, esos se firmaron en 1953. A cambio de material bélico y ayudas económicas, España cedía a EEUU terrenos para que estableciesen bases militares en territorio español.
Aunque sobre papel, las bases estarían bajo soberanía conjunta española – estadounidense, por un acuerdo que permaneció en Secreto durante muchos años, en la práctica EEUU podía hacer y deshacer lo que quisiera en esas bases, sin pedir permiso ni dar explicaciones a España. Lo cual incluía el paso o incluso el almacenamiento en territorio español de arsenal nuclear.
Estas bases fueron Morón, Zaragoza y Torrejón de Ardoz como bases aéreas y la de Rota como base naval. Además de alguna instalación secundaria como los Escuadrones de Vigilancia Aérea, comunicaciones, polvorines, depósitos… Hasta 13.000 efectivos estadounidenses fueron destinados en España de forma permanente, y cabía la posibilidad de destinar más si era necesario.
A cambio, Estados Unidos modernizó parte del equipamiento del ejército español con material de segunda mano por un valor de 456 millones de dólares, y concedió créditos por 1500 millones de dólares para comprar productos estadounidenses como algodón, carbón y alimentos. Probablemente el mayor beneficio que sacó España de su alianza con EEUU fue que el aislamiento al que estaba siendo sometida, comenzó a desaparecer, abriéndose al comercio exterior, y por supuesto, al turismo.
Antes hablábamos de la destrucción mutua asegurada.
El SAC de Estados Unidos (Comando aéreo estratégico) desarrolló entre 1960 y 1968 una operación, denominada Chrome Dome, destinada a mantener en el aire, cerca de las fronteras de la unión soviética, 24 horas al día, 7 horas a la semana, un número suficiente de aviones bombarderos, para que, en caso de desatarse la tercera guerra mundial, estos penetrasen de inmediato en territorio enemigo, bombardeando objetivos estratégicos.
Imaginemos que el bloque comunista lanza un ataque nuclear contra Estados Unidos, incapacitándolo para responder al ataque desde su territorio. Estos aviones en el aire serían los encargados de devolver el golpe. Solo tenían que confirmar la orden de ataque recibida y activar las bombas con los códigos secretos que se encontraban en una carpeta de cada aeronave. Cada misión conocía los objetivos a los que debía dirigirse en caso necesario.
Para ello, existían dos rutas para acercarse a la URSS por el flanco europeo: la norte, por Groenlandia, y la sur, por la zona del mediterráneo: Turquía y el adriático. Los aviones cruzaban el atlántico, y en el caso de la ruta Sur, que es la que nos incumbe, repostaban a la ida y a la vuelta sobre territorio español.
La misión que desencadenó el accidente de Palomares implicaba a los B-52 con nombres en clave Tea 12 y Tea 16. Concretamente el bombardero que se accidentó, el Tea 16, con matrícula 58-256, volaba con la siguiente tripulación:
Capitán Charles J. Wendorf, 29 años 2.638 horas de vuelo y una meteórica carrera.
Copiloto: Primer teniente Michael J. Rooney 25 años
Tercer Piloto: Mayor Larry Gordon Messinger. Este era el que mayor experiencia de vuelo tenía (5.053 horas), habiendo participado en combate en la 2ª GM y en la guerra de Corea. No volaba habitualmente con esa tripulación.
Navegante Radar: Mayor Ivens Buchanan, 34 años. Su misión era localizar la posición, definir los rumbos, y en caso necesario, localizar los objetivos y pulsar el botón que soltaba las bombas.
*Operador de Guerra electrónica: Primer teniente George J. Glessner
*Artillero: Sargento Ronald P. Snyder
*Navegante: Primer teniente Stephen S. Montanus
En el vuelo previo, la aeronave presentó un problema con una de las radios, y la avería de un transmisor de la presión del aceite, por lo que el despegue se realiza con un ligero retraso sobre las 22:00 Z en la Base Aérea «Seymour Johnson», en Goldsboro, Carolina del Norte.
El primer reabastecimiento se realiza sin problema al noroeste de Zaragoza tras cruzar el atlántico.
Para el repostaje, el bombardero se aproxima al cisterna por atrás/debajo.
El operador de la manguera, desde su posición, puede observar si el bombardero se acerca correctamente, según rumbo y velocidad, y en caso contrario, abortar la maniobra.
Aunque Tea 16 notifica que su sistema de piloto automático no es capaz de mantener el rumbo con precisión, ni la altitud exacta todo parece correcto. La manguera se acopla al bombardero, y los dos aviones comienzan un patrón de vuelo circular sincronizados durante el tiempo que dura el repostaje, que acaba a las 06:15 zulú .. Carga 181.605 litros de combustible, lo cual le da el alcance suficiente como para poder llegar a un radio de 5.800 kilómetros y regresar. Suficiente para una incursión hasta las entrañas de la zona enemiga en caso de ser necesario.
La ruta que siguió en la misión no está del todo confirmada, pero por el tiempo invertido en ella, lo más probable es que llegase a las aguas internacionales del Mar Adriático, frente a Yugoslavia.
Poco después de las 9:00 Z los B-52 estaban llegando de vuelta a la península ibérica, esta vez por el sureste.
Aquí se encontraron nuevamente sobre las costas de Almería con dos aviones KC-135 cargados de combustible. Los B-52 llevaban JP4 suficiente para el viaje de vuelta. Pero la operativa de la misión requería que repostasen, por si ya en el camino de regreso, la situación bélica cambiaba y tenían que darse la vuelta, para nuevamente, dirigirse a bombardear territorio soviético.
Los responsables de reabastecer a los B-52 habían despegado una hora antes de la base de Morón de la Frontera.
Concretamente, el que estaba encargado de repostar al Tea 16, cuyo nombre en clave era Troubadour 14 estaba tripulado por:
Comandante: Mayor Emil J. Chapla de 45 años.
2º: Capitán Paul R. Lane, de 35 años.
Navegante: Capitán Leo E. Simmons, de 27 años.
Y el Sargento Mayor Lloyd G. Potolicchio, de 41 años, encargado de la operación de la manguera de repostaje.
Igual que la primera, esta maniobra de repostaje consistía en que el bombardero se aproximase por detrás y por debajo del cisterna, igualando sus velocidades, y manteniendo equiparadas sus alturas. Entonces el operador de la manguera observaba desde su puesto la aproximación del bombardero, y si esta era correcta, desplegaba el brazo de la misma, encajándolo en el receptáculo del bombardero. De lo contrario, abortaba el repostaje.
Inmediatamente comenzaba el reabastecimiento. Para ello, los dos aviones comenzaban a volar totalmente sincronizados en un patrón circular de 18 km de radio durante los más o menos 15 minutos que duraba el proceso.
Está claro que no es una operación sencilla y que hace falta estar al 100% para evitar cualquier tipo de problema. Por ello, el Capitán del B-52, Charlie Wendorf, ya cansado, solicitó al piloto de reserva, el Mayor Larry Messinger que asumiese el mando de la nave, mientras él se situaba en la posición del copiloto.
Esto no suponía en principio ningún problema, ya que, de hecho, Messinger tenía más experiencia en repostaje que el propio Wendorf.
La aproximación de Missinger al avión cisterna, fue un poco más rápida de lo habitual, pero el operador de manguera no dio orden de abortar.
No quedó del todo claro si fue que la manguera golpeó el fuselaje del B-52, o fue que debido a algún otro fallo el B-52 golpeó al KC-135, pero los supervivientes aseguran que escucharon un fuerte estruendo, luego la descompresión súbita de la cabina, y que el avión se escoró a babor. Tras hacer uso de los sistemas de eyección para abandonar la nave, una enorme explosión.
El avión cisterna, no poseía sistema de eyección en los asientos, por los que, tras la deflagración de 63.000 litros de combustible, todos sus tripulantes fallecieron atrapados.
Respecto a la tripulación del bombardero, Larry Missinger, fue el primero en eyectarse. No siguió el procedimiento de dar la orden de abandonar la nave, por lo que cada cual obró por su propia intuición. Al descender con su paracaídas fue arrastrado por el viento y cayó en el mar, consiguiendo desplegar la balsa hinchable.
El Capitán Wendorf también se eyectó, e igualmente fue arrastrado por el viento hacia el Mediterráneo, donde también desplegó su balsa hinchable. Durante la eyección se golpeó en una mano y sufrió la ruptura de los huesos del antebrazo.
El Navegante Radar Ivens Buchanan, Salió despedido al eyectarse su asiento por la trampilla situada bajo sus pies. Pero falló el sistema que posteriormente debía separarlo a él del asiento, y él tampoco lo consiguió manualmente, por lo que finalmente cayó al suelo haciendo un tirabuzón con el paracaídas mal desplegado, por lo que acabó seriamente lesionado.
El copiloto Michael J. Rooney no disponía de eyección en su asiento, por lo que aprovechó la trampilla abierta de Buchanan, para como buenamente pudo, saltar del avión, haciéndose cortes en las manos y uno más profundo en un glúteo.
Debido al viento, también acabó cayendo al mar. No disponía de balsa, por lo que sobrevivió gracias al chaleco salvavidas.
Estos fueron los cuatro supervivientes del accidente.
Por su parte, el teniente Stephen S. Montanus consiguió eyectarse, pero no pudo separarse del asiento ni abrir el paracaídas, por lo que cayó a plomo, aplastándose las vértebras. No murió inmediatamente, sino que dio tiempo a que llegase el cura de Palomares a darle los últimos sacramentos.
El artillero Ronald P. Snyder y el teniente George J. Glesner, el oficial de guerra electrónica, fallecieron al no poder eyectarse. Sus escotillas, en la parte superior del avión, no se abrieron, posiblemente debido a daños estructurales causados por el choque con la manguera o con el fuselaje del avión cisterna.
Otros cuatro elementos cayeron del avión equipados con un paracaídas, en este caso gris, por motivos tácticos. Se trataba de las 4 bombas Mark-28.
No eran bombas nucleares. Se trataba de bombas de hidrógeno o termonucleares, cargadas con plutonio, y con una potencia varias veces superior a la de las primeras bombas nucleares, como las utilizadas en Hiroshima y Nagasaki.
Hasta ahora hemos hablado de lo que ocurría en el cielo aquel 17 de enero de 1996. Ahora hablaremos de lo que ocurría a ras de suelo en aquel punto geográfico en el que aquella mañana comenzaron a llover piezas de avión ardiendo.
Palomares era en 1966 una pequeña pedanía que ni siquiera aparecía en los mapas. Perteneciente al municipio de Cuevas del Almanzora, junto al río del mismo nombre.
Un área encajonada entre las sierras de Herrerías, las Algarrobinas y la Almagrera, y con salida al mediterráneo, lo cual atempera el clima, templando los inviernos y suavizando los veranos. Quizá más tarde entremos en concretar las condiciones climáticas, a la hora de establecer como se distribuyó la contaminación radiactiva.
Palomares era una zona de casas más o menos dispersas, sin relevancia histórica, asentamiento de gentes dedicadas a la agricultura, que había notado algo de crecimiento a mediados del siglo XIX debido a la aparición en la zona de una veta de minerales de plata.
Sencillas construcciones, en las que la luz eléctrica no llegó hasta 1952, y el agua corriente hasta 1985. Cuando cayeron las bombas, en Palomares había 2 furgonetillas Citroën 2 caballos y algunas motos.
Una barriada pobre, en el contexto de una España ya de por sí, empobrecida.
En 1966 el número de habitantes de era de unas 1200 personas. Decreció en los 70 y actualmente ronda los 1800.
Otra zona de Cuevas de la Almanzora que sufrió con el impacto de las bombas fue Villaricos, un humilde poblado de pescadores. Esta pedanía costera asentada en la margen izquierda de la desembocadura del Almanzora y a los pies de la rica en minerales sierra Almagrera, sí que había sido históricamente relevante para griegos, fenicios, cartagineses y romanos. Cuando decae la actividad minera, Villaricos centra su precaria economía de subsistencia en la pesca.
La explosión fue vista por los habitantes de la zona desde tierra y mar, e incluso fue vista desde el aire por un pequeño helicóptero Bell 47 de la I escuadrilla de helicópteros de la marina española, que se desplazaba desde Cartagena hacia la base de Rota.
Aunque el miedo atenazó en un primer momento a los palomareños, ya que los restos de los aviones tras la deflagración caían sobre sus cabezas, el pequeño milagro de Palomares fue que 150 toneladas de escombros no causaron ningún daño personal, pese a que fueron grandes trozos de fuselaje, parte de los planos, o incluso el tren de aterrizaje, los que cayeron sobre el pueblo, llegando a hacerlo incluso a pocos metros de la escuela, llena de niños.
Tras la impresión inicial, algunas personas, con una mezcla de curiosidad y afán por ayudar, se pusieron a buscar a posibles supervivientes.
Fue el caso del anteriormente mencionado helicóptero, que inicialmente aterrizó junto al cauce seco del Almanzora, donde había caído un gran fragmento de la cola del B-52.
En ese lugar no había ningún superviviente, pero si la ametralladora de 4 cañones del avión y su correspondiente munición, por lo que los jóvenes tenientes Jose Antonio Balbás y Emilio Erades, buscaron un guardia civil que la custodiase.
Los civiles de la zona les explicaron que habían visto paracaídas cayendo hacia la zona del mar, por lo que despegaron y se dirigieron a realizar un rastreo aéreo de esa zona.
Fue así como ayudaron localizando a Larry Messinger, y marcando el lugar de su ubicación al pesquero «Agustín y Rosa», cuyo patrón era Alfonso Simó, aún a riesgo de quedarse sin combustible.
Otra sencilla embarcación pesquera, el «Dorita», patroneada por Bartolomé Roldán, al ver caer los paracaídas, se dirige en esa dirección y consigue rescatar a Charles Wendorf, que tiene un hombro dislocado, que se le recolocó al ser izado al barco, y a Michael J. Rooney, que tiene una importante herida sangrante en un glúteo. Con cinta aislante y estopa, el patrón consigue hacerle un apaño mientras se dirigen apresuradamente a puerto.
El «Manuela Orts», a instancias de su patrón, Francisco Simó, se dirige a la zona donde han visto caer un paracaídas de color gris. No consiguen encontrar ningún resto en superficie. Un tiempo después se aclarará que el paracaídas que persiguió no correspondía a ningún superviviente.
Los tres supervivientes son llevados al puerto de Águilas, donde reciben los primeros auxilios y posteriormente evacuados al hospital militar de la Base Aérea de Torrejón, en Madrid.
En cuanto a Ivens Buchanan, que cayó en tierra firme sin poderse separar de su asiento y con problemas a hora de desplegar el paracaídas, sufrió fractura y daño severo en las vértebras cervicales, además de quemaduras. Tras ser inicialmente asistido, se le vio tan mal que llegó a serle administrada la extremaunción, y tras esto, fue llevado en la Citroën 2 caballos del hijo del alcalde a la cínica de Jacinto González, en Vera, donde, por cierto, tuvo lugar una curiosa anécdota.
Debido a la gravedad aparente de Buchanan, este fue trasladado sin siquiera soltarle el paracaídas. Al llegar a la clínica, este fue depositado en un almacén, en el patio.
Por la zona debía haber un gato, al que como a todo buen mixino, le gustaba dormir cómodamente, y el tejido del paracaídas le debió parecer un buen sitio. Lo malo es que casualmente, al día siguiente, el gato apareció más tieso que la Sra. Norris. ¿Fue la radiación lo que mató al gato? Pues yo voy a pensar que no, sobre todo porque el paracaídas se desplegó en el aire, alejado de las bombas, que liberaron su contenido al caer al suelo y romperse.
Es decir: El paracaídas tenía la misma posibilidad de estar contaminado, que cualquier cosa que esa mañana hubiese estado a la intemperie.
Los cuerpos del resto de tripulantes, por cuyas vidas nada se pudo hacer, fueron apareciendo poco a poco y en diferentes estados de destrucción. En esos días los habitantes de palomares vivieron imágenes difíciles de olvidar.
Pero entre los escombros había 4 elementos más: Los más peligrosos de todo este asunto. Y probablemente lo peor de todo es que en un principio, la población civil e incluso las autoridades españolas, desconocían realmente las características del armamento que cargaba el bombardero.
4 bombas termonucleares de hidrógeno, de 1.100 kilotones, es decir, 1.100.000 toneladas de TNT. La bomba de Hiroshima tenía una potencia de 16 kilotones, y 21 la de Nagasaki.
Aunque la capacidad destructiva del armamento nuclear depende de muchos factores, como si explota en altura o en superficie, los vientos, etcétera, Imaginemos que, a pesar de los dispositivos de seguridad, por lo menos una de ellas hubiese estallado. En tal caso, cabe la posibilidad de que hubiese generado una explosión en cadena de las otras tres.
El entonces vicepresidente del gobierno español, el Capitan General Agustín Muñoz Grandes, hizo una «gracieta» que, aunque exagerada, podría ser muy gráfica, cuando le dijo al representante de los EEUU elegido para informarle: «Así que poco más y nos ponen ustedes una playa en Madrid…»
La verdad es que este escenario de una cuádruple explosión total de las bombas hubiera sido algo absolutamente terrible. Quizá este fue el segundo milagro de Palomares: Que las bombas no hubiesen explotado.
Lo cierto es que estaban equipadas con mecanismos suficientes para que no se iniciase la reacción en cadena termonuclear si no se activaba previamente de una forma explícita.
Lo que sí explotó en dos de las cuatro bombas debido al impacto fue el explosivo convencional encargado de la detonación inicial de la bomba. Lo cual hizo que dos de los artefactos se rompieran y dejaran salir al medio ambiente su temible carga de plutonio. El plutonio, al ser pirofórico, ardía formando aerosoles de dióxido de plutonio, que eran llevados por los vientos.
Vamos a referirnos a las bombas numerándolas como hicieron oficialmente, es decir, por el orden en el que su localización fue confirmada por las fuerzas estadounidenses. Y digo que su localización fue confirmada, porque en realidad, aunque parte de su labor en un primer momento era encontrar las bombas, estas (excepto la cuarta) ya habían sido encontradas por los civiles españoles, que llevaban ya horas sobre el terreno.
La bomba Nº1, al igual que los supervivientes, fue arrastrada por el viento hacia la costa al abrirse el paracaídas. Cayó a 300 metros de la playa. Con una velocidad de caída de 143 Km/h solo sufrió abolladuras, y no hubo fuga de radiación.
La que fue denominada como Bomba Nº2 fue localizada cerca del cementerio. Se trataba de una de las dos que habían explotado debido a la fuerza de la caída, con una velocidad estimada de 357 Km/h.
La Bomba Nº3, que cayó dentro de la barriada, a unos 100 metros de la casa más cercana, también se hallaba destrozada. Se estima que cayó a 247 Km/h y su contenido radiactivo también se fugó al ambiente.
Encontrar la Bomba Nº4 se hizo un poco más complicado, y se demoraría 80 días, pues había caído al mar.
Ha llegado el momento de hablar de las primeras reacciones de los dos gobiernos implicados en el asunto: El español, pues suyo era el territorio, y el de los estados unidos, pues suyos eran los aviones siniestrados.
Desde el helicóptero español que había presenciado en la distancia el momento de la explosión, se declaró la alerta de emergencia, por un accidente de aviación, aunque no saben exactamente de qué aviones se trata. Pocos minutos después del aviso, dos aviones Junker del ejército español sobrevolaban la zona.
No tardarán mucho en darse cuenta de que los protagonistas del accidente han sido dos aviones estadounidenses y pasan la información a sus superiores. Siguiendo la cadena de mando, la información no tardó en llegar al Generalísimo Franco.
Por otro lado, desde la otra pareja de aviones repostando, el Trobadour 10 y el T2a-12, informan inmediatamente a la base de Morón (Sevilla), que a su vez informa a la sede de la XVIª Fuerza Aérea de los EEUU en la base de Torrejón (Madrid), y a la base de Seymour Johnson, en Carolina del Norte.
Estos aviones sí que son conscientes de lo que ha ocurrido, quienes son los implicados, y qué viajaba en las bodegas del B-52, por lo cual declaran «Broken Arrow». En español, flecha rota. Ese es el nombre en clave para un accidente en el que hay implicado armamento nuclear.
El gobierno español solo necesita sumar que dos más dos son cuatro, para intuir que el bombardero accidentado podía llevar dentro armas nucleares, y por eso informaron de inmediatamente a la JEN, la Junta de Energía Nuclear, que era la encargada de la investigación e implementación en España de la tecnología atómica. En un principio para uso civil y energético, aunque con la intención secreta de que el país dispusiese de armamento nuclear.
Si tienes interés por este asunto, que también tiene mucha miga, te recomiendo que busques información sobre el Proyecto Islero. No vamos a entrar en él porque nos desviaríamos mucho del asunto que estamos tratando.
Las confirmaciones oficiales de que los aviones iban nuclearmente armados por parte de estados unidos a España llegan por dos cauces:
Militarmente, el jefe del Estado Mayor y vicepresidente del Gobierno, el teniente General Agustín Muñoz Grandes fue informado por Stanley J. Dónovan, jefe del grupo militar conjunto de los estados Unidos.
Civilmente, Angier B. Duke, embajador de los EEUU informó al ministro de exteriores, Fernando María Castiella.
La respuesta por parte del gobierno español fue proveer de la ayuda que le fuera posible, tanto civil como militar, para la gestión del problema.
Ya por la tarde, comienzan a llegar al entorno de Palomares los primeros militares estadounidenses: El Equipo de Control de desastres, algunos oficiales como el antes mencionado Stanley J. Dónovan, y el General Delmar E. Wilson.
Lo esencial una vez comprobado que no había heridos y rescatados los cuerpos de las víctimas (aunque posteriormente siguieron apareciendo restos), era recuperar las bombas. proteger el secreto de la tecnología made in USA de posibles filtraciones al enemigo soviético.
Además, también era importante recuperar material sensible como la carpeta con los códigos de órdenes y de las bombas, o elementos tecnológicos clasificados de los aviones.
Y para este cometido fueron utilizados incluso los militares no especializados que se habían desplazado hasta allí, como los del departamento jurídico.
Encontraron la BOMBA Nº1, pero como ya estaba oscuro, se decidió postergar el desarmado de la misma hasta el día siguiente. Se dejó un guardia custodiándola.
Un guardia civil les alertó entonces de que habían encontrado algo como un torpedo con un paracaídas.
Al dirigirse allí encuentran un cráter de unos 6 metros de diámetro y tres de profundidad. Y en su interior, los restos de lo que más tarde se confirmaría como la Bomba Nº2.
Se dejó a un guardia civil custodiando los restos. Se dice que este guardia, conocido como «José el Gallego», ante el frio de la noche, decidió cobijarse con el paracaídas a modo de manta.
Comenzaba a ser evidente que el personal necesario para retirar los restos y dejar la zona limpia y descontaminada iba a ser mayor del que hasta ahora se había desplazado a la zona.
Esa primera noche, los militares fueron acogidos en la escuela, en el cine, y en las pensiones de Vera y Cuevas de Almanzora.
Al día siguiente llegaron a Palomares otro equipo de Control de desastres, un grupo de especialistas en seguridad nuclear y armamento de la dirección de seguridad nuclear y de la Junta de accidentes nucleares. Militar la primera y civil la segunda. También miembros del EOD, que se encargan de la desactivación de artefactos explosivos.
Además, llegaron equipos de comunicaciones, pues el teléfono más cercano a Palomares estaba a 15 Km, en la población de Vera. Además, en esa época las llamadas no eran «marcar y listo», sino que la llamada debía pasar por centralitas, esperar a que te dieran línea… en fin, que no eran líneas «seguras».
El EOD se encargó de la desactivación de la Bomba Nº1.
Respecto a la bomba Nº2, se confirmó que había deflagrado el explosivo convencional, provocando que, de 4 a 6 kilos de plutonio, quedasen expuestos. Como he mencionado antes, el plutonio ardió súbitamente al entrar en contacto con el aire, generando un aerosol de dióxido de plutonio, que, según la orografía del terreno y las condiciones climáticas, debió alcanzar entre 300 y 1000 metros de altura.
Posteriormente los estadounidenses fueron guiados hasta la Bomba Nº3 que también se encontraba en un cráter de 6 metros de diámetro y uno de profundidad. También había estallado el explosivo convencional, y también se había producido la inflamación del plutonio, que probablemente habría sido dispersado a gran distancia.
Desde estados unidos nunca se confirmó la cantidad exacta de plutonio que cargaban las bombas, pero es probable que entre 7 y 11 Kilos de plutonio fuesen expuestos entre las dos bombas rotas.
¿Esto es mucho?
Buscando documentación escuché, no recuerdo ahora en que documental, que lo naturalmente estimado en un volumen de la extensión de España por dos metros de altura, era de 1 gramo de plutonio.
He de decir, por si lo desconocías, que, en la naturaleza, el plutonio solo existe en trazas. y normalmente se obtiene como subproducto resultante de la fisión nuclear en los reactores.
Lo «menos malo» es que la radiación que emite el plutonio es mayoritariamente del tipo Alfa. Que tiene muy poca capacidad de penetración. De hecho, una hoja de papel puede detenerla. Pero es peligrosa si el plutonio se inhala o se ingiere.
Aunque es posible que buena parte de ese plutonio acabase siendo llevado por el viento al mar, las primeras lecturas de radiación alfa en el cráter y alrededores daban lecturas muy altas. Saliéndose incluso de la escala de 2 millones de cuentas por minuto.
Se confirmaba que las labores de limpieza y descontaminación iban a ser arduas, y la cuarta bomba seguía sin aparecer.
Debido a esto comenzó a nacer el Campamento Wilson, pues se bautizó con el nombre del General al cargo del mismo.
Acabó convirtiéndose en una pequeña ciudad que a finales de enero llegó a albergar a 775 personas, sin contar la guardia civil que en los primeros días venía de todos los pueblos de la zona, con toda la logística que esto suponía.
Tantas manos norteamericanas salieron de donde pudieron encontrarlas, incluso de personal no esencial de las bases. la banda de la base de Torrejón, militares de oficina, …
En los primeros días más de 200 personas se centraban en la búsqueda por tierra de la bomba desaparecida. Otras 200 se dedicaban a retirar los restos de los aviones accidentados, y realizar el mapa radiométrico de la zona para decidir la estrategia a seguir para la descontaminación.
El accidente y todo este movimiento de tropas atrajeron de inmediato el interés de la prensa.
Evidentemente ninguno de los dos gobiernos implicados veía con buenos ojos que se hablase de bombas nucleares perdidas y rotas…
El estadounidense, porque deseaba absoluto secreto sobre su arsenal, y por otro lado no quedaba bonito reconocer que iba dejando caer bombas sobre territorio amigo…
Y el español porque no quería espantar al incipiente turismo, por una parte, y por otra no quería que el miedo a lo nuclear se instaurara en la población, cuando estaban dando pasos para la instauración de la energía nuclear en el país.
El gobierno español echó mano de todas las herramientas de las que disponía la dictadura para controlar los medios dentro de su territorio, pero la prensa internacional tuvo conocimiento desde el día 20, gracias al periodista de United Press André del Amo, de que en palomares se habían accidentado dos aviones, y uno de ellos llevaba 4 bombas termonucleares…
El mismo día 20 de enero, la bomba recuperada intacta y los restos de las dos que se habían roto, fueron enviadas en camiones a la Base de S. Javier, y de ahí en avión a Torrejón, donde fueron preparadas para ser enviadas de vuelta a EEUU, hacia donde partieron el día 30. En unas instalaciones en Amarillo (Texas) las bombas fueron estudiadas y analizadas.
También el día 20 llegaba a Palomares la Junta de Energía Nuclear. Llevaban consigo dos colectores de polvo ambiental. Los análisis realizados indicaban que en general, los niveles de radiación en el ambiente no hacían necesaria ninguna evacuación. Sólo en el caso de las mediciones realizadas a menos de 100m del lugar de caída de las bombas que se rompieron, se centuplicaba el nivel del umbral de seguridad.
Las pocas casas que se encontraban dentro de esos límites no fueron oficialmente evacuadas. Simplemente se dijo a sus habitantes que no podían volver a ellas, hasta que estas fueron limpiadas y re-encaladas.
Quizá la mayor eminencia en recalar en Palomares fue el doctor Wrigh H. Langman, conocido como Mr. Plutonium. Había trabajado en el proyecto Manhattan que supuso la creación de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, y actualmente era jefe de investigación biomédica en el laboratorio nuclear de Los Álamos.
Era un científico con una gran reputación, pero a mi modo de ver, no deja de ser un equivalente norteamericano al Doctor Menguele de los nazis.
No en vano, como posteriormente se supo, suyo fue el proyecto de inyectar plutonio a personas sanas, enfermos terminales e incluso embarazadas, para estudiar las consecuencias y cuánto tardaba el cuerpo en eliminar el peligroso elemento.
Su presencia estaba planificada, por un lado, para pactar con los expertos españoles, que lo admiraban como científico, las pautas de descontaminación a seguir.
Su objetivo era conseguir que España transigiese con el mayor nivel posible de radiación, para que así, las tareas de descontaminación fuesen lo más rápidas y baratas que fuese posible.
Por otro lado, de una forma más discreta, de evaluar las opciones de considerar Palomares como un enorme laboratorio en el que recabar datos a largo plazo de las consecuencias del plutonio en personas, terreno, agricultura, ganadería… Y del propio comportamiento del plutonio liberado al medio ambiente.
Respecto al primer objetivo de Mr. Plutonium, los americanos se cuidaron bien de no ofrecer ningún informe en el que los niveles de radiación fuesen de riesgo. Por ejemplo, realizando los muestreos de aire en días sin viento, en los que el plutonio se asentaba en el suelo, en lugar de suspenderse en el aire, se conseguía que el aire pareciese «limpio»
Y si en algún momento había signos evidentes de contaminación grave, como por ejemplo en muestras de orina de la gente de la zona, se decía que las muestras se habían contaminado con el aire.
Estas contradicciones parecían no preocupar al gobierno español, preocupado también en dar carpetazo cuanto antes al asunto.
En cuanto al terreno, se tardó una semana en empezar a realizar el mapa de radiación. Se denominaron 5 zonas diferenciadas:
La zona 1, donde se halló la primera bomba
La zona 2, al oeste de palomares, donde apareció la segunda
La zona 3, al este de palomares, donde apareció la tercera
La zona 5, en el centro, entre la 2 y la 3
y la zona 6, al este del río y al norte de Villaricos, en la Sierra Almagrera.
Respecto a las lecturas realizadas, con los años se vio que habían sido realizadas muy a la baja por los norteamericanos, llegando incluso a falsearlas manipulando los detectores PAC-1S.
Los técnicos de la Junta de Energía Nuclear poco podían hacer, pues tenían orden directa de no contradecir a los americanos.
Los primeros acuerdos a los que se llegó el 2 de febrero con respecto a la contaminación comprendían los siguientes puntos:
1) Buscar un lugar con las condiciones adecuadas para construir una fosa en la que enterrar suelo contaminado y otros restos
2) Que esa fosa fuese construida con todas las medidas de seguridad necesarias para la protección de la Salud pública.
3) Los cultivos y plantas silvestres con lecturas superiores a 200 cuentas por minuto serían arrancados y llevados a la fosa enterrados y descompuestos con cal.
4) Los huertos frutales serían lavados con agua para eliminar la contaminación
5) Tras la retirada de los cultivos y lavado de los frutales, dependiendo de los niveles del terreno, se procedería de la siguiente manera:
- a) suelos con más de 7000 cuentas por minuto, serían retirados y depositados en el vertedero. Serían después repuestos con tierra fértil.
- b) suelos con cuentas por minuto entre 7000 y 700 serían humedecidas y aradas hasta obtener mediciones inferiores
- c) suelos con menos de 700 cuentas por minuto serían regados hasta bajar los niveles.
- d) Las monitorizaciones se seguirían haciendo con el contador PAC-1S.
Pero los norteamericanos continuaron rascando hasta conseguir rebajar los requisitos. Negociaron llevarse los residuos más peligrosos fuera de España, mientras que el límite de suelos que debían ser retirados se rebajaba. Así quedaron finalmente:
1) Suelos por encima de 60000 cpm, serán retirados y sacados de España
2) Suelos entre 700 y 60.000, serán regados y arados
3) Suelos por debajo de 700 serán regados
4) Se permiten suelos por debajo de 10.000 cuando no se puedan aplicar las medidas.
5) Cultivos con lecturas superiores a 400 cmp serán arrancados para ser enviados a EEUU
6) Todas las cosechas con niveles por encima de 700cpm y vegetación con menos de 400 cpm serán quemadas.
El depósito permanente que iba a ser construido en un principio con altas medidas de seguridad se descartó al ofrecerse los EEUU a llevarse las tierras contaminadas. Y las fosas, ya excavadas, se mantuvieron como depósito temporal.
Para finales de marzo ya se había retirado o arado los terrenos, y reparado canalizaciones, acequias, vallas, … Solo faltaba llevarse los residuos y devolver oficialmente los terrenos a sus dueños.
Para ello se pidieron 5.500 barriles de 208 litros.
4.810 barriles zarparon en un barco el día 24 de marzo hacia su destino final: el cementerio nuclear de Savannah River, en Carolina del Sur. En total algo más de 1000 metros cúbicos. De los cuales aproximadamente 1 tercio eran restos de vegetación y dos tercios tierra.
Los restantes 690 barriles quedaron en paradero desconocido.
Ahora vamos a echar cuentas…
Si cogemos el mapa original de radiación, hay más o menos 29,49 hectáreas con un nivel de 60.000 cpm o más.
Si ponemos que se ha retirado una media de 7 cm de tierra… El cálculo es sencillo. 20.643 metros cúbicos.
Algo falla.
Vamos a ir repartiendo el pastel.
dos tercios de mil son 667 metros cúbicos que se llevaron a EEUU
los bidones cuyo paradero se desconoce equivaldrían a otros 96m
Supongamos que rellenaron las fosas que supuestamente eran para el almacenamiento temporal y que no se protegieron ni sellaron, con tierras altamente contaminadas. una de unos 1000m3 y otra de 3000m3
Sumando todo esto, nos da que tenemos más o menos localizados 4763 m3 de tierras… ¿Y los 15880 m3 restantes?
Simplemente, no se recogieron.
Tras todo esto, se entregó un documento a cada propietario, asegurando que sus terrenos habían sido descontaminados y eran seguros.
En este estado de las cosas, como ya he comentado antes, se plantea una nueva posibilidad en el horizonte.
Impulsado por el Dr. Lagham, Mr. Plutonium, El Dr. John Hall, de la comisión de la Energía Atómica, plantea a Otero Navascues, presidente de la Junta de la Energía Nuclear, la posibilidad de ampliar el acuerdo de cooperación para usos civiles de la energía atómica que EE.UU. y España tenían firmado desde 1957. Para ello le ofrece llevar a cabo un proyecto de investigación a largo plazo en la zona de Palomares con el siguiente plan:
1) recopilación de información sobre la absorción y retención de plutonio y uranio en un número representativo de un grupo de población potencialmente expuesto a la inhalación de aerosol de óxido de plutonio.
2) Medición y fluctuaciones temporales y estacionales en las concentraciones de plutonio en el aire sobre una zona agrícola contaminada por óxido de plutonio que haya sido sometida a procesos de descontaminación
3) Mediciones de los niveles de contaminación por absorción de las plantas debido a la dispersión por tierra o viento de los productos agrícolas en una zona contaminada sometida a procesos de descontaminación.
4) Estudios sobre la migración y redistribución temporal del óxido de plutonio en la tierra descontaminada por una profunda excavación como resultado de los continuos cultivos y la erosión.
Ofrece a la Junta de la Energía Nuclear la dirección de las investigaciones, y que la Comisión de la Energía atómica les ayude con asesoramiento técnico y facilitando acceso a material difícil de conseguir para la JEN, a cambio de compartir la información.
Esta colaboración conjunta será aceptada por la Junta de Energía Nuclear, y será denominada Proyecto Índalo.
Y mientras esto ocurría, además de la descontaminación y limpieza, con mayor o menor eficacia, y con mayor o menor respeto a los acuerdos a los que se había llegado con el gobierno español, los estados tenían otro quebradero de cabeza: la Bomba nº 4 seguía sin aparecer.
Ni las batidas a pie, ni desde el aire, ni la consulta a ingenieros que conocían la geología del lugar, por si la bomba había podido caer y de alguna manera «enterrarse”, habían dado resultado. Solo cabían dos posibilidades: Que el explosivo convencional de la bomba hubiese explotado en el aire, y se hubiese desperdigado a trozos, o que hubiese caído al mar.
Para el 23 de enero ya se había encomendado a la VIº flota la creación de la Fuerza Especial 65. Al cargo de la operación se sitúa al Contralmirante William S. Guest. La constitución de la Fuerza no se completó hasta el 17 de febrero. A partir de entonces podemos considerar que comenzó la verdadera búsqueda por mar de la Bomba Nº4
34 buques, 4 minisubmarinos, 3 vehículos no tripulados y más de 3.400 personas.
Desde la Fuerza Especial 65 se establecieron 4 áreas de búsqueda. Una basada en los restos hallados en la costa. (alfa II) dos áreas (Bravo y Charlie) calculadas por ordenadores, y la que se denominó ALFA I, que fue la señalada por el pescador Francisco Simó, en la que había visto caer un paracaídas de color gris.
Lo primero que se hizo fue decretar una zona de exclusión, para evitar que la bomba pudiese caer en manos indeseadas.
Sin ir más lejos, del 17 de febrero al 2 de marzo, se dejó ver por las cercanías de Palomares un pesquero soviético que habitualmente se encontraba en la zona de la base de Rota, interceptando comunicaciones.
Debido a esta restricción de navegar por la zona, los pescadores de Villaricos no pudieron salir a faenar.
Por si fuera poco, que los agricultores de palomares no pudiesen cultivar sus campos, los pescadores no podían salir a pescar. La hambruna estaba servida, y las indemnizaciones, para el que las cobró, tampoco fueron muy boyantes.
Con los sistemas disponibles de sonar se localizaban lo que podrían ser objetos extraños en el fondo, y luego, dependiendo de la profundidad, la comprobación visual era asignada a submarinistas, escafandristas o unos u otros minisubmarinos.
Confiando en la tecnología, la búsqueda, lenta y dificultosa comenzó en la sección ALFA 2. No se dio prioridad ni demasiada confianza a la zona indicada por Francisco Simó. Y eso que le montaron en un buque y le dijeron: Guíanos al sitio. Y este lo hizo hasta en dos ocasiones, utilizando el sistema de triangulación visual con la costa que llevaba practicando durante toda su vida de pescador.
Finalmente, el 1 de marzo el submarino Alvin pasó por esa zona y sus ocupantes vieron un surco en el fango que les pareció sospechoso.
Llevaron a la superficie la foto del mismo. Desde el Equipo de sistemas de análisis Bill Barton se puso en contacto con el Contralmirante Guest, y le comunicó que debían investigar ese lugar. Pero Guest, le dijo que nanai, y que iba a seguir haciendo las cosas a su manera. Su cabezonería le costó que la bomba no fuese encontrada hasta mediados de marzo.
En ese intervalo de tiempo, tuvo lugar un acontecimiento que en el imaginario popular ha quedado como la estampa más reconocible de los sucesos de Palomares.
Aunque finalmente no había sido posible evitar tener que informar sobre los artefactos nucleares, en el entorno local, se había conseguido cierto control sobre la información y sobre el daño a la imagen de la zona, no sucedía lo mismo de cara al exterior. El incipiente turismo se podía ver seriamente dañado.
Sobre todo, después de que algunos periódicos británicos hablaron de contaminación en la costa de Almería, Murcia y Valencia, desaconsejando viajar a esas zonas.
A la esposa de Angier B. Duke, que se encontraba preocupado por las consecuencias del accidente, como exjefa de relaciones públicas de una conocida marca de refrescos que no es la Coca-Cola, se le ocurrió una genial estrategia de marketing, que quedaría grabada en la mente de todo el mundo.
¡Un baño en las aguas de Palomares para evidenciar que aquellas playas eran seguras!
Este comentó la idea con Manuel Fraga Iribarne, ministro de Información y Turismo, y así se gestó el famoso baño de Fraga.
Un baño que en realidad fueron tres para el embajador.
El primer baño fue frente al parador de Mojacar. Allí había quedado el embajador con el ministro a las 9:30 de la mañana, para el baño. Pero tras esperarle media hora y que Fraga no apareciese, Duke se bañó por su cuenta.
Fraga apareció en helicóptero en Palomares a las 11 menos cuarto de la mañana, y se dirigió con su comitiva al Campamento Wilson, en la playa de Quitapellejos.
Casi a la 1 del mediodía apareció en la playa Fraga, equipado con su bañador, dispuesto a darse el baño. Entonces, el embajador, a todo correr, pidió un bañador a uno de los buzos que estaba por allí, y se metió al agua con Fraga.
Cuando estaban saliendo del agua tras el baño, apareció por allí en bañador el teniente General Antonio Llop Lamarca, jefe de la Región Aérea del Estrecho, así que hubo que repetir el baño.
Pasaron frio, pero lo cierto es que el objetivo estaba conseguido. En los días siguientes, la imagen fue portada en la prensa internacional y local.
Se dice que nadie en el pueblo, salvo el alcalde de Villarico, y el alcalde pedáneo de Palomares con su hijo, vio bañarse a Fraga, y que el baño fue un paripé. Pero lo cierto es que el campamento Wilson tenía el acceso muy restringido.
Continuando con la búsqueda de la Bomba Nº4, el día 12, el submarino Alvin volvió a la zona asignada y volvió a encontrar la huella. La siguió, descendiendo por una pendiente, y entonces vieron los restos del paracaídas que envolvía algo que no podían identificar, a 777 metros de profundidad
Cuando quedó claro que era la bomba, se dispuso todo para izarla a la superficie, pero el cable se partió y la volvieron a perder.
La bomba volvió a estar perdida hasta el día 2 de abril que fue nuevamente localizada, a 120 metros de la ubicación anterior, a una profundidad de 853 metros.
El 7 de abril la bomba es nuevamente izada, y en esta ocasión rescatada.
El día 8 la Bomba Nº4, rescatada entera, con alguna abolladura debida a la presión, era mostrada a la prensa.
Volviendo al proyecto Índalo, a partir de ese momento la JEN mejorará exponencialmente su equipamiento y establecerá un programa de seguimiento médico y radiológico de parte de la población, así como la realización de mediciones ambientales y análisis de productos agrícolas y animales de la zona.
Curiosamente, cuando hay resultados positivos en alguna de las pruebas, desde los laboratorios del CEA siempre se tiende a decir que son falsos positivos debidos a errores de equipos, o contaminaciones cruzadas.
La colaboración entre EEUU y España pasó por mejores y peores momentos, dependiendo de quién estuviese al mando en cada una de las agencias. La Comisión de energía atómica pasó a ser la ERDA, y después la DOE, el Departamento de Energía. También algunas funciones de la Junta de Energía Nuclear fueron asumidas por el Consejo de Seguridad Nuclear en 1980 y oficialmente la JEN pasó a llamarse CIEMAT
Hablar de todas las vicisitudes de estas relaciones sería extendernos, hay varios desplantes económicos, ocultamientos de información de los estadounidenses…
La Junta de Energía Nuclear, por su parte tampoco fue ejemplo de transparencia. Siguiendo las pautas indicadas por los americanos para evitar reclamaciones judiciales, no facilitaban ningún tipo de información que pudiese utilizarse para vincular la radiación con alguna patología.
Por eso, por ejemplo, ninguno de los vecinos que se desplazaba hasta Madrid para las revisiones médicas y radiológicas recibía ningún tipo de informe, ni podían consultar su historial clínico, hasta que en 1985 plantaron cara y se negaron a ir a los reconocimientos hasta que les fuesen entregados los informes, sintiéndose conejillos de Indias.
Ese mismo año, la JEN admitía por primera vez la persistencia de contaminación radiactiva en Palomares.
En los 80 se construyen dos balsas para regadío junto al cementerio, en una de las áreas más contaminadas sin que la junta (ese año pasó a llamarse CIEMAT) ni nadie diese la alarma por la dispersión de plutonio causada por la remoción del terreno.
Ya a finales de los 90, se realiza una especie de auditoría interna del proyecto Índalo, el Programa de Revisión de Palomares sobre las gestiones realizadas, y se pone sobre la mesa lo mal que se realizó la descontaminación, los altos niveles de radiación, las fosas…
Hasta mediados de los 80, las mediciones de radiación en el terreno se habían realizado en los puntos que recomendaron desde el Centro de Energía Atómica. (Evidentemente, no los más contaminados, pues no eran listos los americanos ni nada…) Pero entonces deciden realizar mediciones por su cuenta en la Zona 2, donde cayó la bomba Nº2, y se dan cuenta de que las lecturas son muchísimo mayores de lo que se supone que debían ser. del orden de un 400% más.
No se sabe por qué, esta información se queda dormida en un cajón hasta que en el año 2000 el CIEMAT la saca a la luz y suenan todas las alarmas.
En los primeros años del nuevo milenio se conjugan los astros para que, en coordinación de las entidades científicas y políticas, se establezca la necesidad de crear un nuevo mapa de la radiación existente en la zona, en esta ocasión tridimensional y veraz, y llevar a cabo las medidas necesarias como expropiaciones para impedir el uso de los terrenos con niveles de contaminación peligrosos. El plan de investigación energética y medioambiental en materia de vigilancia radiológica.
Al realizar las mediciones necesarias para el nuevo mapa de contaminación, cuando gracias al uso de un georradar se descubrió que las dos fosas habían sido llenadas con tierra altamente contaminada.
Entre 2008 y 2011 se procede a la expropiación y posterior vallado de las zonas restringidas.
En mayo de 2010, el Centro de Seguridad Nuclear da el visto bueno al plan de rehabilitación de Palomares, que contempla un cribado de más de 50.000 metros cúbicos de tierra para separar 6000 metros cúbicos estimados de residuos altamente contaminados que deberían ser trasladados a un sitio seguro para dejar palomares definitivamente limpio.
Ahora el tejado está en los políticos, y en conseguir que EEUU asuma sus responsabilidades, que en 2011 tenían un presupuesto estimado de 31 millones de euros.
Mientras tanto, otra sombra se cierne sobre Palomares.
Con el tiempo, el plutonio se va transformando en Americio, que además de radiación alfa, emite radiación gamma, que es mucho más penetrante y difícil de mantener a raya.
Esperemos que esa limpieza llegue pronto.
Antes de terminar me gustaría hablarte de una persona que no te he mencionado.
En esta historia de Palomares hay nombres que permanecerán ahí para siempre, como el de Paco el de la bomba, o Pedro Sánchez, el maestro, o Milagros, su mujer…
Gente de la zona. O Militares, o políticos, o científicos…
Pues bien, una mujer, Luisa Isabel Álvarez de Toledo, Duquesa de medina Sidonia, grande de España, apodada «La duquesa roja» por sus ideales democráticos y su oposición al franquismo se plantó en Palomares para ayudar a la población a descubrir lo que realmente ocurría, no dejarse pisar. y reclamar sus derechos.
Escribió artículos, consiguió abogados que representasen a los vecinos, médicos, e incluso organizó una marcha-manifestación a Madrid, por la que fue detenida y condenada a un año de cárcel.
Si a Fraga le pusieron una calle en Palomares, la duquesa quizá también la merezca.
Y hasta aquí a grandes rasgos los sucesos acontecidos en Palomares… A mí en esta ocasión, también me surgen algunas dudas, aunque tengo que reconocer que tras todo lo que he leído sobre el tema, se me han resuelto unas cuantas…
En general no soy una persona conspiranoica, … pero he llegado a comprender que los gobiernos son maquinarias que tienen marcados unos objetivos, y en ocasiones, los medios no importan. Y para esto no voy a entrar en dictadura o no dictadura. En este caso, tanto EEUU como España dijeron a sus soldados y a sus ciudadanos, respectivamente: ¡No pasa nada! ¡No hay riesgo!
EEUU por muy democrático que sea, se preocupó muy mucho de que ninguno de sus hombres, ninguno de los que recogió restos posiblemente contaminados a mano desnuda, tuviese pruebas utilizables en un juicio para reclamar una indemnización por haber desarrollado un cáncer por haber participado en la descontaminación de Palomares.
Y España, por muy grande que fuese, según la propaganda del régimen, no dudó en bajarse los pantalones y permitir que ese veneno quedase sin limpiar sin decir ni mu, por no contradecir a los americanos, pues su despegue económico estaba en juego.
A los Estados Unidos no le importó un pimiento dejar ese legado que contaminará y será peligroso miles de años, a pesar de que los habitantes de Palomares, lo primero que hicieron fue ir a ayudar como pudieron a los americanos que casi los matan cayendo sobre su pueblo.
Y al gobierno de España no le costó demasiado mirar para otro lado cuando continuó permitiendo que de facto EEUU, siguiese haciendo y deshaciendo prácticamente a su antojo sin dar explicaciones.
Y pensándolo fríamente puedo entender esto, si veo a un país como una gran empresa, o como una corporación que protege sus intereses.
Pero a nivel individual, ¿Cómo puede dormir por la noche alguien sabiendo que está poniendo en juego la vida de toda esa gente para poder recopilar datos de cómo les afecta la radiación? ¿O cómo puedo dejar a un hombre custodiando lo que soy consciente de que puede ser un arma nuclear rota que ha dejado expuesto su material radioactivo?
¿Por qué todo lo que tiene que ver con accidentes nucleares ha estado siempre envuelto en secretismo y falta de transparencia?
¿Dónde están los 690 barriles que no se llevaron a EEUU?
Respecto a la situación actual, yo entiendo que la gente de Palomares desee vivir con normalidad, y vender los productos de sus campos, y que sus casas se vendan al mismo precio que en otros lugares de la costa mediterránea.
Pero lo que tampoco me cuadra es que si el viento, o la lluvia, pueden mover las partículas radiactivas… ¿Por qué no puedo plantar tomates a un lado de una valla, y sí al otro lado, a medio metro de ella?
Por otro lado, leyendo entre líneas hay muchas cosas que podrían ser extrapolables a la situación actual, cambiemos radiación por virus, en la que en más de una ocasión hemos podido intuir que poderes, gobiernos, expertos, científicos, y la sociedad en general ha ido dando palos de ciego, intentando adaptarse a una situación nueva que se iba modificando día a día. Unos pensando en el bien común, otros intentando sacar tajada del asunto, otros desconfiando, y otros dejándose llevar por la corriente…
Imagino que, con el tiempo, veremos el hoy con perspectiva, y sabremos en qué acertamos, en qué nos equivocamos, quién jugó limpio, quien tuvo intereses oscuros…
A estas interrogantes y a alguna más que se me ocurre, yo no tengo una respuesta.
Solo puedo darte un consejo. Reflexiona, consulta, bebe información de todas las fuentes que puedas. Y si puedes, investiga. Quizá así puedas desvelar el factor enigma que descifra este caso.
Yo, por mi parte, ahora debo dejarte. Vuelve cuando quieras, que estaré encantado de recibirte y contarte más historias.
Por lo demás, te recuerdo que, si tienes algo que contarme o quieres dejarme tu opinión sobre el caso, puedes hacerlo a través Facebook, Instagram, Twitter, Telegram y por supuesto de los comentarios y la comunidad de Ivoox. Suscríbete a este podcast para estar al día cuando publique nuevos episodios y no olvides darle al me gusta, para que así, este humilde curioso sepa que estás ahí y siga contándote cosas.
Te deseo que hasta nuestro próximo encuentro seas feliz, y que jamás dejes de maravillarte ante el misterio.