Fecha de publicación: 07/Abril/2025
Duración: 01:07:26
En 1977, comenzaron a darse una serie de avistamientos OVNI y de humanoides en el área de Broad Haven, una localidad costera en la bahía de St. Brides, al suroeste de Gales. Pero en medio de esa oleada que por su área geográfica se llamó «el triángulo de Broad Haven» o «el triángulo de Gales», un punto concreto, la granja Ripperston Farm, se convirtió en epicentro de una múltiple y variada fenomenología.
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NOTA: Texto registrado en el RPI
Hola! ¿Cómo estás? ¡Muchas gracias por volver a visitarme, una vez más, es un placer recibirte por aquí y charlar contigo! ¡Hacía tiempo que no nos veíamos! Déjame decirte que te he echado de menos… Las circunstancias me han mantenido alejado de este pequeño rincón, donde entre libros, documentos, legajos, y cajones llenos de pruebas y objetos asombrosos, repaso junto a ti los más misteriosos sucesos.
Pero espero de verdad que las nuevas responsabilidades que se han añadido a mi día a día, me dejen el tiempo necesario para continuar dando rienda suelta a este vicio secreto que supone el rebuscar información sobre estos extraños acontecimientos.
Y no podía dedicar mi regreso tras esta ausencia a otra cosa que no fuese un caso de mi temática favorita… ¿Te apetece una de OVNIs?
Hoy voy a hablarte de los sucesos ocurridos en la galesa granja de Ripperston Farm. De este caso, me llamó la atención una diversidad de manifestaciones que recuerda a una especie de rancho Skinwalker a pequeña escala… pero al poco de empezar a reunir información, descubrí que no solo había que tener en cuenta los sucesos acaecidos a la familia que allí residía, los Coombs, sino que en ese área de Gales, en los alrededores de la bahía de St. Brides, en Penbrokeshire, se dieron en un lapso de tiempo muy corto varios avistamientos, entre los que destacan el vivido por los niños de la escuela de Broad Haven, o el sucedido a la propietaria de un hotel cerca de esta misma población, que de hecho hicieron que a la zona en la que tuvieron lugar se le diese el nombre del «triángulo de Broad Haven». Fue, sin lugar a dudas una de las oleadas más importantes sucedidas en tierras británicas.
Pero no vamos a perder las buenas costumbres, ¿verdad? ¿Qué te parece si vas tomando asiento mientras yo te preparo una buena taza de té caliente? Nada mejor para afrontar la bruma y la humedad del Mar Céltico.
Lo cierto es que el entorno se presta perfecto para ser el escenario de los hechos que te voy a contar… La campiña galesa, con sus pequeños núcleos urbanos, sus agrestes costas de abruptos acantilados y sus solitarias granjas salpicadas entre verdes campos y unidas por tortuosos y estrechos caminos vecinales reúne todas las características típicas de discreción para ser elegida por el fenómeno ovni para hacer de las suyas…
Una de esas granjas es Ripperston Farm que en aquellos años 70 estaba habitada por la familia Combs. El matrimonio formado por Pauline y Billy veía fluir sus días entre el arduo trabajo de sacar adelante a sus hijos y a su explotación ganadera.
La noche del 14 de enero de 1977, Pauline realizaba sus quehaceres, cuando a través de la ventana de la cocina pudo observar en el cielo la presencia de una luz, muy potente en comparación con las estrellas que la rodeaban. Colocando sus manos a modo de visera contra el cristal para contrarrestar la luminosidad de la cocina, calculó que se encontraría a poco más de 400 metros sobre el campo, antes del acantilado que daba a la bahía de St. Brides.
En esa zona existían varias instalaciones militares, entre ellas la base aérea de Brawdy, así que la familia Combs había visto todo tipo de luces en el cielo: Bengalas, misiles, cazas volando a baja altura, … Pero lo cierto es que nada de eso se asemejaba a lo que ahora estaba observando.
Se trataba de una bola de luz, con una cola de fuego, que había aparecido de la nada, y que tenía una especie de movimiento suave similar a un péndulo.
Lo observó durante un rato, y pensó en avisar a Billy, que se encontraría dormido frente al televisor. Pero estaba tan ensimismada mirando, que cuando se quiso dar cuenta, aquella luz, comenzó a desplazarse cada vez más rápido en dirección al acantilado, y después desapareció en él.
Entonces pensó en que debía haber avisado antes a Billy. Quizá hubiese un barco con problemas en el acantilado y hubiese lanzado una bengala.
Con todo el pesar, pues él debía estar rendido del trabajo de sol a sol en la granja, despertó a su marido, que se calzó y salió de la casa en dirección al acantilado.
Bill regresó asegurando que en el fondo del acantilado no se veía nada. Por lo menos nada que se pudiese ver a la luz de una linterna.
Pauline, intranquila por lo que había visto, le pidió que, por la mañana, con luz, volviese a echar otro vistazo.
Cuando ya pasada la medianoche se el matrimonio se acostó, ella tuvo problemas para conciliar el sueño, pensando en aquella extraña luz.
Un par de días después del avistamiento, y de que Billy volviese a mirar de día si algo había sucedido al fondo del acantilado, Pauline se encontraba en casa, mientras su marido y su hijo mayor, Clinton, de 16 años, trabajaban en la granja, y su hijo pequeño, Keiron, y sus hijas gemelas Joann y Layann estaban en la escuela, pudo ver en la prensa que en poco más de una semana el coordinador regional del BUFORA en Gales del Sur, la Asociación Británica de Investigación de OVNIs, había recibido 5 informes de avistamientos extraños, incluyendo el de una luz brillante y extraña que aterrizó en un campo cerca de Haverfordwest. ¿Tendrían los ovnis alguna relación con lo que ella había visto?
Cuando Billy y Clinton entraron a la casa para su té de media mañana, les enseñó el artículo y les preguntó qué pensaban. Billy le dijo que había estado leyendo muchos comics, y que aquello era una tontería. Pero acto seguido le dijo que la zona del acantilado donde ella había visto caer la luz, estaba llena de camiones del ejército, soldados y hombres rana militares.
Billy les había preguntado qué hacían en la zona, y ellos dijeron que reparar un desprendimiento, reparando el camino costero. Pero a él le extrañaba… ¿Con hombres rana? Para él lo más posible es que estuviesen haciendo algo relacionado con la base de detección de submarinos que tenían en la zona los americanos.
Otro misterio tuvo lugar en Ripperston Farm en las dos semanas siguientes, y es que dos televisiones acabaron con sus circuitos fritos sin motivo aparente y que conste que llegaron a ser 5 técnicos los que intentaron repararlas.
Casualmente esto tuvo lugar las mismas noches que su Layann, una de las gemelas, se despertó gritando tras sufrir la misma pesadilla. Una figura enorme la despertaba, y salía de la habitación, entrando en la habitación de sus padres.
Lo cierto es que la niña insistía en que no había sido un sueño, que ella estaba despierta, y la presencia de la figura había sido real.
Además de las televisiones, hubo más problemas eléctricos en la casa: Bombillas que se fundían, y fusibles que saltaban y había que cambiar.
El joven Clinton también tuvo su «suceso extraño», una mañana que, encontrándose en la bañera, escuchó un ruido, como el zumbido de un generador, como si sonase fuera de la ventana. Entonces el sonido entró por la ventana cerrada, inundando la habitación. La inquietud le hizo tardar la mitad de lo habitual en tonar su baño. Pero nadie más lo había escuchado.
Poco después, un sábado recién pasadas las 8 de la tarde, Pauline conducía el Hillman Hunter de la familia de regreso a la Ripperston Farm. Le acompañaban Keiron, su hijo mediano, y las dos gemelas, Layann y Joann.
Habían ido a llevar a su casa a Duggie Richards, el mejor amigo de Keiron, que había estado jugando con él y las pequeñas en los campos de la granja.
Estuvieron hablando sobre la serie que iban a ver en familia al regresar, una serie, que, por cierto, yo también recuerdo de la infancia: «El hombre de los 6 millones de dólares», y las gemelas, que iban sentadas en el asiento de detrás se quedaron traspuestas.
Entonces Keiron, que ocupaba el lugar del copiloto, se quedó ensimismado hasta que se dio cuenta de que su madre le llamaba por su nombre, preocupada por su silencio.
Entonces él pidió disculpas, y le dijo que se había distraído mirando algo que veía en lo alto del cielo nocturno. Cuando Pauline estiró la cabeza y miró, pudo observar la misma luz de la que ella había sido testigo sobre el campo: mismo color, mismo bamboleo…
No habían hablado a los niños de aquel avistamiento, aunque los niños no eran tontos, y sí que habían oído por ahí hablar de los avistamientos ocurridos en la zona y que habían aparecido en la prensa local.
Intentó tranquilizar a Keiron diciéndole que sería algún avión, o alguna estrella, pero este dijo que ni las estrellas ni los aviones se balanceaban de esa forma.
Pauline solo quería recorrer el último tramo de aquel camino rural para llegar a casa.
Entonces Keiron comenzó a decir que la luz se estaba volviendo brillante, que se estaba moviendo.
Pauline intentaba hacerle ver que estaba conduciendo y no podía distraer la mirada.
Keiron, abrumado, la agarró del brazo, lo cual hizo dar un volantazo a Pauline.
Ella le gritó para que se calmase, y él contestó que aquello se estaba moviendo muy rápido, y hacia ellos.
Efectivamente, aquel globo de luz naranja se situó a unos 3 metros de altura sobre el suelo, recorriendo el camino en dirección hacia ellos, iluminando la parte de arriba de los setos que bordeaban la pista.
Keiron volvió a zarandear el brazo de Pauline, y provocó un nuevo volantazo. Pauline le gritó que parase quieto. Las gemelas, se despertaron.
Aquella luz seguía dirigiéndose hacia ellos, y finalmente les alcanzó, pasando por encima del vehículo. Pero para mayor pánico de los ocupantes del coche, cuando parecía que pasaba de largo, esa luminosidad dio la vuelta, y volvió a la caza del coche.
Se mantuvo justo detrás, manteniendo un acoso constante al automóvil, esa bola de luz naranja, además, lanzaba un haz de luz blanca hacia el suelo.
Para acrecentar el pavor que sentían Pauline y sus hijos, el coche empezó a fallar: Las luces se apagaban, hasta que finalmente, el motor también falló y el coche quedó muerto…
Faltaban alrededor de 100 metros para llegar a la casa, y la luz parecía haberse detenido justo sobre el coche. Entonces Pauline dio instrucciones a Keiron para que saltase al asiento trasero e hiciese salir a las gemelas, saliese él y corriese hacia la casa. Ella iría por detrás, asegurándose de que las pequeñas no se quedaban atrás.
En la casa estaban Billy y Clinton que, tras la sorpresa inicial, y tras asegurarse de que Pauline y los pequeños se encontraban bien, recorrieron el sendero de acceso a lo casa. Entonces, tras la curva, vieron el coche perfectamente iluminado por el haz de luz blanca que surgía de una esfera de color naranja que se hallaba sobre el vehículo.
Tras unos breves instantes en los que padre e hijo pensaban qué debían hacer ante lo que estaban viendo, la luz blanca se apagó, y la bola de luz desapareció proyectándose a toda velocidad hacia el acantilado.
Se acercaron al vehículo, y tras varios intentos, no pudieron arrancarlo. No fue el coche lo único que se estropeó esa noche. La televisión, y ya era la tercera, había acabado con los circuitos fritos.
Y así acabó llegando abril a Ripperston Farm. La familia había perdido la alegría. Habían vivido experiencias que no podían explicar y también les habían afectado económicamente. En ese tiempo, además de los tres televisores que ya hemos comentado, un total de 3 coches se habían descompuesto, sin que técnicos ni mecánicos pudiesen repararlos. La instalación eléctrica fallaba, la familia sufría descargas, saltaban los fusibles, y había un consumo eléctrico altísimo, que no se correspondía con el habitual.
Los avistamientos salpicaron a miembros de la familia que no vivían en la granja.
Un día que Billy habló con el hermano de Pauline, Terry, este le contó un suceso que le estaba torturando y que no se atrevía a contar a nadie: Su hijo Mark, de 12 años, había visto unos diez días atrás un extraño platillo volante con un fulgor rojizo, del que había aparecido un muy ser alto, con cabeza cuadrada, casco con visera negra y una antena sobre el hombro. Llevaba un traje plateado y botas negras.
Terry reconoció a su cuñado que no hubiese creído al muchacho, de no haber visto una huella enorme en el barro en el lugar en el que el chaval mencionó haber vivido el acontecimiento.
La misma noche que Billy contó a Pauline la experiencia del sobrino, él y su esposa tuvieron la que probablemente fue la más cercana y terrorífica de sus experiencias.
Los viernes por la noche, las veces que descansaba el sábado por la mañana eran su momento. Cuando volvía del trabajo, Pauline había preparado la cena y acostado a los niños, por lo que cenaban y disfrutaban solos de una película.
En esta ocasión, un western, que, aunque muy bueno, no consiguió que Billy llegase a más de media película sin dormirse y comenzar a roncar. El que no parecía relajado era Blackie, el perro, que había estado inquieto y dado vueltas por el salón durante una hora, en lugar de tumbarse tranquilamente frente a la chimenea.
En un momento el reflejo de una luz comenzó a parpadear a través de la ventana, como si un coche viniese por el camino. Pero no había ruido de motor… Ella se acurrucó en el sofá, intentando concentrase en la película. Aquella luz permaneció allí durante largo rato, pero ella no quería moverse para no despertar a Billy.
Cuando casi terminaba la película, Billy se despertó, diciendo que la luz de los faros a través de la ventana lo habían despertado. Entonces, al ponerse de pie y mirar hacia el cristal, retrocedió cubriéndose la cara, como intentando protegerse de algo, y gritando Qué era aquello.
Billy se abrazó a ella buscando protección. Entonces ella miró sobre el hombro de su marido y pudo ver, en la ventana, la imponente silueta de un humanoide enorme y plateado, con una especie de casco con la cara oscurecida. Un humanoide que rebasaba con largo los 2 metros.
La histeria cundió en ese salón. Billy y Pauline no sabían cómo reaccionar, hasta que finalmente el instinto de ella le hizo subir a cuidar de los niños entre sollozos. Billy por su parte decidió buscar a Blackie, que se encontraba aullando en un rincón del pasillo, agazapado y tan aterrorizado como sus dueños, y sacarlo de la casa para que atacase o espantase al terrible visitante. El perro, llevado a rastras hasta la puerta, tenía el pelo erizado y gruñía mostrando los dientes. Y cuando su dueño lo sacó por la puerta principal, huyó disparado, alejándose de la casa.
No le quedaba más remedio que volver al salón, donde estaba el teléfono, para pedir ayuda, y volver a enfrentarse nuevamente a aquel ser, que seguía frente a la ventana, mirando hacia dentro. Cuando Billy entró al salón, aquello colocó la palma de su mano contra el cristal, que comenzó a vibrar, al tiempo que las luces parpadeaban y la televisión sufría interferencias en la pantalla.
Presa del pánico hizo dos llamadas: una a su vecino más cercano, Robert Morrison, y otra a la policía de Broad Haven. Tras las dos llamadas, el ser seguía al otro lado de la ventana. Billy no sabía que hacer, y continuaba presa del pánico. En el momento en el que decidía subir a ver cómo estaba su familia, escuchó sirenas a lo lejos. Y antes de que estas terminasen de acercarse, aquella figura desapareció. Se desvaneció mientras Billy la miraba.
Cuando su vecino Robert Morrison entró a la casa escoltado por dos jóvenes agentes, Pauline ya los había oído llegar e hizo bajar a los niños, que aún medio dormidos, ignoraban lo que estaba sucediendo. Los sentó en el sofá, y se dirigió al rincón en el que se encontraban su marido, su vecino y los policías.
Billy había dudado por un momento si llamar a las autoridades ante la posibilidad de que le tomaran por loco. Pero la verdad es que los jóvenes agentes, en los últimos tiempos habían atendido por la zona casos muy inverosímiles. Incluso el pánico que veían en Billy hacia más veraz su testimonio.
Billy se quedó de piedra cuando comprobó que los agentes les pedían que dejasen la puerta abierta, para poder entrar rápido en caso de ocurrir algo durante su exploración del exterior. No tenían intención de plantar cara a lo desconocido, pues no sabían cuáles serían las consecuencias. A petición de Pauline y Billy echarían un vistazo alrededor de la casa, y se quedarían una hora más con ellos, por si acaso.
Pauline volvió a acostar a los niños, mientras Billy preparaba un café para Robert y los agentes.
Cuando los policías se marcharon, el matrimonio se acostó. Pauline agotada, cayó dormida, pero lo cierto es que Billy no pudo pegar ojo. Si aquello se repetía, o iba más allá, viendo lo ocurrido con la policía, no tenía muy claro a quién podría pedir ayuda.
Cuando ya de día, revisaron la zona en la que se avistó al enorme ser, pudieron comprobar enormes huellas, y que el rosal junto a la ventana se hallaba totalmente calcinado.
Con el tiempo tuvieron más evidencias sobre el terreno… Llegó un momento en el que el ganado no quería, según Clinton, entrar a pastar en uno de los campos. Cuando Billy se acercó a aquella parcela a investigarla, descubrió un área perfectamente circular de hierba aplastada y quemada de unos 15 metros de diámetro.
Parece que además de al perro, que no había vuelto a ser el mismo, la presencia de cosas extrañas también afectaba a las vacas.
Un domingo por la mañana, habían recibido la visita de la madre de Pauline y de la hija mayor de la familia, Tina, que vivía con ella en Milford Haven.
Los chicos estaban fuera jugando. Los niños por un lado con las carabinas de aire comprimido y las gemelas entretenidas por los campos.
En un momento dado, Layann y Joann entraron atemorizadas, pidiendo que sus padres las acompañaran, pues habían visto un hombre muy alto, plateado y con un casco oscuro. Que aquel señor había flotado a través de un seto hasta otro campo. Las niñas, finalmente habían decidido seguir a aquel extraño señor, y al entrar por la puerta al otro campo, no habían visto rastro de él, sino una especie de enorme platillo con luces y ventanas del que salía una escalerilla que se recogió hasta quedar metida dentro del objeto. Entonces una especie de caja roja cayó del ovni al suelo, y este se elevó en el aire. Después un platillo más grande apareció sobre el que se había elevado, y los dos se dirigieron rápida y silenciosamente hacia el borde del acantilado, donde desaparecieron.
Las niñas aseguran que fueron hasta el lugar donde el ovni dejó caer aquella caja roja, pero no vieron nada. Solamente pudieron percibir una especie de zumbido en el aire, además de la hierba aplastada y quemada.
Entonces Pauline, Tina y el perro acompañaron a las niñas. En el punto en el que supuestamente habían descubierto al ser, el perro comenzó a correr en círculos gruñendo y con el pelo erizado. También había una serie de huellas, como del doble de tamaño de un pie normal, y con una separación también del doble de la habitual entre dos pasos. Las huellas llegaban al seto, que se encontraba aplastado. Cuando Pauline se hallaba revisando el seto, escuchó gritar a las niñas que la llamaban desde la puerta que daba al otro campo. La apremiaban para que corriese, pero solo ellas y Tina pudieron ver el platillo sobre el campo, que nuevamente se dirigió disparado hacia el acantilado.
Las niñas mostraron a Pauline y a Tina el lugar en el que el primer platillo había estado posado, y estas pudieron comprobar la zona circular de pasto aplastado y requemado, así como esa sensación de zumbido del que hablaban las gemelas. Como consecuencia adicional al encuentro, las niñas tuvieron un sarpullido en las piernas, quien sabe si como consecuencia de haber estado removiendo la hierba afectada buscando la misteriosa caja roja. Lo Cierto es que esta no fue la única sorpresa del día. Cuando cayó la noche, Clinton, Keiron y las niñas se habían acostado. Billy había ido a llevar a Tina y a la madre de Pauline a Milford Haven.
Pauline se dispuso entonces a cerrar las cortinas. Nunca había utilizado cortinas hasta la visita de aquel ser en medio de la noche. Entonces lo vio. En la oscuridad de la noche pudo observar otra vez aquella figura alta, con una luminosidad plateada. Flotando rígida más que caminando. Pauline quedó paralizada por el miedo. Aquella figura siguió paseándose por el campo, hasta que finalmente, de forma gradual, se fue apagando y se desvaneció.
La pobre mujer no pudo hacer otra cosa que sentarse y esperar el regreso de su marido mientras su cabeza intentaba descifrar qué o quién era aquel ser, y qué quería de ellos. Este trató de reconfortarla cuando llegó, pero tuvo que dejarla nuevamente, pues debía atender a uno de sus novillos, que se encontraba enfermo. Ella durmió esa noche con la pequeña Layann
La mañana siguiente, Pauline se quedó dormida. Durmió hasta las 9:30 de la mañana. Seguro que Billy había decidido dejarla descansar y el y los niños se hubiesen apañado solos… Se despertó con un terrible dolor y una fuerte inflamación en el brazo, así como un Importante escozor en los ojos. Los tenía tan irritados que casi no podía ver.
La pequeña Layann le sorprendió aquel día con una extraña petición. LE preguntó si podría irse durante unos días a casa de la abuela, con ella y con Tina. Pauline accedió. Vistos los acontecimientos de los últimos días, no se le hizo muy raro que la niña quisiera alejarse de la casa por un tiempo.
Esa misma noche, la madre de Paulina la llamó para contarle algo que la niña le había confesado: El motivo por el que había decidido marcharse de su casa.
En medio de la noche, mientras dormía con su madre, la pequeña Layanne se había despertado al oír un ruido. Una especie de crujido de papel. Al girarse pudo ver una mano plateada que tocaba el brazo de su madre. Después la mano se retiró y ya no la volvió a ver.
Después intentó despertar a su madre, pero Pauline estaba tan agotada que no lo consiguió.
Más de un mes tardaron en desaparecer las secuelas de lo acontecido aquella jornada:
Los problemas dermatológicos, los oftalmológicos, y los musculares.
Y durante ese tiempo tuvieron que afrontar algo que nunca hubieran deseado: El sacrificio de Blackie, el perro de la familia, que desde aquella ocasión en la que el terrorífico ser se había asomado por la ventana, se había vuelto loco, impredecible, ingobernable, todo el tiempo agitado e irritado.
Una tarde, Pauline regresaba de llevar a una fiesta en una granja cercana a los pequeños. Clinton se encontraba en casa cuando ella llegó y llamó al timbre. Cuando este abrió, se extrañó de que se tratase de ella, y esperaba encontrarse de regreso a dos señores muy extraños que acababan de visitarle. La visita debía haber sido inquietante, habida cuenta de la palidez del muchacho
Pauline preguntó extrañada: ¿Qué señores? Ella no se había cruzado con nadie. Era imposible que alguien hubiese abandonado la granja en los minutos anteriores y ella no se lo hubiese cruzado en el estrecho camino.
Habían llegado en lo que parecía ser un gran coche plateado. Los dos vestían trajes oscuros, altos y delgados, con una gran frente y peinados hacia atrás. Parecían idénticos.
Uno de ellos permaneció junto al coche, y el otro se dirigió a la casa.
A Clinton le dieron muy mala espina. Le parecieron irreales, como el producto de una ilusión extraña, y cerró la puerta principal, echando incluso la recién comprada cadena de seguridad.
Al no obtener respuesta desde el interior de la casa, el señor se dirigió a la casita contigua a la granja. Esta casita estaba alquilada por Carol y su esposo, otro trabajador agrícola. Ella era enfermera. En realidad, pasaban tanto tiempo fuera, que no habían coincidido con los fenómenos sucedidos en la granja, y lo que sabía sobre los mismos en la zona era lo leído en la prensa local.
Cuando fueron a comprobar que Carol se encontraba bien, esta les dijo que lo que había sucedido era extraño. Que desde casa había visto el extraño vehículo a la puerta de la granja, pero no lo había oído llegar. Había observado aquel atípico individuo primero en la parte delantera de la granja, después en la trasera. Entonces salió a su propio patio a tirar algo a la basura, y se encontró allí a aquel hombre, que no había tenido tiempo material para dar toda la vuelta… El hombre le preguntó por Pauline Coombs: Dónde estaba y cuando volvería. evidentemente su respuesta fue que no lo sabía. Obviamente, aunque lo hubiese sabido, no se lo iba a decir.
Carol definió su rostro como cerúleo y brillante, y el pelo de una extraña textura y unos ojos que no parpadeaban y de un aspecto vidrioso.
Entonces ella se giró para meterse en su casa, y al voltear a mirar para cerrar la puerta, aquel individuo ya no estaba. Instantes después, los dos individuos se encontraban en su vehículo saliendo por el camino, unos segundos antes de que por el mismo apareciese el coche de Pauline.
Posteriormente a este suceso, hubo un tiempo de tranquilidad, hasta que Keiron tuvo un par de encuentros, que junto a su padre decidió mantener en secreto para no alarmar al resto de la familia.
Una tarde en la que sabía que no había nadie dentro de la casa, pudo observar desde el exterior, una especie de sombra oscura que se movía ondeante dentro de la habitación delantera.
En otra ocasión el joven iba conduciendo un tractor entre fincas, hasta que de repente la figura de una mujer vestida de blanco, como de largo cabello, apareció justo delante de su tractor, donde no pudo hacer nada para evitar pasarle por encima. Cuando bajó del vehículo, no pudo encontrar ningún solo resto del aparente atropello.
Las últimas semanas también había sucedido algo extraño, a lo que no dieron demasiada importancia achacándolo a despistes domésticos. En un par de ocasiones desapareció tabaco, pequeñas cantidades de dinero, algún objeto… Y unos días después volvían a aparecer en su sitio o el otro completamente inesperado.
¿Recuerdas el episodio sobre el rancho Skinwalker? Allí también comenzaron despareciendo objetos pequeños y herramientas, que luego aparecían en lugares inesperados… y acabaron desapareciendo cabezas de ganado…
Pues en este caso vuelve a suceder, en alguna ocasión, como veremos, incluso con alteraciones temporales.
El primer caso tuvo lugar a finales de septiembre, comienzos de octubre del 77.
En los últimos meses durante el día se habían dado algunos casos en los que el ganado que pastaba plácidamente en un campo, de repente se lanzaba en estampida hacia otro campo, sin importarle vallas electrificadas o cercas de púas. Una vaca tuvo que ser incluso sacrificada debido a las lesiones que se produjo intentando escapar de algo invisible que la aterrorizaba. El propietario de los terrenos colindantes con los suyos estaba empezando incluso a mosquearse por tanta invasión de sus parcelas.
En época de partos, Bill pasaba buena parte de la noche en los establos asegurándose de que todo fuese bien, que cada animal se encontrase en su cubículo y en buenas condiciones. Controlando los terneros recién nacidos, las madres gestantes, las que iban a tener un parto inminente y las que entraban en celo para ser inseminadas.
Le había llevado más de una hora hacer un pase de revista a las más de 100 vacas cuando salió del establo dejándolo todo cerrado y a unos 30 metros de la casa escuchó el sonido del teléfono en la granja. Era la 1 de la mañana., y extrañado corrió a cogerlo.
Era Martin Chambers, de una granja cercana. Diciéndole que sus vacas le estaban destrozando el terreno corriendo en estampidas entre sus establos y malográndole los sacos de grano que tenía apilados. Le dijo que llevaba casi una hora llamándole y no le contestaba.
Billy intentó hacerle ver que tenía que haber un error. Que él acababa de dejar sus vacas encerradas a buen recaudo en sus establos. Que tenían que ser de algún otro ganadero. Pero Martin conocía la marca amarilla y verde que identificaba las reses de los Coombs.
Billy hizo esperar un minuto a Martin, y salió, cruzando el patio del que ni siquiera había tenido tiempo de apagar la luz. Se asomó por encima de la puerta de los establos convencido de que ahí estarían sus reses, donde las había dejado hace unos minutos. Asombrosamente, los cobertizos se hallaban vacíos.
No le quedó otra opción que sin entender nada, irse hasta la granja de los Chambers a recoger su ganado. Lo cual, por cierto, tuvo que hacer andando, pues el coche no quiso arrancar.
Juntar el rebaño y devolverlo a sus establos le llevó cerca de una hora. ¿cómo es posible que las vacas hubiesen aparecido en la finca de Chambers y durante ese mismo tiempo estuviesen en sus establos?
Lo cierto es que la desaparición de todo el ganado y la reaparición en los terrenos de algún vecino les llegó a ocurrir incluso 3 veces en una misma jornada, sin que nadie desatase los candados para soltar a los animales. Incluso se dio un detalle. Entre una y otra de las escapadas llovió, y al desaparecer lo hicieron sin dejar una sola huella en el barro en el exterior del potrero.
A menor escala, le ocurrió que vacas aparecieron movidas de su establo individual, apareciendo en otro que estaba ocupado.
O que colocasen 16 vaquillas en un potrero para echarles el heno y que comiesen, y se alejasen 6 pasos, y a volver a mirar las vaquillas no estaban. Estas aparecieron inmediatamente en otro potrero situado al otro lado del patio.
Otro suceso digno de mención tuvo lugar el 12 de noviembre de 1977. Pauline conducía de camino a la granja tras recoger a Tina y a sus padres, que iban a pasar el día con ellos.
Entonces, su madre observó algo en el cielo, fuera del coche. Pauline frenó el coche y todos observaron. Tina bajó del vehículo e instó a su madre a salir. Se trataba de un disco plateado, bruñido, que reflejaba la luz del sol y permanecía suspendido en el cielo a poco más de 40 metros.
Entonces se dieron cuenta de lo realmente asustados que estaban los abuelos, y se dispusieron a reemprender la marcha en dirección a la granja. Pero antes de que arrancasen el coche, el objeto se elevó unos pocos metros, se detuvo unos segundos, y salió despedido en dirección al borde del acantilado. Luego se zambulló en dirección a un grupo de rocas que sobresalían del agua, que se llaman Stack Rocks y dejaron de verlo.
Por suerte, el coche no se estropeó esta vez, y al llegar a casa les esperaba Clinton con todos los chiquillos. Desde allí habían visto el objeto y el coche detenido, y después el ovni salir proyectado hacia el acantilado.
Tras unos momentos para calmar a los abuelos, Pauline, Tina, Clinton, Keiron y las gemelas se encaminaron hacia el acantilado para comprobar qué había ocurrido con el objeto. Cruzaron los dos campos hasta llegar al camino costero, el sendero que recorría los acantilados hasta Broad Haven. El grupo marchaba silencioso, y finalmente llegó al punto del camino desde el que pudieron observar el promontorio de rocas que asomaba del agua, aquella especie de islote con dos jorobas.
Aquella roca no tenía ninguna leyenda en especial, pero aun así tenía sus peculiaridades. Yermo, sin vida vegetal, no había sido poblado por los pájaros que ocupaban otros islotes de la zona. Aparentemente estaba tan vacía como siempre, pero de repente pudieron observar cómo entre las rocas aparecía la silueta blanca de lo que parecía un hombre enorme de 3 metros. Una silueta como la del ser de la ventana. Todos reaccionaron inquietos. Al de unos momentos, algo llamó la atención de Clinton. En una zona de la roca más elevada, aparecía otra figura igual a la anterior, pero lo extraño es que aparecía desde una sombra rectangular, que momentos después se iba estrechando hasta desaparecer. Como si fuese una especie de puerta corredera. Este segundo ser se dirigió hacia el lugar en el que se hallaba el primero. Este por su parte, había llegado a una especie de ensenada, que pareció cruzar sobre el agua. Mientras tanto, el segundo individuo se quedó mirando hacia los acantilados. ¿Quizá los miraba a ellos?
La instintiva reacción de Pauline fue meter prisa a su prole para regresar a la granja, abandonando cuanto antes el lugar. Cuando llegaron a casa, Pauline intentó quitar hierro a lo sucedido de cara a sus padres. Y cuando Billy llegó le contó lo sucedido.
La madre y el Padre de Pauline, nerviosos y angustiados, pidieron a Billy ser llevados de vuelta a su casa, a la vez que sugerían a su hija que debería coger a su familia y abandonar el lugar.
Ya a solas, Billy y Pauline decidieron que aquello había llegado a un límite y que al día siguiente comentarían la opción de abandonar la granja.
El episodio que voy a narrar a continuación, hay que cogerlo con cautela. Esto que voy a narrarte aparece en el libro «the uninvited», de Harold Clive, en el que asegura que mantuvo una estrecha relación con la familia. Pero, así como el resto de los pasajes de la historia se mencionan de forma más o menos similar en las versiones de otros autores e investigadores, este no aparece en ningún otro relato, y podría ser una licencia literaria.
Según su relato, esa noche, Pauline se acostó agotada tras los sucesos del día. Los niños habían consentido en irse a dormir con la condición de hacerlo con las luces encendidas y las puertas abiertas.
Billy también dormía ya, pero ella, quién sabe si de puro agotamiento no conseguía conciliar el sueño. En un momento determinado fue consciente de que le molestaba el reflejo de la luz de los niños, pero sintió que levantarse y cerrar la puerta hubiera sido faltar a su palabra.
Por momentos esa luz que le molestaba se iba haciendo más intensa, y de repente, Pauline se dio cuenta de que ya no se encontraba en su habitación. Ni siquiera se encontraba tumbada, sino que estaba sentada con un tubo de plástico transparente que salía de su brazo. LA luz que casi no la dejaba ver comenzó a atenuarse y entonces pudo ver que estaba en una especie de banco de plástico que se unía a la pared formando un semicírculo en una habitación abovedada. También vio una especie de panel con luces de colores, y una silueta sentada frente a él.
Poco a poco podía descubrir en el otro extremo de la habitación dos señoras con falda y jersey de color oscuro, y pelo largo oscuro también.
Podrían, por su extraño aspecto ser la versión en femenino de los atemorizadores seres que les habían visitado buscándola cuando ella no estaba en casa.
Llegó a pensar que estaba soñando, pero el camisón que llevaba puesto coincidía, y aún sentía en la boca el sabor del último cigarro y del vaso de cacao que había tomado antes de acostarse.
También pudo observar donde terminaba el banco, una especie de entrada. Se fue deslizando para acercarse y pudo comprobar que se trataba de una especie de rampa que daba a un camino que podía perfectamente ser el del acceso de su granja. Y en el camino vio a 5 mujeres, mujeres a las que no pudo reconocer, que caminaban silenciosas hacia la rampa.
Cuando desvió la mirada de la rampa, pudo ver que una de las extrañas mujeres que se encontraban en la nave, las de ojos claros que no parpadeaban, piel cerúlea, y cara inexpresiva que la observaba de cerca.
Y pese a lo terrorífico de la situación, Pauline supo que no tenía que sentir miedo. Que aquellos seres no pretendían causarle daño a ella ni a su familia. Simplemente supo que no tenía por qué preocuparse, y que ya se iba a casa. Entonces sintió que se estaba marchando de allí. Cegada por la brillante luz hasta el punto de tener que cruzar los brazos sobre los ojos. Hasta que la luz se oscurecía, y volvía a sentirse tumbada en su cama, acurrucada en la espalda de Billy y con la luz de la habitación de los niños que se colaba a través de la puerta abierta. Sonrió y se durmió.
La mañana siguiente se levantó, preparó un desayuno en la cama para Billy. No comentó nada de su vivencia de la noche anterior. Su marido pensó que ella buscaría un momento durante el día para hablar del tema de la mudanza, pero lo cierto es que ella esquivó el asunto y sugirió un plan de noche: Irían a cenar a casa de sus padres, y después de cenar, los niños se quedarían un rato con los abuelos mientras ellos salían a tomar una copa. Después regresarían a la granja.
Billy se sintió un poco extrañado por el deseo de Pauline de transitar los caminos y carreteras de noche, y más aún cuando tras la experiencia del día anterior, les dijo a sus padres que volvieran a la granja cuando quisieran, pues allí todo estaba ya en orden.
Durante el rato que salieron a tomarse la copa, ella también esquivó el tema de la mudanza. Billy no entendía nada.
Durante el regreso a casa, fue Keiron el que dio la voz de alarma: «Mamá… mira ahí arriba.»
Pauline, en lugar de ponerse nerviosa, que es lo que hubiese cabido esperar tras las experiencias anteriores, Simplemente volteó la cabeza y le dijo: ¿Qué pasa amor?
Entonces Layann también lo vio. Y Pauline, con emoción, pero sin miedo, y Billy, … Todos lo habían visto ya. Un punto de luz amarilla que se acercaba, alejaba, ascendía, descendía,…
Finalmente desapareció tras unos árboles que quedaban no muy lejos de la granja.
Cuando llegaron a casa la vieron. Sobre los establos se encontraba suspendida una enorme bola luminosa naranja.
Pauline se bajó del coche, seguida de Billy y de los niños, y comenzó a caminar hacia los establos. Todos la siguieron, sin miedo.
Cuando se encontraban detenidos junto a los establos, Pauline hizo un comentario con respecto a la hermosura de lo que estaban viendo, y mirando por encima del hombro a los chicos les dijo: «Observad». Cuando ella volvió nuevamente la cabeza hacia el objeto, este comenzó a bambolearse a medida que ascendía. Se detuvo unos segundos, y salió disparado hacia el cielo hasta perderse entre las estrellas.
Los ojos de Pauline se habían bañado en lágrimas. Entraron en la casa y Billy preguntó: Se acabó, ¿no? Y Paulina asintió, contándoles que lo había sabido tras lo sucedido la noche anterior. ¿Quizá había sido un sueño? Un sueño que le había dejado una marca de pinchazo en el brazo, en el lugar del que salía un tubo de plástico.
Y esta es, a grandes rasgos, la historia de la familia Coombs. Pero como te comentaba al principio, además de las vivencias de esta familia, fueron muchos los lugareños que por esa época tuvieron encuentros. Según el periodista David Clarke, se llegaron a dar más de 400 avistamientos, llegándose a calificar como auténtica oleada y a llamar aquella zona «El triángulo de Broad Haven».
Si el primer avistamiento de Pauline Coombs fue en enero del 77, ya en diciembre se habían dado avistamientos de luces, objetos con forma de platillo e incluso humanoides en la zona. Eran casos aislados con uno, dos, o tres testigos, que en ocasiones no veían el objeto desde el mismo punto. Avistamientos que habían sido puestos en algunos casos en conocimiento de la BUFORA, la Asociación británica para la investigación de los ovnis.
Un sobrino de los Combs, Mark Marston, de doce años también tuvo un encuentro en un camino solitario, con los altos seres de ropajes metalizados, antes incluso de saber que sus familiares estaban experimentando encuentros en su granja.
Pero quizá el avistamiento que más dio que hablar en esa oleada, fue el que tuvo lugar por parte de los alumnos de la escuela de Broad Haven. El 4 de febrero de 1977, 14 niños que entonces tenían 10 años, regresaron apresurados del recreo diciendo que habían visto un ovni en una zona de árboles alrededor de la escuela. Una especie de platillo volante con una cúpula. El director no les presto mucha atención, pero cuando los niños salieron y se corrió la voz, la prensa vino a visitarlos. Entonces el director separó a los 14 niños y les hizo dibujar y escribir lo que habían visto. Las coincidencias fueron suficientes como para pensar que realmente habían visto algo.
Otra testigo que en varias ocasiones tuvo avistamientos fue Rose Granville, que regentaba el hotel Haven Fort.
Ella, además de ver en sus propios terrenos desde su ventana el aterrizaje de un ovni y la presencia de dos humanoides de gran altura y trajes plateados, también vio esferas luminosas naranjas sobre los campos, y recibió la visita en el hotel, estando ausente, de dos seres con extraño aspecto que podrían ser los mismos que preguntaron por Pauline en la granja de los Coombs. También fue testigo desde su hotel, gracias a que este se encuentra en un alto, del avistamiento del ovni que descendió en Stack Rocks, y de la aparición de los humanoides, que observó a través de unos prismáticos. Durante el tiempo que duraron estas vivencias, mantuvo contacto con Pauline Coombs, pues eran conocidas desde la llegada de Rose, de origen español, a Gales.
Rose llegó incluso a hacer una reclamación a Nicholas Edwards, el representante parlamentario que les correspondía, después de su avistamiento para que interpelase si el ministerio de defensa o la fuerza aérea sabían algo de lo ocurrido.
Tras esto, Rose recibió la visita de un oficial de la RAF que le invitó a responder un largo cuestionario por escrito, y posteriormente le pidió que no hablase con nadie de lo sucedido.
Después, recibió una carta del representante parlamentario, Nicholas Edwards, en la que le hacía llegar la respuesta recibida a su interpelación por parte de James Wellbeloved. Que, aunque tiene nombre de pienso para gatos, fue subsecretario parlamentario del ministerio de defensa y le comunicaba que no podía darle información sobre el particular, pues no tenían registro de actividades inusuales por el área.
El oficial de la RAF que visitó a Rose y la interrogó, revisando también el lugar del presunto aterrizaje del objeto que había visto, era el teniente Cowan, un oficial de la RAF Brawdy, que en su informe mencionó que no descartaba la posibilidad de que un bromista estuviese merodeando por la zona, pues la descripción del atuendo de los seres que se estaban dejando ver coincidía con la de los trajes de protección ignífugos en las instalaciones de refinado de petróleo en Milford Haven.
Un empresario local, Glyn Edwards, en 1996 confesó que durante 1977 había estado paseándose por ahí con un traje antincendios a modo de broma. ¿Podría ser esta la explicación del enigma?
Y a estas alturas de la historia, como suele ser habitual cada vez que meto las narices en un caso de este tipo, me surgen preguntas y dudas a las que no consigo dar respuesta:
Pensando en la oleada, en estos casos tan multitudinarios siempre me pregunto lo mismo: ¿Qué fue lo que vio tanta gente? Hablamos de más de 400 incidentes en el condado en un lapso de tiempo relativamente corto. ¿Se trataba de la confusión con algún fenómeno natural? ¿Y por qué no ha vuelto a repetirse? La gente habla de objetos físicos que aterrizan, que despegan, que están detenidos en el cielo y luego empiezan a moverse… ¿Con qué fenómeno podemos relacionarlo?
Estamos hablando de los alrededores de instalaciones militares, como la base de la RAF Brawdy, un campo de misiles, una estación de rastreo de submarinos norteamericana …
¿Puede ser que lo que vieron los testigos fuese algún prototipo secreto? Respecto a esto, me pregunto lo de siempre… ¿Por qué entonces 40 años después, esa tecnología avanzada para la época que permitía hacer estacionarios silenciosos, giros en ángulo recto, y aceleraciones capaces de reventar a un ser humano, entre otras cosas, no ha dejado de ser un prototipo para producirse en serie? Y en caso de tratarse de pruebas o experimentación militar, ¿Por qué habían de realizar una investigación, tal y como después salió a la luz, si ya conocían el origen de lo que los habitantes estaban reportando?
¿Quizá se trató de una especie de histeria colectiva? Quizá podríamos decir que, contagiados por las noticias de avistamientos en la zona, se podrían haber dado confusiones en caso de avistamientos lejanos, … Pero… ¿Y las visiones cercanas? ¿Qué o quienes eran aquellos individuos enormes con trajes plateados que merodeaban alrededor de objetos con forma de platillo volante que aterrizaban y despegaban de los campos? ¿invenciones? ¿y en más de 40 años, nadie ha reconocido haberse inventado un avistamiento?
Como antes he dicho, Si que hubo quien dijo haberse disfrazado para pasearse por ahí con un traje antiincendios…Pero eso no explica la aparición de seres que sobrepasaban de largo los dos metros. ni de los ovnis en los que llegaban y se marchaban en algunas ocasiones.
Con respecto al avistamiento más mediático de la oleada, el sucedido en la escuela de Broad Haven, las explicaciones se encaminaron a la posibilidad de que los niños hubiesen visto un remolque cisterna vaciando purines de forma ilegal en un arroyo.
El problema es que estos chavales, vivían en un entorno en el que los tractores y todos los remolques que habitualmente se utilizaban en la zona, tradicionalmente ganadera, eran algo con lo que estaban familiarizados, y el lugar en el que se avistó el objeto, era de muy difícil acceso incluso para los vehículos agrarios.
Eso incluso obviando que alguno de los menores afirmó que el objeto se desplazaba flotando, o que otros aseguraron haber visto algún ser alto y delgado en los alrededores de este.
¿Era entonces un remolque u otra cosa?
Respecto al tema en el que nos hemos centrado, la familia Coombs, lo cierto es que y nos encontramos ante un verdadero catálogo de fenómenos: Encuentros de todos los tipos posibles, según la clasificación de Hynek. Desde luces que evolucionan en el cielo, hasta objetos aterrizados. Presencia de seres asociados a esos objetos e incluso una supuesta abducción.
Una abducción en la que, por cierto, se sugiere que más mujeres son abducidas, insinuando quizá algún tipo de experimentación.
Episodios de visitantes de dormitorio.
Aparición de unos individuos que podrían ser incluidos dentro del fenómeno de los «hombres de negro», debido a sus características y a su extraña actitud.
Una serie de alteraciones energéticas que estropearon la circuitería eléctrica de los vehículos de la familia. Recurrentes averías en el televisor, probablemente el electrodoméstico más sensible en la época a las subidas y bajadas de tensión. Bombillas que se fundían constantemente, consumo eléctrico desmedido…
Y la fascinante Idea de la posibilidad de la existencia de una base escondida en el mar a la que se accede a través de una puerta oculta en un islote.
¿No te parece increíble?
¿Cabe la posibilidad de que la familia, o quienes luego publicaron las posibles experiencias, hayan «adornado» el caso, incluyendo fenómenos, tal y como comentábamos antes con motivo de la supuesta abducción?
Lo que parece ser es que los Coombs no buscaban ningún tipo de notoriedad, y de hecho los pocos autores que han escrito sobre el caso, afirman que eran reacios a la divulgación de sus vivencias. Y salvo alguna aparición en los medios debido, según he leído en algún lugar, debido a que se filtró su experiencia con el ser de la ventana, no volvieron a tener presencia mediática.
Aun así, a mí me cuesta mucho asimilar semejante derroche de fenómenos en un mismo caso. Además de ese desenlace de película con final feliz. ¿Qué el fenómeno OVNI tiene su matiz de absurdo incluso en los casos más verosímiles? Cierto.
Pero, aunque igual me equivoco, veo cierto tono de amarillismo en la historia.
Quizá no en los protagonistas, ya que imagino que el caso tendrá una base real. Siempre se ha dicho que cuando el río suena, agua lleva. Pero posiblemente si en los divulgadores. Por lo que, nuevamente recurriendo al refranero popular, me quedo con un «ni tanto ni tan calvo». Aunque ojo, es mi opinión. Jamás me atrevería decir que tengo la respuesta absoluta.
Como siempre, solo puedo darte un consejo. Reflexiona, consulta, bebe información de todas las fuentes que puedas. Y si puedes, investiga. Quizá así puedas desvelar el factor enigma que descifra este caso.
Yo, por mi parte, ahora debo dejarte. Vuelve cuando quieras, que estaré encantado de recibirte y contarte más historias.
Por lo demás, te recuerdo que, si tienes algo que contarme o quieres dejarme tu opinión sobre el caso, puedes hacerlo a través Facebook, Instagram, Twitter, Telegram y por supuesto de los comentarios y la comunidad de Ivoox. Suscríbete a este podcast para estar al día cuando publique nuevos episodios y no olvides darle al me gusta, para que así, este humilde curioso sepa que estás ahí y siga contándote cosas.
Me gustaría dedicar este primer episodio en mi regreso a la memoria de dos personas que han dejado su huella en mí y han partido hacia nuevos horizontes en este tiempo de mi ausencia: Mi añorado Alex, colega del mundo del micrófono y el misterio, y mi querida Itzi, que siempre tenía una bonita palabra para este podcast. Los dos, por encima de todo, bellas personas. Allí donde estéis, espero que hayáis desvelado el factor enigma que desvela todos los misterios. Os quiero.
Respecto a ti, Te deseo que hasta nuestro próximo encuentro seas feliz, y que jamás dejes de maravillarte ante el misterio.