Fecha de publicación: 21/Enero/2022
Duración: 52:43
Durante 4 años pudo cometer 15 crímenes para dar rienda suelta a sus fantasías. Después, pragmáticamente se deshacía de los cuerpos. Impunemente, sin levantar sospechas. Hasta que un día, las tuberías se atascaron…
Recordemos la historia del asesino de chicos, Dennis Nilsen.
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¡Hola, me alegro de que hayas venido! ¡Muchas gracias por volver a visitarme! Como siempre te doy la bienvenida a este pequeño rincón, donde entre libros, documentos, legajos, y cajones llenos de pruebas y objetos asombrosos, repaso junto a ti los más misteriosos sucesos.
Espero que hoy vengas con el estómago preparado, pues el caso que hoy te traigo es de esos que te lo revuelven.
Una vez más, abandonamos el mundo de los fenómenos paranormales y los ovnis, para centrarnos en el oscuro mundo del misterio de las personas que acaban dedicando su vida a arrebatar la de otras personas: Los asesinos en serie.
¿Son individuos con mecanismos en el cerebro que por decirlo de alguna manera «fallan»? ¿Es una patología física? ¿O se trata de una cuestión psicológica o de conducta?
Y de ser así, ¿Son características de la personalidad innatas o inducidas por el entorno en el que la persona se desarrolla y vive?
¿Es quizá una mezcla de varias circunstancias la que provoca que algunas personas decidan prescindir de esa frontera que nos marca el tabú del «no matarás»?
También hay quien simplemente achacaría este tipo de actitudes a la presencia en el mundo de algo más etéreo y espiritual a lo que podríamos llamar «el mal». Un punto de vista casi filosófico o incluso teológico según el cual, para que exista el bien, debe existir su antítesis.
Quizá poco a poco resolvamos alguna duda en cuanto a estas cuestiones…
Recurriremos para ello a un famoso asesino en serie que actuó en el Reino Unido. Y no, no me estoy refiriendo al caso de los casos, al archiconocido Jack el Destripador, sino a uno casi un siglo posterior.
Lo cierto es que Londres, una ciudad tan enorme y tan llena de gente que va y viene, es un lugar perfecto para que las andanzas de un criminal de este tipo pasen desapercibidas.
De hecho, en el caso que vamos a tratar hoy, los crímenes no fueron descubiertos tras la denuncia de una desaparición, sino por un atasco en unas tuberías.
¿Te apetece el tema?
Pues bien, ¿Qué te parece si tomas asiento en ese sofá mientras te preparo una taza de té caliente? Creo que es lo más apropiado si nuestro caso de hoy transcurre en tierras inglesas.
Enseguida vuelvo y te presento a nuestro protagonista de hoy: Dennis Nilsen.
Dennis Nilsen. Un señor inglés de un aspecto normal, tirando a gris y anodino. Funcionario que trabaja en una Oficina de Empleo. Propietario de una perra llamada Bleep con la que daba largos paseos. Vive en el número 23 de Cranley Gardens, un ático destartalado alquilado a través de una inmobiliaria en Muswell Hill, un barrio londinense de clase media.
Hasta el mismo día de su detención, nadie podía suponer que aquel señor, tan normal, aún sin cumplir los 40 años, ya había dado muerte a 15 o 16 muchachos.
¿O sí? Probablemente había indicios, pero la policía había hecho oídos sordos…
Tengo dudas sobre por dónde empezar la historia. Si por su infancia o desde el momento en el que comenzó con su vida criminal. Pensándolo bien ya que hablamos de un descuartizador vayamos por partes y comencemos la historia desde el principio.
La gran mayoría de datos que tenemos sobre Dennis, «Des» para los amigos en sus primeros años de vida Son los recopilados por él en sus notas y diarios durante su estancia en la cárcel. Por lo cual no sería de extrañar que se tratase de información adulterada o incluso inventada por el propio criminal para justificar sus actos.
El abuelo materno de Dennis, Andrew Whyte, había sido buscador de minas en la primera guerra mundial. Un guapo y joven suboficial naval, según la descripción que hacía su nieto de una fotografía. Este, junto a su mujer, tuvo 3 hijos: Andrew, Betty, y la pequeña Lily. Betty, la madre de Des, se casó con Olav Magnus Moksheim, soldado que había escapado de la Noruega ocupada por los nazis. Todavía era leal al rey y al gobierno que se encontraban en el exilio en Inglaterra. Adoptó el apellido Nilsen al llegar a Gran Bretaña, por lo que el primer retoño de la pareja nacido en 1943 fue llamado Olav Magnus Nilsen. El hermano mayor de Dennis.
Como Olav padre pasaba mucho tiempo en sus misiones militares, Betty y Olav Junior vivían en casa de los abuelos en Aberdeenshire, Escocia. El abuelo se dedicaba a la pesca y por ello pasaba mucho tiempo fuera de casa. Y nunca tuvo buena relación con su yerno. Los roces de la pareja debidos a sus diferencias culturales y personales hicieron que en 1945 se separasen.
A finales de ese año nació Dennis. Tanto Betty como Olav, tuvieron varias relaciones extramatrimoniales, por lo que, aunque se le dio el apellido de Nilsen, pues la pareja aún estaba casada, la paternidad de Olav era dudosa.
En el 47 nació Sylvia, la hermana pequeña, y con esto, Olav acabó divorciándose de Betty y volviendo a Noruega, donde se casaría con otras tres mujeres.
Y así transcurrió su infancia. Como él mismo describiría, acunado por los tres ángeles de la ignorancia, la pobreza y el fundamentalismo religioso en un mundo gobernado por su madre, su tía y su abuela. La pequeña Sylvia se quedaba con todos los cuidados, y Olav era el favorito de mamá, por lo que Dennis se sentía «El cerdito del medio».
Solo recordaba recibir cercanía por parte de su abuelo. Quizá demasiada. Pese a ser un hombre profundamente religioso y de estricta moral, tenía un pequeño defecto. Abusaba sexualmente de Dennis. Cuando le llevaba de paseo por la playa y entraban al bunker abandonado, le daba un poco de «te» de una petaca, y cuando se adormecía le tocaba más de la cuenta. Y en ocasiones también por la noche, mientras dormía. No creo que sea necesario entrar en los detalles.
Por un lado, estaba el abuso sexual y el dolor físico que lo acompañaba, pero equilibrando la balanza estaban los abrazos, la seguridad que le generaba y los helados, juguetes, …
En 1951, cuando Dennis tenía 6 años, el abuelo Andrew falleció de un infarto, y esa fue su primer contacto con la muerte, pese a no ser totalmente consciente de lo que esta significaba. Sin nadie que aclarase sus dudas, aquel fue un duelo muy mal sobrellevado.
La muerte pasó a generar sobre él una enorme influencia y atracción.
Era como si su abuelo, que, a pesar de abusar de él, era por el contrario el único que le daba afecto, le hubiese abandonado. Para el resto de la familia, era alguien intachable que estaba en el cielo…
Alrededor de los 10 años Dennis vivió una experiencia que quizá podríamos ver como un síntoma de psicopatía.
En su inquietud por la exploración de la vida y la muerte ahorcó a un gato con un alambre. Lo cierto es que la escena no le satisfizo ni lo más mínimo. Sino más bien todo lo contrario. Sintió remordimiento y culpa por aquel gato hasta el fin de sus días.
Se habían mudado a un apartamento de dos habitaciones y Dennis tuvo más opciones de interacción con chavalería de su edad, pero no eran un núcleo familiar demasiado dado a la socialización ni a la demostración de afectos. Ni siquiera entre ellos.
Su madre conoció a Adam, una nueva pareja. Un hombre bueno que sería dominado por Betty. Tanto que ella llegaba al punto de hacerle pegar a los niños cuando así lo consideraba, diciéndole que era su trabajo.
Él por su parte, se obsesionó con algún muchacho que veía en el patio del colegio. No se acercó a ellos en ningún momento. Él se sentía enamorado, pero era consciente de que ese amor estaba mal. Era pecado y debía mantenerlo en secreto.
La vivencia con el abuelo no fue única exploración de la sexualidad del jovencito Dennis dentro del ámbito familiar.
Con el tiempo, Des comenzó a sentir una mezcla entre admiración y atracción por su hermano mayor Olav, con el que compartía cama. En ocasiones, y siempre cuidando que estuviese dormido, le soltaba el pantalón del pijama y la ropa interior y lo acariciaba.
Des cree que una vez Olav pudo estar despierto, pues llegó a mostrar signos de erección. Para él fue el primer contacto sexual buscado.
No le detuvo, ni le dijo nada. Ni entonces ni nunca. Pero casualmente poco después comenzó a llamarle «gallina» delante de otros niños.
El constante temor a que se conociese su secreto, debido a la homofobia que existía en general, le llevó a basar sus primeros descubrimientos de la sexualidad en la fantasía, y a pensar que solo podía tener intimidad física con los otros niños si estos estaban dormidos o inconscientes.
Llegado un punto llego a plantearse, aunque aún conservaba el tabú de que aquello estaba mal, el golpear en la cabeza a un muchacho que le resultaba muy atractivo, con la intención de dejarle inconsciente y poderle acariciar.
Cada vez fantaseaba y se excitaba más con esta situación, así como con la contraria: Que él estaba inconsciente y alguien venía y le acariciaba.
En una ocasión acudió al rescate de un socorrista a un joven en una playa. El socorrista reanimaba al muchacho practicándole el boca a boca, y le devolvía de la inconsciencia a la vida.
Esta situación también le provoco excitación y posteriores fantasías.
En 1959 asistió a un campamento militar, en el que un sargento adulto le emborrachó con cerveza. No recuerda nada, salvo que se despertó al día siguiente con dolor de cabeza y según él, los calzoncillos al revés. Siempre pensó que aquel sargento lo había violado aquella noche.
A los 15 años, en 1961, deseando escapar de aquel entorno se inscribió en un servicio de 9 años en el ejército británico.
A esa misma edad, antes de incorporarse a las fuerzas armadas, vio la película psicosis, de Hitchcock. Sintió excitación y fantaseó viéndose en la escena posterior a la de la ducha, cuando Janet Leigh es llevada al maletero del coche. Fantaseó tanto con él siendo la víctima como siendo Anthony Perkins, el asesino.
En los tres años que duró su instrucción se sintió atraído por varios chicos. Con alguno de ellos incluso llegó a intuir que el sentimiento era recíproco. Pero dado que las relaciones homosexuales en el ejército eran delito aprendió a disociar su vida entre la real, en la que se formaba como militar y cocinero, y la imaginaria, en la que dentro de su mente daba rienda suelta a todas sus fantasías.
En septiembre de 1964 fue destinado a Osnabrück, en Alemania, a las cocinas del regimiento.
En esa época, los cocineros dedicaban su tiempo libre a beber en grupo por la ciudad.
En una ocasión bebió mucho en una cervecería y se despertó a la mañana siguiente en una habitación sobre el local acostado con un joven. No recordaba nada, pero fantaseó imaginando que aquel chico le hubiese llevado escaleras arriba, le hubiese desnudado y hecho y deshecho con él a su antojo.
Las borracheras eran una buena excusa para un contacto cercano con hombres. Tanto para llevar a acostar a algunos compañeros cuando bebían hasta la inconsciencia o para «ser acostado» por otros, llegando en alguna ocasión a fingir estar más borracho de lo que realmente estaba.
En 1967 fue trasladado a Yemen, donde realmente entró en contacto con una situación de conflicto armado, con grupos terroristas que tenían como objetivo matar británicos.
Allí asegura haber tenido una experiencia. En su tiempo libre había estado bebiendo en un club, y perdió el vehículo blindado que debía llevarle de regreso al centro de detención de sospechosos en el que estaba destinado.
Entonces tomó un taxi local. En taxista paró en un callejón excusándose en que el motor se estaba calentando. Cuando Dennis, preocupado, giró para inspeccionar los alrededores por la ventanilla de detrás, el taxista debió golpearle, y lo siguiente que recuerda es despertar desnudo en el maletero del coche.
Cuando el maletero se abrió, Des fingió estar inconsciente, y el taxista trató de levantarlo para sacarlo del coche. Entonces Nilsen le asestó un golpe en la cabeza con un gato para cambiar ruedas que había encontrado.
Metió al hombre en el maletero, se vistió y se marchó andando al centro de detención.
También fantaseó con qué había pasado cuando estaba inconsciente, y qué podría haber pasado si los sucesos hubiesen transcurrido de otra manera.
Posteriormente fue cambiado de destino, también en Oriente Medio, a un comedor de oficiales. Su cometido era dirigir un grupo de cocineros locales. Este cargo conllevaba una habitación privada y un sirviente: Un niño que se ofreció para otro tipo de servicios además de los domésticos por un pequeño plus en su salario…
Esto solo duró un par de semanas, pues después fue trasladado a en la base a una zona menos privada.
Comenzó a visitar el hotel Carlton en Dubái, porque en su bar se podía conseguir alcohol, y además allí siempre había hombres de negocios estadounidenses con los que una vez borrachos intimar. Pero esto tampoco lo hacía mucha gracia.
Con el tiempo elaboró una nueva forma de fantasear y darse placer… Se tumbaba frente a un espejo, en tal posición que no se viese la cara, y «maquillaba» su cuerpo con polvos de talco para hacerlo parecer muerto. Entonces imaginaba a alguien, siempre un señor mayor, que abusaba del cuerpo que parecía inerte. En su imaginación era abusador, abusado y observador.
Luego le destinaron a Inglaterra, después a Chipre, luego de nuevo a Londres…
En una ocasión, volviendo desde Londres a Aberdeen en un permiso, viajaba en tren junto a un compañero. Bebieron mucho durante el viaje, y el joven vomitó sobre su propio pecho, manchándose la chaqueta. Dennis lo puso en pie como pudo y le llevó al baño para limpiarle. Allí, aprovechando su seminconsciencia, lo dejó caer para que se golpease en la cabeza y quedase inconsciente del todo, aprovechando para quitarle la ropa y acariciar su cuerpo.
Los pasajeros queriendo entrar al baño le hicieron darse prisa en vestir y sacar del baño al muchacho, que tras la borrachera no recordaba nada. Le dolía la cabeza y lo achacó a la resaca.
Con esta aventura tuvo material para fantasear durante un tiempo. Aunque aun así tuvo cierto sentimiento de culpa por lo que había hecho.
Más tarde volvió a Alemania, donde una noche de juerga con sus compañeros acabó con una prostituta. No le hizo especial gracia el asunto.
En este viaje compró una pequeña cámara de cine y empezó a filmar todo lo que le parecía interesante.
Con posterioridad fue destinado a las Islas Shetland, donde las posibilidades de socializar y conseguir alcohol se reducían a los 3 tugurios locales.
En uno de ellos, en una ocasión fue invitado a tomar una copa en la casa de uno de los parroquianos. Cuando llegaron, tras beber lo que el hombre le ofreció, se sintió drogado y quedó inconsciente. Se despertó al día siguiente, desnudo en la cama, junto al hombre. Se vistió y se largó corriendo de aquella casa.
Tenía marcas de mordiscos, hematomas, restos en los calzoncillos, el pene dolorido… Evidentemente le había violado.
Más argumentos para insanas fantasías y sueños.
Tras esto conoció a un soldado 8 años más joven que él. Se llevaban bien y se enamoró, según él, de una forma más sana, pues nunca lo imaginó muerto. Pese a ello, en una de las ocasiones que lo filmó, fue fingiendo que recibía un disparo y caía muerto. Dennis reconoció posteriormente disfrutaba de esa filmación y se masturbaba. No quería perderlo. Se fueron acercando, pero en el momento en que los dos se sinceraron, saltaron a la superficie todo lo que los separaba, empezando por la prohibición de las relaciones homosexuales en el ejército, y siguiendo por la homofobia en la sociedad, la religión… Aquello no podía llevar a nada bueno, y acabaron distanciándose. Además de que un tercero, un sargento interesado en el joven soldado, entró en escena, lo cual acabó de romper la magia.
Tras esto, decidió que no renovaría contrato con el ejército. No era posible una vida como gay en el entorno militar. Además, argumentó que se sentía avergonzado por lo que había hecho el ejército en la masacre del domingo sangriento, en la que militares habían matado a trece civiles durante unas manifestaciones en Derry (Irlanda del norte).
Antes de irse, quemó todos los rollos de película que había filmado, excepto los de su amado soldado. Estos se los entregó a él.
Volvió a su pueblo escocés, pero viendo que no había nada que este le pudiese ofrecer, decidió aventurarse en Londres.
Al llegar allí, se presentó a las pruebas de la Policía Metropolitana, a las que accedió sin problema dada su trayectoria militar.
El periodo de formación duró hasta navidad de 1972.
En él, sobre todo, experimentó por primera vez la sensación de las duchas comunitarias tras los entrenamientos, que siempre había evitado. Y que lamentó haberse perdido.
A finales del curso, recibió clases de salvamento en las que tuvo que simular salvar a un joven muchacho del agua, y practicarle el boca a boca.
Aquí fue donde confirmó que su perversión sexual consistía en disfrutar de los cuerpos masculinos totalmente pasivos.
En primavera de 1973 fue destinado a su primera comisaría y descubrió en primera persona la cantidad de situaciones dramáticas a las que debía encontrarse día a día.
También descubrió que uno se convertía en policía 24 horas al día, viviendo para el trabajo aún en los momentos libres.
Y también descubrió que el éxito en el cuerpo se conseguía a base de resultados, y en ocasiones para obtener esos resultados, no importaban los medios. Y esto no le convenció demasiado.
En su primera visita a la morgue descubrió que los cadáveres eran diseccionados y tratados como él trataría a los corderos en la cocina del ejército. Fria y asépticamente.
Aun así, fantaseó con que el asistente que preparaba los cuerpos para las autopsias tenía relaciones con el cuerpo de una tierna niña fallecida.
En esa época, al tener acceso a locales de ambiente gay, ya se dedicaba menos a fantasear en soledad, y acudía a los bares con intención de conocer a alguien real con quien establecer una relación real.
No se le daba mal ligar, pero pocos encuentros pasaban de más de una noche.
A finales de ese 1973 dejó la policía. No le parecían compatibles sus aspiraciones de llevar una vida homosexual, y al mismo tiempo andar deteniendo y amonestando a homosexuales. Puso como excusa el estrés y el poco sueldo y simplemente se marchó.
Comenzó entonces a trabajar como guarda nocturno en diversas instalaciones, pero tampoco esto se extendió mucho en el tiempo.
Finalmente acabó contratado como oficial administrativo en una oficina del departamento de empleo.
Fuera del trabajo, el Bacardí con Coca-Cola era una de sus grandes aficiones, junto con los bares gays.
Cuando no encontraba algún jovencito, en ocasiones acababa con algún señor mayor. En este caso, los acompañaba a sus casas y fingía desmayarse borracho en el sillón, con el deseo de ser utilizado.
En noviembre del 75 conoció a David Gallichan, al que apodó «Twinkle». Un joven vagabundo con el que se fue a vivir a un bajo en el 195 de Melrose Avenue, en Willesden Green.
El sexo no era muy allá, excepto cuando bebía tanto que caía casi inconsciente, e intelectualmente tampoco era gran cosa, pero formaron durante un tiempo algo similar a una familia. Incluso compraron una perra: Bleep. Twinkle en ocasiones desaparecía, y se iba con otros, o incluso los traía a casa.
En una ocasión, incluso Twinkle se durmió, y su amiguito acabó en la cama de Dennis.
Esta relación no tenía mucho futuro, y Gallichan acabó desapareciendo de su vida.
Un día conoció un chico de 17 años, usuario de la oficina de empleo, que le dijo que no tenía nada, ni siquiera dónde dormir, … Al salir a tomar algo después del trabajo se lo encontró, y se lo llevó a casa. Tras ver unas pelis y tomar unas copas, se metió en la cama de Des, y cuando este le rodeó con su brazo, el muchacho se revolvió, gritó, corrió, salió al portal y rompió un cristal en su huida.
Consiguió, con la ayuda de un vecino, calmarlo para esperar a la ambulancia, pues al romper el cristal mientras huía se había cortado en un brazo. A Des lo llevaron a comisaría, donde según él fue interrogado e insultado, hasta que el muchacho decidió no presentar cargos.
En el entorno laboral, se involucró intensamente en un sindicato (La Asociación de Servicios Civiles y Públicos). En una ocasión tuvo que marcharse unos días para unos cursos de formación, y un ligue se ofreció a cuidar de Bleep. Cuando Des volvió del curso, se encontró a Bleep bien alimentada y atendida, pero el chico no apareció, pues le había robado en casa.
No sería la única vez que un ligue ocasional le desvalijaba el piso.
Y en esta tónica de mala suerte en la búsqueda del amor perfecto transcurría su vida, hasta que llegó el 30 de diciembre de 1978.
(STEPHEN HOLMES – VICTIMA 1)
Había estado bebiendo en casa y salió de ella, entrando al primer pub que se encontró. No era un sitio de ambiente gay, pero entabló conversación con un joven de 14 años que se llamaba Stephen Holmes. Después del cierre, fueron al piso de Des, y allí siguieron bebiendo hasta caer en ropa interior en la en la cama.
Cuando Des se despertó, Stephen continuaba dormido. Entonces recordó al chico que no era gay y había huido de su casa. Y recordó a los que pasaban por su vida una noche y luego no volvían. ¡No quería seguir solo! ¡No quería que ese muchacho desapareciese de su vida!
Estaba pensando en esto cuando se fijó en una corbata que había en el suelo, y decidió dejarlo inconsciente. Fue su primer estrangulamiento. Stephen se resistió, pero finalmente su cuerpo cedió desplomándose desmayado.
Quizá su intención inicial no fuese el asesinato. Quizá su intención era que Stephen quedase temporalmente inconsciente para cumplir sus fantasías. Pero al no haberlo hecho de una forma limpia, fue consciente de que cuando el muchacho despertase iba a estar realmente en problemas, por lo que decidió cortar por lo sano. Fue a la cocina, cogió un cubo con agua, y le metió dentro la cabeza, hasta que dejó de respirar.
Había cometido su primer crimen.
Lo llevó al baño cargado a hombros. Allí lo lavó, y exploró y repasó cada centímetro de su cuerpo, cumpliendo lo que tantas veces había imaginado en sus fantasías.
Temiendo que alguien echara de menos al joven, y sin poder recordar si en el pub estaba acompañado por alguien que hubiese podido reconocerle, Des comenzó a preocuparse porque la policía llamara a su puerta, y decidió esconder el cuerpo bajo las tablas del suelo.
Un tiempo después lo sacó. El frio del invierno en el suelo de la planta baja lo había mantenido bastante bien, sin signos aparentes de descomposición, salvo cierto color azulado en los labios y rosado en la cara.
Procedió nuevamente al ritual de limpieza y manipulación.
Cuando el tiempo comenzó a ser más cálido, lo volvió a sacar. El cuerpo ya mostraba claros indicios de putrefacción. Fue desagradable, pero lo cortó en trozos que envolvió en telas y bolsas, y los quemó en el jardín en agosto de 1979.
(ANDREW HO)
Una vez deshecho de los restos de Stephen Holmes, en octubre del 79 volvió a traer un chico a casa. Se trataba del joven chino Andrew Ho. Se fueron a la cama, y Des sintió el deseo de dejarlo inconsciente, por lo que le agarró del cuello para intentar estrangularle.
Andrew se defendió, y consiguió aferrar un candelabro que había junto a la cama, con el que golpeó a Des. Así consiguió liberarse de él y escapar.
(KENETH OCKENDEN – VICTIMA 2)
Sobre diciembre del 79 conoció en un bar del West End a un estudiante canadiense llamado Keneth Ockenden. Se ofreció a enseñarle Londres, y tras hacer algo de turismo con él, lo llevó a su casa.
Repitió el ritual estrangulándolo con el cable de unos auriculares. Ken fue su segunda víctima.
(MARTYN DUFFEY – VICTIMA 3)
En mayo de 1980 conoció a Martyn Duffey, vagabundo de 16 años, y su tercera víctima. Otro joven guapo y delgado con el que repitió el proceso.
Después de matarlos, los llevaba al baño, los aseaba meticulosamente, pues era lo habitual, que durante el asesinato o durante el transporte al aseo se aflojaran tanto el esfínter anal como la vejiga.
Les afeitaba cualquier vello corporal, exceptuando un pequeño triángulo en el pubis, el cabello y las cejas.
Después les aplicaba talco, para perfumar la piel, suavizarla, y cubrir cualquier marca de hematomas o lividez cadavérica.
Posteriormente los llevaba a la cama, o al sofá, donde los contemplaba, acariciaba, y en ocasiones se ponía a horcajadas sobre ellos y se masturbaba.
Le encantaba contemplarse en espejos durante sus «juegos», pues así tenía la perspectiva del abusado, del abusador, y del conjunto…
Luego los escondía bajo la tarima, y de vez en cuando los sacaba de paseo.
(WILLIAM SUTHERLAND – VICTIMA 4)
La cuarta víctima de Dennis se trataba de un joven de 26 años que ejercía ocasionalmente la prostitución. Los dos acabaron en el piso de los horrores, y el criminal no recuerda como transcurrió el asesinato en agosto de 1980.
(DOUGLAS STEWART)
En agosto de 1980 también conoció a Douglas Stewart en otro pub gay. Lo invitó a su casa, y lo invitó a cerveza. Douglas rechazó acostarse con Des, y dijo que dormiría en el sofá. Entonces Dennis pensó que, si Douglas no quería sexo, lo que pretendía era desvalijarle la casa en cuanto él se durmiese y con todo lo que había bebido, no iba a tardar en caer dormido…
Entonces decidió que la forma de solucionar el tema era estrangular a Douglas…
Este se encontraba en el sofá, vestido, y cuando Des intuyó que dormía, se abalanzó sobre él e intentó ahogarlo con su propia corbata.
Douglas se levantó defendiéndose, y derribó a Dennis, que cayó al suelo. Douglas se sentó a horcajadas sobre él, y Nilsen gritó: ¡Toma mi dinero! ¡Toma mi dinero!
Entonces Douglas le dijo que no quería su dinero, y le dejó levantarse.
Dennis, no convencido, fue a la cocina y volvió con un gran cuchillo, pero luego se relajó. Hablaron. Douglas dijo que se iba, y Dennis no lo detuvo.
Un rato más tarde, Douglas volvió con unos agentes de policía. Des les convenció de que estaban borrachos y que habían discutido, por lo cual dedujeron que se trataba de una pelea entre homosexuales, y simplemente pasaron del tema, diciéndole a Douglas que, si quería poner una denuncia, fuese a hacerlo cuando se le pasase la borrachera.
Esto nunca ocurrió.
En otra ocasión un policía le detuvo por la calle sabiendo que era gay, por presuntamente estar muy borracho.
Aquello no le conllevó más que una noche en el calabozo.
Hubo chicos a los que no tuvo que estrangular, pues estaban tan borrachos que se quedaban inconscientes. Entonces simplemente los desnudaba, los acariciaba, en alguna ocasión incluso los penetraba, y al día siguiente no se acordaban de lo ocurrido.
Otros los dejaba inconscientes por estrangulamiento mientras dormían, eran utilizados para su fantasía del cuerpo pasivo, inerte, y al día siguiente cuando se recuperaban les buscaba una excusa para el dolor de cabeza y garganta.
(VICTIMAS 5-11)
Sus siguientes 7 víctimas no pudieron ser identificadas, salvo por los testimonios de Dennis.
La 5ª se trataba de un obrero irlandés de unos 30 años que asesinó en septiembre de 1980. Tiempo después de confesar, Dennis diría que esta víctima se la había inventado.
La 6ª era un prostituto delgado de rasgos agitanados y aproximadamente la misma edad, que murió en octubre de 1980.
La 7ª fue un vagabundo de veintipocos a los que asesinó en noviembre de 1980
La 8ª Un hippie de entre 25 y 30 años al que asesinó entre noviembre y diciembre de 1980. Al cabo del tiempo, Dennis diría que esta víctima se la había inventado.
La 9º Víctima se trataba de un escocés de 18 años y ojos azules con el que se retó para ver cuál de los dos aguantaba más bebiendo alcohol.
La 10ª era un veinteañero delgado de Belfast del que no recordaba ningún dato más
La 11ª fue un skinhead inglés de unos 20 años y musculado que tenía un tatuaje en el cuello que rezaba «cut here» (cortar por aquí). Posteriormente también dijo que esta víctima se la había inventado.
(MALCOM BARLOW – VICTIMA 12)
Malcolm Barlow, de 23 años, fue la víctima número 12. Se trataba de un joven epiléptico que había visto transcurrir su vida en casas de acogida. Nilsen lo encontró desplomado teniendo un ataque cerca de su casa en septiembre de 1981, y llamó a una ambulancia. Al día siguiente cuando fue dado de alta, Barlow pasó por casa de Nilsen para agradecer su ayuda, y aceptó ser invitado a comer y beber desconociendo esa misma noche iba a morir a manos de Nilsen que guardó el cuerpo de su nueva víctima en el armario de la cocina, ya que no quedaba espacio suficiente la tarima del suelo.
Ante esto a finales de verano de 1981realizó otra eliminación de restos.
Una dura y desagradable tarea sobrellevada con ron, que le provocó el vómito en más de una ocasión debido al estado de descomposición de los cadáveres. Escondió parte de las vísceras entre unas tablas al fondo del jardín, otras en unas maletas emparedadas en el cobertizo. Otras partes, más carnosas, fueron escondidas otra vez bajo la tarima, una vez que ocupaban menos espacio.
E incluso corrió un serio riesgo, ya que, embotado por el alcohol, decidió abandonar una bolsa llena de entrañas en las inmediaciones de un parque en el que sacó a pasear a Bleep. Allí fueron encontradas por un estudiante de biología, Robert Willson, que llamó a la policía. La bolsa fue llevada a la comisaría, pero allí, sin demasiada investigación dedujeron que serían entrañas de animales sacrificados, y simplemente las destruyeron.
Nuevamente, por casualidad, se libraba de las garras de la justicia.
Más tarde se mudó de casa, y antes de ello, prendió fuego a los restos en el jardín, esparciendo posteriormente las cenizas
(JOHN HOWLETT – VICTIMA 13)
Tras mudarse al barrio de Muswell Hill, Nilsen invitó a John Howlett, 23 años, tras conocerlo en un pub en marzo de 1982. Howlett fue una de las pocas víctimas que opuso resistencia a Des, y esto le sentó tan mal, que se esforzó con todas sus ganas en acabar con su vida. Hubo una tremenda pelea entre ellos, en la que en algún momento Howlett también intentó estrangular a Nilsen, pero finalmente este lo ahogó manteniendo su cabeza debajo del agua durante cinco minutos. No le debió caer muy bien después de la pelea, por lo que directamente, descuartizó su cuerpo y se deshizo de algunos de sus órganos por el inodoro. Posteriormente introdujo los huesos más largos en bolsas de basura que luego colocaría en la calle para su recogida.
Quizá este cambio de modus operandi en la «gestión de los cuerpos» se debió a que tras la mudanza al ático en el 23 de Cranley Gardens, no disponía del espacio bajo el suelo del que disponía en su anterior vivienda, situada en una planta baja.
(GRAHAM ALLEN – VÍCTIMA 14)
En septiembre de 1982 Nilsen se cruzó en la vida de Graham Allen, una persona con problemas de adicciones y padre de un hijo, que intentaba parar un taxi sin lograrlo, pues ninguno le paraba debido a su evidente estado de embriaguez. Nilsen lo invitó a su casa a cenar, donde le preparó una tortilla, y lo estranguló mientras se la comía. A los tres días, se encargó de descuartizarlo. Su cuerpo fue identificado por los registros dentales y una antigua fractura en la mandíbula, sus trozos, algunos de ellos arrojados por el desagüe provocaron el atasco que daría lugar al descubrimiento del crimen, pero pese a esto, Nilsen nunca fue procesado por este asesinato.
(STEPHEN SINCLAIR – VÍCTIMA 15)
Y, por último, la víctima número 15: Stephen Sinclair, de 20 años, adicto a la heroína y con costumbre de automutilarse. El 26 de enero de 1983 Nilsen lo invitó a su casa tras comprarle una hamburguesa. Tras tomar bastante alcohol e inyectarse heroína, se quedó profundamente dormido y Dennis aprovechó para estrangularlo con una corbata y una cuerda. Después, se acostó junto al cuerpo hasta quedarse dormido. A la mañana siguiente, lo descuartizó, colocando la cabeza, el torso superior y los brazos repartidos por un armario y una caja en la sala de estar y escondiendo el torso inferior y las piernas debajo de la bañera.
Y esta fue la carrera criminal de Dennis Nilsen, 15 supuestas víctimas, aunque con el tiempo fue asegurando que fueron menos. Una carrera truncada, gracias a Dios, por su propio error: Los trozos de cuerpo que arrojó por el inodoro taponaron las cañerías de sus vecinos, y fueron descubiertos por el fontanero Mike Cattran que llegó a revisar las arquetas y tuberías.
Ante las sospechas de que se tratase de restos humanos, la policía fue alertada, y tras la confirmación de que los fragmentos encontrados tenían como origen cuerpos de personas, solo hubo que seguir las tuberías para comprobar que estos tenían que proceder del ático en el que residía Des.
Los agentes esperaron a que el asesino volviese de trabajar, y entonces le visitaron en su casa, donde ante el olor de los cuerpos que escondía en el armario, no pudo hacer otra cosa que admitir al inspector Peter Jay, investigador jefe, que los restos de los desagües provenían de su domicilio.
Una vez en el coche de policía, detenido, al ser preguntado por cuantas eran las víctimas, sorprendió a los agentes diciendo que eran 15 o 16.
Además de los restos encontrados en su domicilio, la policía investigó en su antigua casa, encontrando numerosos fragmentos de hueso mezclados con la tierra del jardín, y que provenían de las cenizas de las improvisadas cremaciones.
El caso saltó a la prensa, y ante la presión de los medios, la policía se vio forzada a apresurar la presentación de cargos, por lo que en el juicio que comenzó el 23 de octubre de 1983 solo se le pudieron imputar 6 asesinatos y dos intentos de homicidio de los 15 o 16 que había reconocido inicialmente y de los doce a los que después los redujo.
Por ellos fue condenado a cadena perpetua, tras descartarse cualquier problema mental que lo hiciese inconsciente de sus actos.
Con posterioridad al juicio se pudo identificar alguna víctima más.
Estando en prisión, se entrevistó en varias ocasiones con el escritor Brian Masters, que publicó en 1985 «La compañía de los muertos». Aunque en este libro no se habla, por ejemplo, de los abusos de su abuelo, sino que se le tiene de una manera más inocente, como el único de su familia que le da cariño.
Estando en prisión Des también pintó, compuso música y escribió una importante cantidad de diarios autobiográficos a modo de memorias Casi 6000 páginas legadas a Mark Austin, que se hizo amigo de Denis Nilsen por correspondencia una vez que estaba preso. De esta documentación surgió en 2021 el libro «Historia de un niño que se ahoga». En el que todo se transcribe literalmente de las palabras del asesino.
Dennis murió en prisión el 12 de mayo de 2018, y con su muerte acabó la historia de su vida.
72 años sobre los cuales, a mí me surgen diversas preguntas…
¿Ocurrió realmente lo que Nilsen narró sobre su infancia? Hay que tener en cuenta que en un principio no mencionó los abusos a los que fue sometido por parte de su abuelo, poniéndolo de hecho como la única persona que le demostraba afecto, le llevaba de paseo, …
¿Realmente el trato de su madre era tan frío como él lo describe?
Es conocido que su madre le enviaba correspondencia una vez en prisión, hasta que Nilsen decidió romper ese contacto.
¿Puede aun así esa falta de trato cálido, ese abuso y esa ausencia de guía e información sobre cosas como lo que significaba la muerte llevar a alguien a corromper su conciencia y su moral de esa manera?
¿Puede llevar la imagen de su abuelo muerto a alguien a sentir semejante fascinación por los cuerpos inertes?
Nilsen era bueno con su perra, era bueno con sus compañeros de trabajo, pero ¿Por qué esa maldad en sus relaciones íntimas?
En algún momento mostró remordimiento, o incluso intención de dejar de matar. Por ejemplo, al mudarse de una planta baja a un ático, lo hizo pensando que le iba a ser imposible deshacerse de los cuerpos, y eso le haría no cometer más crímenes… pero el instinto, el placer que le provocaba, o lo que fuese… era más fuerte que el remordimiento.
Nuevamente, como me he preguntado en ocasiones, ¿dónde está realmente el límite entre la enfermedad y la infamia?
¿Cuál es esa línea que separa la maldad patológica de la maldad por la maldad?
Como te decía al principio, … ¿Existe el mal como una especie de «fuerza viva», como una entidad llámese religiosa, filosófica, o espiritual? ¿Está esa entidad intrínsecamente ligada a las personas, como antítesis del propio bien?
Y si es así… ¿Por qué se manifiesta en algunas personas con menos filtro que en otras?
¿Hasta qué punto es la sociedad culpable de los crímenes que cometió Nilsen?
Si en lugar de asesinar a gente marginal, apartada de la sociedad por su tendencia sexual, por su situación económica… gente a la que nadie iba a echar de menos, al fin y al cabo, se hubiese dedicado a asesinar a personas de alta alcurnia o buena posición, ¿es posible que sus crímenes se hubiesen descubierto antes?
¿Hasta qué punto llega la impersonalización y el aislamiento pese a estar rodeado de gente en las grandes ciudades como Londres, en la que alguien desaparece y nadie se da cuenta, o hay un andén cuya existencia nadie se percata entre el 9 y el 10 de la estación de King’s Cross?
¿Es posible que, si él hubiese vivido su homosexualidad de una forma más sana, sin la presión social de la época, hubiese enfocado su vida de una manera menos oscura y bizarra?
¿O simplemente estaba destinado a ser un criminal por una cuestión genética o fisiológica?
A estas interrogantes y a alguna más que se me ocurre, yo no tengo una respuesta.
Solo puedo darte un consejo. Reflexiona, consulta, bebe información de todas las fuentes que puedas. Y si puedes, investiga. Quizá así puedas desvelar el factor enigma que descifra este caso.
Yo, por mi parte, ahora debo dejarte. Vuelve cuando quieras, que estaré encantado de recibirte y contarte más historias.
Por lo demás, te recuerdo que, si tienes algo que contarme o quieres dejarme tu opinión sobre el caso, puedes hacerlo a través Facebook, Instagram, Twitter, Telegram y por supuesto de los comentarios y la comunidad de Ivoox. Suscríbete a este podcast para estar al día cuando publique nuevos episodios y no olvides darle al me gusta, para que así, este humilde curioso sepa que estás ahí y siga contándote cosas.
Te deseo que hasta nuestro próximo encuentro seas feliz, y que jamás dejes de maravillarte ante el misterio.