Fecha de publicación: 22/Junio/2022

Duración: 31:33

El 29 de Julio de 1977 México DF despertaba con unas extrañas bolas de fuego sobrevolando la ciudad. Varios estados Mexicanos confirmaban el avistamiento, y en Puebla se hablaba de la caída de un objeto en la Sierra Norte. ¿Qué estaba ocurriendo?

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NOTA: Texto registrado en el RPI

¡Hola! ¿Cómo estás? ¡Muchas gracias por volver a visitarme, una vez más, es un placer recibirte por aquí y charlar contigo! Como siempre te doy la bienvenida a este pequeño rincón, donde entre libros, documentos, legajos, y cajones llenos de pruebas y objetos asombrosos, repaso junto a ti los más misteriosos sucesos. 

El de hoy es un caso bastante controvertido, pues hay quienes lo dan por perfectamente explicado, y hay quienes dicen que esas explicaciones no cuadran y que tiene que haber algo más, aún sin explicar. En lo que a mí respecta, como siempre tengo mis dudas. Es posible que sea porque, aunque este sea un caso clásico, nunca me haya dado por estudiarlo con detenimiento. Quizá cuando acabe de revisar y poner en perspectiva toda la información que encuentre consiga aclararlas y me decante por una cosa o por otra… Y ojalá esa información también te sirva a ti.

Una vez más, vamos a volver a los OVNIS. Al que quizá sea uno de los casos más emblemáticos de la América latina. Tuvo lugar en una época en la que los sucesos OVNI aparecían en la prensa como una noticia más. Evidentemente con un tinte más o menos amarillista según las características de la publicación, pero incluso la prensa seria hacía referencias a los avistamientos.

Una mañana de Julio, en plenos años 70, multitud de personas en la Ciudad de México veían pasar sobre sus cabezas unos cuerpos luminosos que no podían identificar, y momentos más tarde, en el Estado de Puebla, numerosos testigos afirmaban haber visto estrellarse algo que caía del cielo.

Este fue un caso muy multitudinario en cuanto al número de testigos, por lo que fue mucho lo que se publicó a nivel periodístico, y al ir recopilando material para su revisión, hoy en día, 45 años después, me he encontrado en internet muchos comentarios del tipo:  Yo lo viví siendo un niño, o yo era un joven que quiso acercarse con unos amigos, y los militares nos impidieron aproximarnos a la zona… ¿Serán comentarios reales o inventados por gente que quiere mantener viva la historia?

¿Qué te parece si tomas asiento y te preparo un té caliente? Podemos, si quieres, revisar juntos toda esta información sobre el supuesto accidente OVNI de Puebla, México, en 1977. Quizá así podamos sacar alguna conclusión.

Ciudad de México, por aquel entonces llamada México Distrito Federal, amanecía aquel viernes como cualquier otro. La actividad de la ciudad ya se dejaba percibir a pesar de que aún faltaba algún minuto para las 6 de la mañana.

Innumerables personas, individualmente o en grupo, y desde múltiples lugares, estaban viendo 3 ovnis aparentemente en llamas cruzando el cielo a gran velocidad. Se estima que fueron

Las centralitas de periódicos, revistas como «Contactos Extraterrestres» o «Duda», o el magazine de televisión «Hoy mismo” presentado por Guillermo Ochoa y Lourdes Guerrero recibieron una ingente cantidad de llamadas de testigos del vuelo de los objetos.

Las descripciones variaban en ocasiones según el punto de observación, pero era innegable que algo ocurría en el cielo.

Junto al Palacio de los Deportes se concentraban numerosas personas esperando para realizar el examen de la Escuela Nacional de Educación Física, y quedaron asombrados por el espectáculo.

Pero si hubo un testigo de excepción fue el objetivo de la Arriflex II del camarógrafo (hoy probablemente le llamaríamos director de foto) Javier Cruz.

Se encontraba en una azotea esperando las condiciones apropiadas de luz para realizar la toma final de la película Picardía Mexicana. Cuando aparecieron las luces, y el fenómeno le pareció interesante, por lo que lo filmó, dando como resultado una toma de unos 20 segundos de imágenes registradas en negativo de 35mm con una cámara profesional, con un objetivo zoom profesional, sobre un trípode profesional y operada por un fotógrafo profesional.

Hay dos versiones de como transcurrió esto: la que aparece en la literatura, que dice que la azotea estaban Javier Cruz, la actriz Jaqueline Andere, el actor y cantante Vicente Fernández, el guionista Armando Jiménez, el director Abel Salazar, el productor Alfredo Ripstein, y así hasta 15 personas. Entonces el director vio los OVNIS y dio orden al fotógrafo de que los filmara.

En la versión de Javier Cruz, asegura que él estaba en la azotea (un cuarto o quinto piso sin ascensor) con algún miembro del equipo de producción y algún técnico, y que los actores, el director etc., estaban en la calle, que era donde transcurría la acción, lo cual tiene todo el sentido, si se ve el plano en la película. Se comunicaban por radio y el director estaba un poco mosca porque estaban pasados de tiempo. Pero Javier Cruz estaba esperando las condiciones de luz apropiadas para que la toma fuese válida.

Entonces el propio Javier al mirar al cielo para ver cómo iba la cosa, vio las luces y comenzó a rodar, sin orden de nadie.

Ese metraje fue comprado por la agencia gubernamental de noticias, Notimex, que era dirigida por Pedro Ferríz Santacruz, que era gran estudioso de los OVNIS, y que entrevistó personalmente a Javier Cruz.

Desde ámbitos oficiales también hubo testigos del suceso.

Desde el aeropuerto Internacional de Zihuatanejo, en la costa, a 320 km de Ciudad de México, hubo dos confirmaciones: Una por parte de un radio operador, Hernández Moncada y de un despachador de vuelos de la torre de Control Daniel Álvarez.

El operador de radar pudo ver tres ovnis de Norte a Sur, a una altura aproximada de 4.800 metros. Se trataba de una masa brillante de forma redonda, con otras dos masas más pequeñas a sus lados, como «tratando de detenerla». Estas dos, haciendo un giro de 180 grados, regresaron a una velocidad vertiginosa.

De repente la masa grande produjo una explosión formándose 4 partes sin reducir su tamaño y dejando durante cinco minutos una estela como la de un cometa.

También se dieron informes desde aviones en vuelo sobre Oaxaca, incluso sobre las costas de Veracruz y Campeche, por lo que es probable que el fenómeno llegase hasta el mar.

El 15 de agosto, en el diario «La Prensa» se aseguraba que uno de los ovnis vistos, había estallado, cayendo parte de él sobre la Sierra Norte de Puebla,

Y es más o menos aquí cuando podemos comenzar a separar el camino del caso en dos vertientes que vamos a llamar «la corriente A» y «la corriente B». Si consultamos a unos, te dirán que ellos son escépticos y los otros unos magufos creyentes, y si consultamos a los otros, te dirán que ellos son investigadores, y los otros negacionistas…

Publicaciones con más o menos credibilidad, algunas más amarillistas que otras, publicaban informaciones como que la Sierra Norte de Puebla había sido tomada por completo por el ejército mexicano, que había cercado la zona, la NASA e incluso la CIA. Hubo quien comentó que habían cargado el OVNI en un camión y se lo habían llevado a saber dónde. ¿Quizás al área 51, aunque entonces no era admitida su existencia? Se hablaba de la existencia de un ovni accidentado y de alienígenas que no dudaban en interactuar con los humanos.

Uno de los primeros en acercarse a la zona, por lo menos hasta donde se puede acceder en coche, fue el ufólogo Fernando J. Tellez. Tellez es un ufólogo mexicano, que, de joven, casi adolescente, vivió un tiempo en Barcelona, donde perteneció al Centro de Estudios Interplanetarios. De hecho, a su vuelta a Mexico, continuó como corresponsal de la revista Stendek. Sus referentes son Antonio Ribera, Hynek, Jacques Vallée, y más localmente el mexicano Pedro Ferriz Santacruz.…

Pues eso, que me desvío, Fernando J Tellez se acercó hasta donde llegaba entonces la carretera en la Sierra Norte de Puebla, pero no consiguió sacar nada en claro, ni ovni ni cerco del ejército, pese a llevar, como él dice, un dinerito en efectivo aportado por Ariel Rosales el director de la revista «Contactos Extraterrestres» para recompensar a quien lo llevase hasta el lugar donde estaba el ovni. No hubo quien se ganase la recompensa.

Otros investigadores, como el exjesuita Salvador Freixedo, también aseguran que investigaron el suceso.

El investigador gallego menciona en su libro «La amenaza extraterrestre» que el mismo fue testigo de cómo la caída de un ovni en puebla, en 1976 (aquí hay un error en la fecha) fue ocultada por el ejército, y que se le impidió acercarse como a quienes intentaban llegar hasta lo que desde la lejanía parecía un silo inclinado y hundido en la tierra.

En el mismo libro, Freixedo menciona que posee un trozo de lo que quedó tras la implosión de un ovni en la serranía de puebla, y que le fue entregado por un contactado que como en otras ocasiones esperaba la llegada del ovni. Según Freixedo, al contactado se le caían las lágrimas, pues había perdido a sus amigos. ¿Se está refiriendo en este pasaje al suceso del 29 de julio de 1977?

Dice haber llevado a analizar el fragmento, y que se trata de un material rico en titanio que emite bellos fulgores de color azul metálico.

Alguno de los investigadores de los que voy a hablar a continuación, de un corte más escéptico, no dudan en asegurar que es imposible que Freixedo estuviese allí, cuando el mismo escribió para la revista en la que ellos trabajaban, que en aquellas fechas de 1977 estaba en Caracas dando conferencias.

Otras expediciones que recorrieron la Sierra, pero en estas ocasiones adentrándose en ella más allá de donde acababan las carreteras fueron también promovidas por la revista «Contactos Extraterrestres» y formadas por los investigadores Pablo Latapí Ortega, Héctor Chavarría, Mario Herrera y otro ufólogo llamado Jairo cuyo apellido, de momento no he conseguido averiguar. Estas se hallan descritas en el libro ¡Impacto! «La historia del caso Puebla» de Héctor Chavarría.

Lo cierto es que adentrase en la Sierra no era cosa sencilla, había que andarse con cuidado con los habitantes de la zona, muchos de ellos fanáticos católicos que no tenían demasiado problema en sacar el machete a aquel que oliese a comunista. O con las guerrillas que en alguna ocasión utilizaban esos agrestes parajes.

Uno de los primeros testigos con los que se entrevistaron fue Nazareo Moreno. Este dijo que la mañana de autos vio tres luces: Primero dos, y una tercera que las iba persiguiendo. Tras alcanzarlas salió volando velozmente desprendiendo chispas hacia un cerro llamado «Tres Cruces».

Aunque se dijo que, en ese cerro, algo se había estrellado, no se encontraron pruebas de tal estrellamiento, aunque fueron encontradas algunas zonas de pasto quemado.

Los investigadores no se cruzaron con el ejército en sus pesquisas, pero lo cierto es que encontraron huellas de su paso al toparse con restos de campamentos e improvisados helipuertos en los que un círculo con una H en medio dibujados con cal se iba desvaneciendo.

Un sacerdote local, llamado Gabriel, dijo a los expedicionarios que el ejército había estado por la zona, pero que él creía recordar que había sido anteriormente al avistamiento de los objetos.

Los enviados de la revista «Contactos extraterrestres» constataron lo que llamaron el «síndrome compadre».

Todo el mundo les contaba asombrosos sucesos vistos o vividos por «un compadre» o «el compadre de un compadre», pero nunca encontraban testigos directos de cosas tan alucinantes como que los extraterrestres, con su nave averiada, necesitaban unos rodamientos que fueron pedidos a la capital. Mientras llegaban los repuestos, se decidieron a echar un partidillo de futbol contra los locales. Pero estos extraterrestres debían tener poco sentido de la deportividad, pues hacían trampa con alguna especie de campo electromagnético que impedía que los balones alcanzasen la portería, sin ni siquiera poner un portero.

Según esta historia, para cuando llegó el Ejército, el partido había terminado, los repuestos habían llegado, la nave había sido reparada, y los extraterrestres se habían marchado.

Otro local aseguró que los extraterrestres eran grandes y feos, y capaces de comerse una vaca de un solo bocado, y que habían causado innumerables bajas en los rebaños de la zona. Pero no sólo comían vacas. Se decía que una mujer a la que todos decían conocer, pero ninguno supo localizar ni poner nombre, aseguraba que los extraterrestres se habían comido a su marido.

Otro «suceso» con aire picante y vodevilesco era contado por los lugareños: Una arqueóloga o antropóloga norteamericana, con aspecto de muñequita Barbie, había sido secuestrada por los extraterrestres para una kermesse erótico-festiva. Y que, a pesar de sus iniciales reticencias y resistencia, finalmente había cedido a los encantos de aquellos alienígenas con aire nórdico adamskiano, decidiendo quedarse con ellos en lugar de regresar con su novio, un exmarine que abandonó la sierra asegurando que volvería con una compañía completa de los marines de Estados Unidos para desfacer el agravio. Esta historia, al parecer era narrada con todo tipo de detalles que aquí no vienen a cuento, pero en los que se mencionaba el qué, el por dónde y todo con pelos, señales y tamaños…

Estos son un par de ejemplos de las cosas que se contaban en la zona del supuesto estrellamiento del OVNI. En ocasiones acompañadas de la venta de «Sangre extraterrestre», o supuestos fragmentos de platillo volante o una falsa fotografía de una nave espacial incrustada en un terreno que si siquiera era de la zona.

Lo cierto es que los expedicionarios fueron guiados «hacia la nada» en un par de ocasiones, pero parece ser que finalmente llegó la pista correcta…

Entre finales de 1977 y principios de 1978 llegaron a la redacción de la revista dos cartas, por correo, no por lechuza, remitidas por 3 maestros de Escuela Rural del poblado Filomeno Mata: Wenceslao González Castelán, Mateo Lechuga y José Cortés.

Informaban de que en la cercana Jopala había caído al suelo una «chispa» desprendida del objeto del 29 de Julio, y que el fragmento era guardado en el pueblo.

Dado que había 3 localizaciones con el nombre de Jopala en la sierra Poblana, Los investigadores se dividieron, y fue Pablo Latapí Ortega el que encontró lo que andaban buscando.

Este no pudo hablar con el testigo principal de la caída del objeto, pero sí que consiguió que Don Antonio Hernandez García, que era el presidente municipal, le obsequiase con una pequeña muestra de metal fundido desprendido de la lámina principal.

Un fragmento a todas luces insuficiente para realizar un análisis en condiciones, y que finalmente acabó siendo regalado a Pedro Ferriz Santacruz.

Se planteó una nueva excursión con Pablo Latapí y Héctor Chavarría para hacerse con un trozo más grande de aquel resto caído del cielo.

Los investigadores llegaron a Jopala acompañados por los maestros rurales que les habían puesto sobre la pista.

Allí se vieron con Miguel Cruz, el lugareño que había escuchado un fuerte ruido y en cuyo asoleadero o secadero de café, había caído aquel objeto al rojo vivo.

Miguel tuvo que esperar a que el objeto se enfriara para poder envolverlo con unos sacos y llevarlo a la iglesia, donde el cura se negó a recibirla e hizo entrega de ella al presidente municipal, D. Antonio Hernández García. Este la guardó en un arcón de madera y ahí acabó depositada.

Al ir a hablar con el presidente Municipal, resultó que en esta ocasión no se encontraba en el pueblo, por lo que tuvieron que tratar el asunto con unos «delegados municipales», que eran menos campechanos que el presidente titular…  Sometieron a los dos investigadores a un interrogatorio sobre intenciones, tendencia política, religiosa…

Finalmente, los delegados fueron convencidos del interés meramente periodístico y científico de los investigadores y aprobaron que tomasen una muestra mayor del fragmento metálico, si podían cortarlo.

Así que sin mucho miramiento y antes de que aquellos hombres cambiasen de opinión, a golpe de martillo y cincel, partieron la lámina por la mitad, les dieron las gracias, brindaron con ellos, y se marcharon del pueblo.

El análisis dio por resultado que el metal era sobre todo hierro, pero en una aleación con los siguientes componentes:

0.28% de carbono, 0.84% de Manganeso, 1.13% de Silicio, 0.77% de Cromo, trazas de Niquel, Molibdeno y Cobre.

En la lámina se apreciaba una fina «cáscara» grisácea que en un principio se confundió con pintura, pero que acabó resultando el producto de una oxidación por calor, debido a las altas temperaturas soportadas en la «caída».

La aleación no era conocida, y lo más parecido era el Acero 401-75 al Cromo Silicio. Utilizada para la fabricación de muelles de alta resistencia, y en ocasiones para armas cortas de filo.

Lo describieron como «una pieza rara, para un uso raro».

Héctor Chavarria recorrió las embajadas de EEUU, la URRSS y China, para consultar si el avistamiento podía haber sido causado por la reentrada de chatarra espacial, pero evidentemente, en plena Guerra Fría, recibió la callada por respuesta.

Con el tiempo, Héctor Chavarría, que trabajó estrechamente con la Inteligencia del Ejército Mexicano, accedió a información de que el Ejército había realizado el Ejercicio Puebla 77, que consistía en maniobras en la zona antes de que tuviera lugar el suceso, y que se estaban terminando de retirar cuando ocurrió. Si que utilizaron helicópteros buscando señales de caída de algo, pero no encontraron nada de interés.

Respecto a la NASA, la misma fuente le informó de que la agencia había desarrollado un sistema de búsqueda de vida vegetal extraterrestre, y estaban haciendo pruebas en la sierra de Puebla, ayudando al ejército a localizar plantaciones de droga en las cuevas de la zona.

Ya en 1990, Héctor Escobar, psicólogo y miembro del SOMIE (Sociedad Mexicana para la investigación escéptica) de la que también formaban parte Chavarría, Latapí, y otros, dirigió una carta al comando de defensa aeroespacial de Estados Unidos, el NORAD, en la que proporcionaba datos sobre el caso, y solicitaba información sobre qué podía haberlo causado.

La respuesta no tardó en llegar: Aquel día, a aquella hora, y en aquella zona, lo único que podía haber causado el evento fue la reentrada en la atmósfera de la etapa final del cohete soviético que puso en órbita el satélite Cosmos 929, lanzado desde el cosmódromo de Baikonur el 17 de Julio de 1977. El cohete se trataba concretamente de uno del tipo Protón K.

Parece que el Ovni de Puebla del 29 de Julio de 1977, tenía su explicación.

Quizá en este caso me surjan menos dudas que en otros. Es más, quizá es posible que sea el primer caso de «El factor enigma» que cierro con la sensación de que ha dejado de ser un misterio.

Quizá me equivoque y el caso tenga ramificaciones que se me escapan. Pero lo cierto es que la explicación de la reentrada de un fragmento de chatarra espacial, aparentemente identificada puede cuadrar con lo visto por los testigos y con la prueba recogida.

Por otro lado, los testigos directos solo hablan de objetos ardientes en el cielo, y como mucho, la caída de restos. Siguiendo el reguero de testimonios, también cuadra que el resto del objeto, si no se desintegró, acabase hundiéndose en el mar. Esto también cuadra con la teoría de la reentrada de chatarra especial.

En cambio, en lo referente a testimonios como el del «partido de futbol Inter planetario», o la arqueóloga que deja a su novio por los alienígenas, no hay testigos directos, sino que siempre es como decíamos, un compadre de un compadre…

En este caso, hay que reconocer que los mismos que dan el asunto por zanjado, son los que efectivamente se mancharon las botas en in a investigarlo in-situ en el momento de suceder y posteriormente. Por lo que en principio no podemos negarles que su información es de primera mano.

Tiene sentido que, si se reporta una explosión en el aire y la caída de algo, el ejército revise la zona con helicópteros por si se trata de un accidente, o por si hay daños…

Tiene su lógica, que, en plena guerra fría, los rusos no diesen información sobre lo que estaban haciendo en el espacio, ni los gringos desvelasen que tenían bajo control lo que los rusos lanzaban al cielo, por si las moscas, pero es posible que 13 años después, ya con la URRSS a punto de desaparecer, esa información ya era conocida y no tenía demasiado sentido mantenerla en secreto.

Quizá queden hilos pendientes, como las declaraciones de Salvador Freixedo, o el argumento que presenta el investigador Alfonso Salazar, que dice tener el testimonio de un inspector de aviación que asegura que los ovnis hicieron un giro de 45 grados, o que argumenta que el Dr. Allen Hynek llegó desde estados unidos a estudiar el caso enviado por el presidente de los EEUU Gerald Ford. Aunque a esto último hay dos cosas que decir… Hynek trabajó para el gobierno de EEUU hasta el final del Proyecto Libro Azul, en 1969. Después, sus investigaciones fueron por su propia cuenta. Y Ford fue presidente hasta enero de 1977. Cuando sucedió el caso de Puebla, en julio del 77, el presidente era Jimmy Carter.

Salazar no se fía de que el NORAD enviase, así como así, la información sobre la reentrada del cohete propulsor del Cosmos 929, y sospecha que esa carta pueda ser un fraude de los investigadores escépticos. Pero ¿Por qué 13 años después? Además, buscando los códigos que aparecen en esa carta, los datos coinciden con parte del cohete del cosmos 929, con lanzamiento el 17 de Julio de 1977 y reentrada el 29 de Julio.

En ocasiones, como alguna vez he comentado, hay explicaciones a casos ovni que están metidas con calzador, o son más difíciles de creer que la propia existencia de un fenómeno cuya explicación desconocemos.

 

Pero lo cierto es que, en este caso, veo que toda la corriente fluye en la misma dirección y la balanza se inclina hacia un mismo lado. ¿Se podría decir que lo visto en Puebla fue un OVNI hasta que dejó de serlo? Creo que, en esta ocasión, hemos llegado a desvelar el Factor Enigma de este caso. Aunque quizá me pueda equivocar, o quizá no estés de acuerdo conmigo…

Pero como no siempre tenemos la suerte de acabar con un caso resuelto, solo puedo darte un consejo. Reflexiona, consulta, bebe información de todas las fuentes que puedas. Y si puedes, investiga. Quizá así puedas desvelar el factor enigma que descifra otros casos.

Yo, por mi parte, ahora debo dejarte. Vuelve cuando quieras, que estaré encantado de recibirte y contarte más historias.

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Te deseo que hasta nuestro próximo encuentro seas feliz, y que jamás dejes de maravillarte ante el misterio.