Fecha de publicación: 9/Abril/2021
Duración: 01:24:02
En 1977 una oleada de OVNIS a los que denominaron «chupa chupa» y que atacaban a la población se cebó con varias regiones de Brasil, dando lugar a que los militares llevasen a cabo la conocida como Operación Plato.
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NOTA: Texto registrado en el RPI
¡Hola, qué tal! ¡Muchas gracias por volver a visitarme! Como siempre te doy la bienvenida a este pequeño rincón, donde entre libros, documentos, legajos, y cajones llenos de pruebas y objetos asombrosos, repaso junto a ti los más misteriosos sucesos.
No sé por qué tenía el presentimiento de que ibas a venir, y he decidido rescatar para ti una historia de lo más interesante.
En un principio estuve pensando si la última vez que viniste hablamos del mismo tema o no, pero luego pensé que daba igual. Siempre es buen momento para hablar de OVNIS. Y más cuando se trata de un expediente tan documentado y amplio como este.
No en vano, no todos los días una serie de encuentros con no identificados, da lugar a que un gobierno despliegue al ejército por varios estados ante una avalancha de misteriosos ataques a sus pobladores.
Un gobierno, una dictadura militar que, a mi corto entender sobre asuntos políticos, tendría como todas, cosas malas, pero que, en cuestión de fenómenos aéreos extraños, fue de los primeros en disponer de una división específicamente dedicada a la investigación de los Objetos Aéreos No Identificados. La SIOANI.
Bien es cierto que esta división fue oficialmente disuelta antes de que tuviesen lugar los hechos que nos traen aquí hoy, pero deja entrever que el interés de las fuerzas armadas por el tema era real.
Tengamos en cuenta que ese país es uno de los que más, y más espectacular historia OVNI atesora, con muchos de los casos por excelencia.
Hoy más que de un caso, vamos a hablar de una verdadera oleada. Una oleada muy particular, pues se trata de un gran número de encuentros, que además de compartir la ubicación geográfica y que sucedieron en un plazo de tiempo bastante delimitado, presentan en común el detalle de que esos OVNIS atacaban a la población hasta el punto de obligar a intervenir al ejército.
No son extrañas, dentro de la casuística clásica, las experiencias de encuentros en los que el testigo, por una cosa o por otra, acaba mal parado. Pero se escapa a lo habitual que esas agresiones se repitan por decirlo de alguna manera, al por mayor, aterrando a los habitantes de una amplia región.
Dejando decenas de víctimas con unas lesiones que casi podríamos achacar al ataque de un vampiro, debido a lo cual el fenómeno fue localmente denominado como «chupa chupa».
Como quizá hayas desvelado por las pistas que te he ido dando, vamos a viajar a Brasil.
Y me gustaría que no tuvieras en cuenta mi poco don de lenguas a la hora de reproducir nombres de lugares o personas en portugués o brasileño.
Y dicho esto, aunque por aquella tierra sea más típico el café, no quiero perder mi costumbre de pedirte que tomes asiento y te acomodes mientras te preparo una taza de té caliente para que lo disfrutes mientras te llevo a repasar los encuentros ovni de la oleada de 1977 y la denominada «operación plato».
¿Alguna vez has pensado en el significado de la palabra grandiosidad? Te daré, quizá, el mejor ejemplo que te pueda dar: El Amazonas. Con sus 7062 kilómetros de longitud ha sido confirmado como el río más largo del mundo. Con una cuenca hidrográfica de casi 7 millones y medio de kilómetros cuadrados y una caudal medio de 225 mil metros cúbicos por segundo, contiene él solito la quinta parte del agua dulce en estado líquido del planeta. Más que el Nilo, el Yangtsé y el Misisipi juntos. Tiene más de 1000 afluentes, de los que 25 miden más de 1000 kilómetros.
Sólo en sus aguas cohabitan 3000 especies distintas de peces. Y la selva que lo rodea, la Amazonía, cada vez más esquilmada, se ha venido a llamar «el pulmón del planeta»
Curiosamente no podemos hablar de grandes puentes porque sobre él no se ha construido ninguno. Y sólo en 2011 se inauguró el primero en su principal afluente, el Río Negro, un puente atirantado de más de 3 kilómetros y medio de largo. Pero sí que podemos hablar de grandes islas. Pues en su desembocadura se encuentra la isla de Marajó. La más grande isla marítimo-fluvial del mundo. Con nada más y nada menos que 50.000 kilómetros cuadrados. Algo más que toda la Comunidad de Aragón.
Pues bien, aunque el Amazonas está lleno de misterios de cabo a rabo, vamos a centrarnos en este último tramo. El de la desembocadura en el atlántico. Una desembocadura que según como midamos, puede ser de 15 kilómetros o de 200, si contemplamos solo el canal del rio amazonas propiamente dicho, o todo el entramado de furos y ríos que se forman en su estuario.
Y por supuesto, si hablamos de entramado de furos y ríos, deberíamos hablar de las múltiples islas que se forman rodeadas por estos.
Pues bien, en principio hoy íbamos a hablar de una de estas islas en el estado brasileño de Pará.
En la bahía de Marajó, siguiendo la costa hacia el noreste desde la ciudad de Belén, llegamos a un trozo de tierra de unos 250 kilómetros cuadrados., desgajado del resto por el Furo da Laura, un rio que ronda los 150 metros de ancho.
Se trata de la Isla de Colares, habitada actualmente por unas 12000 personas, dispersas en varios núcleos formados por humildes casas, algunos pequeños negocios y muchas iglesias.
Un lugar donde hoy la vida transcurre sin prisa, y que a finales de los 70, cuando ni siquiera estaban generalizados los aparatos de radio o televisión, la gente se dedicaba a pescar, cazar, plantar en su pequeño trozo de tierra robado a la selva, y cuidar a sus pocos animales.
Esta isla fue considerada el epicentro de los hechos que te voy a relatar. De hecho, cuando pensé en hablarte de esta oleada mi idea era hablar de «la oleada de la isla de Colares»
Pero viendo lo que he podido averiguar tras mis pesquisas, estos sucesos se extendieron mucho más allá, tanto geográfica como temporalmente, así que yo he preferido llamarlo «la oleada OVNI de Brasil de 1977»
Desde mucho tiempo atrás, y hasta hoy en día, en muchos lugares de Brasil, han sido habituales los avistamientos de extraños objetos y luces en los cielos. Quizá antiguamente vinculados a entidades mitológicas o sobrenaturales, como barcos fantasmas, serpientes voladoras gigantes, y desde hace 60 años, a medida que se iba expandiendo el concepto ufológico, vinculadas al fenómeno OVNI, y en muchos casos, dentro de este, explicados con la denominada «hipótesis extraterrestre».
En el país existían casos previos de agresiones e incluso muertes vinculadas a luces extrañas, como la de Joao Prestes, en 1946.
Pero el caso de la Isla del Cangrejo en el estado de Maranhão, que tuvo lugar en abril de 1977, puede ser considerado el escopetazo de salida de esta oleada, que, además, podríamos decir que fue avanzando, siguiendo el mapa hacia el noroeste Brasil.
Este caso, que fue muy estudiado por el investigador estadounidense Bob Pratt tuvo lugar cuando tres hermanos, José, Apolinario y Firminio, junto con un primo llamado Auleriano, acudieron en un barco desde San Luis de Maranhão a la denominada Isla del Cangrejo.
En medio de la bahía de San Marcos se alza este paraje aislado, pantanoso, lleno de mosquitos y con fama de maldito.
A la isla de 40 Kilómetros de largo por 11 de ancho y surcada de arroyos, solo se va a pescar cangrejos y recolectar madera.
Y este era precisamente el objetivo de los cuatro protagonistas. Llegaron a la isla a primera hora de la tarde del 26 de abril aprovechando la pleamar para adentrarse en la isla por uno de los arroyos que se hacían navegables cuando subía la marea.
Dedicaron la tarde a recolectar la madera. Al bajar la marea había quedado encallado en el lodo y no podrían zarpar hasta la pleamar, a medianoche. Por lo que las 18 horas, al caer la tarde, dejaron el tajo y prepararon la cena. Aproximadamente a las 8 de la tarde, se dispusieron a dormir, hasta que el movimiento del barco al subir la marea les despertase, para terminar de preparar la carga y volver a San Luis.
Algo ocurrió en aquellas horas. En lugar de despertarse a medianoche con la marea como siempre les había ocurrido, Apolinario y Auleriano se habían despertado alrededor de las 5 de la mañana, ya con el amanecer. Auleriano tenía dolores y dificultad para moverse, así como quemaduras en las extremidades y en las escápulas que llevaba descubiertas y en una nalga, aunque en su bermuda no había ningún daño.
Apolinario estaba auxiliando a Auleriano cuando escuchó gemir a Firminio. Cuando se dirigió a este, al descubrirlo lo encontró quemado, hinchado, y con los ojos cerrados. Trató de hablarle, pero no respondía.
Entonces Apolinario buscó a José para pedirle ayuda, y se lo encontró frio, y ya rígido. José estaba muerto, aunque no se le apreciaban lesiones como en los otros hombres.
Además, por una extraña razón que no llegaba a comprender, se habían despertado en lugares del barco que no se correspondían con en los que se habían acostado.
Apolinario tuvo que esperar nuevamente hasta la pleamar de las 2 de la tarde para poder desencallar el barco. Con el cadáver de José, Firminio malherido e inconsciente dando tumbos por la bodega del barco con el embiste de las olas y Aureliano incapacitado por las quemaduras y el dolor, encaminó como pudo hasta el pequeño puerto de Itaqui, el más próximo, las velas de un barco que normalmente hacían falta tres personas para gobernar. En el puerto de Itaqui solo había dos guardias, que no pudieron prestarle ayuda. Así que tuvo que caminar 10 Kilómetros hasta San Luis, donde avisó a la policía y a Pedro, su hermano mayor.
Junto a este último volvió al barco en coche ya rondando las 9 de la noche, y pudieron llevar a Firminio a un hospital, donde quedó ingresado en coma, mientras Auleriano se quedaba en el barco para no dejar solo el cuerpo de José.
Cuando llegó la Policía, a la 1 de la madrugada, se levantó el cadáver y Auleriano fue a un hospital a ser tratado de sus heridas.
Tras una semana en coma y un mes ingresado en el hospital, Ferminio también fue dado de alta con numerosas secuelas. Según uno de los médicos que le atendió, en un momento de delirio dijo que había fuego fuera del barco.
Pero en el barco no había señales de fuego, ni de caída de rayos ni nada similar.
La muerte de José fue justificada con un accidente vascular cerebral causado por hipertensión arterial como consecuencia de un choque emocional, aunque ni siquiera se hizo autopsia al cadáver.
Con el tiempo, los tres supervivientes fueron sometidos a regresión hipnótica, pero ninguno de los tres logró recordar nada de lo acontecido entre el momento de acostarse y el despertar.
Años más tarde, en 1986, hubo un suceso muy similar en la misma isla, pero ya no podríamos incluirlo dentro de la misma oleada.
Tras el suceso de la isla del Cangrejo, el fenómeno avanzó hacia el noroeste. Entre abril y julio de 1977 se dieron multitud de casos de avistamientos entre la bahía de San marcos y el río Gurupí, que marca la frontera con el estado de Pará.
Los sucesos transcurrían de forma parecida, dándose sobre todo al anochecer. Los testigos informaban de que, a la caída de la noche, mientras pescaban en los ríos o cuando regresaban por los caminos hacia sus hogares, eran acosados por lo que definían como unas bolas de fuego rojizas, que en un principio se confundían con las estrellas, pero en unos segundos se precipitaban sobre las personas, quedando a cortas distancias por encima de sus cabezas.
Daba la sensación, además, de que aquellos extraños objetos parecían verse atraídos por la luz, daba igual que fuese una hoguera, una linterna, o el insignificante resplandor de un cigarro.
Estos testigos, después de los encuentros, solían sufrir de sensibilidad visual, cefaleas, ardor y quemaduras en la piel de las zonas expuestas a la luz y fiebre.
Como te digo, son muchos los testimonios que los investigadores han ido recopilando con el tiempo, y aunque la mayoría se corresponden con lo que te acabo de describir, hay algunos que se salieron un poco del guion establecido. ¿Qué tal si te menciono un par de ellos?
Inacio Rodrigues y Genésio Silva estaban pescando desde su bote a la 1 de la mañana, cuando vieron una pequeña bola luminosa en el cielo, al norte.
Conocedores de lo que se contaba sobre que esos objetos que se dejaban ver por la región se sentían atraídos por las luces, por pequeñas que estas fuesen, Genésio apagó el puro que estaba fumando mientras faenaba. Pero, aun así, aquel objeto debió localizarles, pues se acercó rápidamente.
Los hombres, asustados, saltaron del bote al agua y se escondieron como pudieron tras unos arbustos. El objeto se continuó acercando hasta quedar a unos 100 metros de ellos. Lo que a lo lejos había sido una bola rojiza, ahora era una luz azulada muy intensa, a la que costaba mantener la mirada. Aquella luz permaneció allí hasta poco antes del amanecer, cuando se apagó repentinamente.
Según los testigos, que pasaron toda la noche escondidos en los arbustos, al apagarse, en el lugar en el que había estado la luz se podía entrever una sobra, como de un objeto con forma de nevera.
Cuando salió el sol, aquella sombra también desapareció, y por fin los pescadores se atrevieron a abandonar su escondite, volver al bote y regresar a sus casas.
Tuvieron diarrea y malestar todo el día.
Se cuenta también que un buen grupo de personas trabajaban en la construcción del cercado de una granja. Como el trabajo corría prisa, continuó hasta la noche. Uno de los trabajadores fue a pescar para la cena. Y mientras estaba en ello, un objeto muy luminoso y azulado, apareció sobre su cabeza.
Espantado, abandonó los aperos y corrió hacia el campamento para avisar a sus compañeros. Todos pudieron observar el extraño objeto acercándose e iluminando todo, en un radio de aproximadamente 1 kilómetro, asustando incluso al ganado que se encontraba por la zona.
Al día siguiente, los trabajadores trasladaron el campamento ya que tenían miedo de pernoctar allí. Pero en el lugar de los sucesos de la noche anterior, pusieron un espantapájaros y una lámpara de queroseno y se escondieron a observar.
Más tarde, el objeto reapareció y se acercó al espantapájaros. Aquello estuvo allí durante unos 45 minutos, iluminándolo todo a su alrededor. Los hombres, atemorizados, permanecieron ocultos hasta que se fue el objeto. Después, varios trabajadores no quisieron permanecer más tiempo allí y se fueron a casa.
Los testigos, en algún caso hablan incluso de que estos objetos luminosos emitían una energía muy potente que intentaba tirar de ellos, como absorbiéndolos o arrancándolos del suelo.
Y, dicho sea de paso, parece ser que hay incluso algún caso de abducción o secuestro en la época y en la zona.
El 10 de Julio, José Benedito Bogea salía de su casa en Pinheiro, a la 1 de la mañana para coger un autobús. Llevaba una linterna en la mano para iluminar el camino hasta la parada. De repente apareció sobre él una luz verdeazulada que lo acompañó durante unos 200 metros, hasta que se colocó sobre un árbol. Desde allí disparó un rayo luminoso sobre José, que perdió el conocimiento.
Cuando despertó, se encontró en un extraño lugar rodeado de pequeños seres, con los que pasó unas horas, de una forma aparentemente amistosa. Luego volvió a perder el conocimiento y despertó a 80 km de Pinheiro. Unas horas después comenzó a sentir un fuerte dolor en el costado derecho. Meses después, aun se sentía mal, y necesitaba usar bastón para caminar. Por el contrario, tras el incidente, se le curaron unas cefaleas, le desaparecieron problemas de visión y le mejoró una sordera que tenía, todos estos, síntomas de una patología anterior.
Ya mediado el año, más o menos por julio, el epicentro del fenómeno pasó paulatinamente al vecino estado de Pará. Colares y Vigía fueron probablemente las poblaciones más afectadas, pero el fenómeno no tuvo problema en actuar ni siquiera en la capital del estado: Belém.
Por lo que veo sobre los relatos de los testigos, la descripción de los objetos que provocaban los ataques fue ligeramente modificada o afinada… Pues de bolas de fuego pasaron a ser objetos, cilíndricos, muy luminosos, que no se desplazaban en línea recta, sino formando elipses. Por otro lado, en lugar de afectar a las personas debido a su proximidad, proyectaban un extraño rayo, que atinaban a disparar con precisión incluso entre las rendijas de los endebles tejados de las casas. Alguien llegó a afirmar incluso que haz de luz llegaba a doblarse formando ángulos y curvas.
Esta especie de rayo tenía la mala costumbre de alcanzar a las personas, generalmente a la altura del tórax, sobre el pecho, provocándoles inmovilidad instantánea, quemaduras, y una debilidad de la que tardaban desde días hasta años en recuperarse. Sobre la piel solían quedar, además, dos pequeñas marcas, como de pinchazos.
Es posible que, por eso, a nivel popular, asemejando los efectos de estas luces con los del mito de los vampiros que chupan la sangre y la energía, comenzaron a llamar al fenómeno «chupa chupa».
Quizá una de las personas que más de cerca conoció los sucesos fue Wellaide Cecim Carvalho, la joven doctora, que, con 21 años, nada más terminar su carrera de medicina en la Universidad Federal de Pará, en Belém, fue destinada a la humilde unidad de salud de Colares, donde ejerció de médica y directora, teniendo en su equipo a un odontólogo, una enfermera de titulación superior y doce técnicos de enfermería.
Para que nos hagamos una idea de la trayectoria de la Doctora, terminó la carrera de Medicina con la especialidad de Psiquiatría entre los primeros de su promoción, a los dos días de graduarse, en diciembre del 76, fue destinada a Colares y posteriormente llegó a ser secretaria municipal de salud en Belém y subsecretaria estatal de salud en Pará. Siempre además reciclando su formación, y trabajando simultáneamente en varias instituciones médicas.
No llevaba ni un año en la isla, enfrentándose a las patologías típicas de cualquier pueblo de la Amazonia, como partos a deshoras y los ataques de mantarrayas a pescadores, cuando a finales de julio del 77 comenzaron los casos relacionados con el «chupa chupa».
Ella estima que atendió a más de 80 víctimas, pero supone que debido a las condiciones de aislamiento en las que vivían gran parte de los habitantes, fuera de los núcleos poblacionales, debieron ser muchos más, que no buscaron asistencia sanitaria. Wellaide constató que las lesiones habituales eran por lo general quemaduras en la zona torácica o del cuello a un nivel lo suficientemente profundo de la piel como para destruir el folículo piloso, pero que a la vez cicatrizaban rápidamente. Una quemadura, a la hora de producirse, podía presentar el aspecto de llevar 4 o 5 días de evolución.
También los casos presentaban dos perforaciones que tardaban meses en desaparecer a la vista y el tacto.
En general sus tratamientos consistían en xilocaína para aliviar el dolor, y complejos de vitamina B para paliar la falta de fuerzas.
Cuando tuvo al alcance realizar hemogramas, pudo también comprobar que se producían serias anemias en las víctimas.
Y como luego veremos cuando recopilemos alguno de los casos, llegaron a darse hasta fallecimientos tras los ataques.
A pesar de lo que la gente le contaba, ella, dentro de su escepticismo, creía que los casos eran producto de alucinaciones colectivas y acciones autolíticas, hasta que como veremos más tarde, vio y creyó.
Un día fue llamada a las 4 de la tarde para ver a un niño que se había roto la clavícula. Eran alrededor de las 17:00 cuando terminó de atenderle, y la familia inmediatamente se llevó al niño a casa. Wellaide cerró la unidad de salud con las tres personas que la asistían. En ese momento no había nadie más en la calle y caminaban a buen paso. Cuando llegaron frente a la casa del presidente del Sindicato de Pescadores, su vecino, escuchó un ruido al caer su compañera Jucemar desmayada, tirada en el suelo.
Cuando eso sucedió, ya casi estaba en casa … Entonces, su otra compañera comenzó a empujarla, golpeándole el brazo y señalando hacia arriba. Mientras tanto, la gente les gritaba desde las ventanas de las casas para que se alejaran.
Pero no pudo correr. Una mezcla de tres sentimientos distintos: curiosidad, éxtasis y asombro la dejaron clavada al suelo.
Miró hacia arriba y vio algo cilíndrico, con apariencia de metal pulido y gran belleza. No era plateado ni de acero inoxidable y tenía un brillo que nunca había visto, con luces en la parte inferior y superior, azul, rosa y amarillo, una de cada color.
El objeto debía tener unos 4 m de diámetro, y era muy grande.
Se desplazaba elípticamente, y por momentos se alejaba hacia la bahía y se volvía a acercar.
En uno de esos acercamientos pudo observar una ventana en el objeto, y a través de ella, vio dos seres humanoides muy altos y de largos cabellos rubios.
Wellaide no fue atacada por el objeto, y ella lo achacaba a que, al contrario de la mayoría de los moradores de la isla, ella era rubia, igual que los seres que había visto en el interior de la nave.
Quizá eso había hecho que no la atacaran.
Aquella tarde, acabó convencida de que aquellas humildes gentes no tenían alucinaciones colectivas, sino que aquello era muy real.
Con el tiempo, Wellaide llegó a la conclusión de que aquellos seres estaban perdidos en el Amazonas y necesitaban alimentar sus naves con la energía vital de las personas para volver a su lugar de origen.
Los ataques continuaron, llegando a ser tan numerosos que mucha gente decidió abandonar la isla. Además, como pudo comprobar la joven doctora, ya no se concentraban en horas nocturnas y en zonas más o menos solitarias junto a los bosques. Ahora las luces también atacaban de día, e incluso en los núcleos urbanos. Según Wellaide la población total de la isla se redujo a unos 2000, y en el núcleo urbano del municipio de Colares quedaron unas 800 personas.
Abandonaron la isla el odontólogo, la enfermera superior, varios de los técnicos de enfermería… hasta el delegado del Estado se marchó. Y la doctora estuvo a punto, pero el alcalde y el cura la convencieron. La gente que quedaba en la isla la necesitaba.
La población estaba realmente asustada, hasta el punto de que llegaban a abandonar sus casas y se reunían a dormir en las iglesias, que eran las construcciones con muros más fuertes. Ya nadie se atrevía a salir a pescar, ni salía a cazar.
El alcalde dispuso que se organizaran guardias, en las que con caceroladas, fuegos artificiales y pistolas provocaban ruidos para mantener alejados a los «chupa chupa» pero tampoco era demasiado efectivo.
Lo único que esto conseguía era que los objetos se mantuviesen a mayor distancia, pero disparaban sus rayos de la misma manera.
La situación llegó a ser insostenible hasta el punto de que los habitantes llegaron a pasar hambre, pues nadie se atrevía a salir a pescar, a cazar o a cultivar el terreno, y llegó el momento en que se pidió ayuda a las autoridades.
Acudieron al gobernador del estado, que a su vez llamó al comandante del Primer Comar, la base aérea de Belem, el Brigadier Protasio de Olivera, que junto a coronel Camilo Ferraz de Barros, jefe de la segunda sección, puso en marcha la operación Plato para estudiar los objetos volantes sobre esa zona de la amazonia. Esta operación comenzó oficialmente en septiembre de 1977, y fue clausurada también oficialmente por el mismo Protasio de Olivera el 5 de diciembre de ese mismo año.
Y digo oficialmente, porque posteriormente han salido a la luz documentos que evidencian que los militares brasileños habían comenzado a estudiar los casos de «chupa chupa» meses antes, y continuaron estudiándolos meses después.
En general, parece ser que en la época la fuerza aérea no hacía demasiado caso del tema OVNI como institución, pero a nivel personal, el propio Brigadier Protasio de Olivera estaba interesado en la materia, y, por lo tanto, dio cancha a que se realizaran las investigaciones.
Se estima que la operación Plato generó 2000 folios de informes, y no menos de 500 fotografías y 16 horas de filmaciones.
A la cabeza de esa operación pusieron a un hombre, con experiencia en seguridad nacional, y especialista en operaciones de campo en la selva, pero con poca experiencia en el mundo de los ovnis. El capitán Uyrangê Hollanda.
Este hombre, permaneció en silencio sobre sus vivencias hasta 1997, cuando ya en la reserva, concedió una completa entrevista para el canal Rede Globo y otra para los ufólogos Marco Petit y Ademar José Gevaerd.
Poco después de conceder estas entrevistas, apareció ahorcado en el dormitorio de su casa, y desde entonces hay quienes opinan que fue un suicidio al que fue llevado por la supuesta depresión que sufría, y quienes dicen que fue suicidado, para que no pudiese continuar dando información al público.
Según sus propias declaraciones, al regreso de un curso en Brasilia, al regresar a Belem, el coronel Camilo Ferraz de Barros le asignó una operación que ya estaba en marcha.
Fue Hollanda el que la bautizó como operación plato. Según el día contaba con entre 3 y 6 agentes, a los que durante la noche se dividía en dos o tres equipos para vigilar desde diferentes puntos, con la misión de registrar, fotografiar, filmar e investigar los objetos que estaban acosando a la gente en Colares y en algunos lugares más de los estados de Pará Y Maranhao. Durante el día también se dedicaban a entrevistar testigos. El capitán, en sus entrevistas, dejó claro que el equipamiento que se les asignó fue, fotográfico, cinematográfico y de registro de sonido. En ningún momento armamentístico.
Sus superiores querían información sobre qué estaba ocurriendo en el espacio aéreo de la región.
Hollanda era ante todo escéptico con el caso, por lo que asumió su misión con la intención de desmitificar todo aquello, explicándolo como una alucinación colectiva.
De hecho, la doctora Wellaide Cecil ha manifestado en múltiples ocasiones, que fue instada por los militares a intentar convencer a la gente de que estaban siendo víctimas de una alucinación colectiva, y que aquello que veían nunca había existido.
Hollanda, desde el principio solo veía luces en el cielo, que según él podían, por ejemplo, ser pájaros o satélites, y eso era lo que transmitía a su comandante. Cuando hablaba con sus hombres, estos bromeaban con el hecho de que algún día, una de esas luces se acercaría, se situaría sobre él, le rodearía, o haría algo que hiciese que no le quedase lugar a dudas de que aquellas luces eran algo inteligentemente manejado.
Y como era de esperar esta demostración llegó en noviembre.
Se encontraban en Bahía de Sol, en la isla de Mosqueiro, vecina a la de Colares, cuando vieron aparecer por el norte una luz de un azul similar al de la soldadura eléctrica por arco, que se acercó hacia ellos a gran altura, y una vez sobre sus cabezas les rodeó formando un círculo, y se marchó.
El problema es que sus cámaras no eran efectivas a la hora de registrar las luces.
Según Hollanda nada aparecía en esas fotos. Hasta que un día, observando una linterna de señales que tenía sobre su mesa, recordó los negatoscopios que utilizaban los médicos para visualizar mejor las luces y las sombras de las radiografías. Esa especie de ventana luminosa. Y al colocar los negativos sobre el cristal esmerilado de la linterna, vio que en la fotografía había un pequeño punto que no aparecía en la ampliación en papel con una exposición normal.
El punto, al ampliarse se veía como un cilindro. ¿Era posible que por alguna cuestión de longitud de onda o vaya usted a saber por qué motivo, la luz no se plasmase en la fotografía, pero sí el objeto que se encontraba detrás de ella?
Hollanda tenía un amigo que era cámara de televisión y experto en fotografía. Sabía que era de fiar, y que les podía ayudar manteniendo la discreción, así que con el permiso de su comandante le solicitó ayuda.
Este amigo, Milton Mendonça, les orientó y comenzaron a probar con filtros y películas: ultravioleta, infrarrojo, …
Y entonces mejoraron sus resultados y empezaron a ver luces y formas en las fotografías.
Estos militares, durante sus vigilias vieron varios tipos de objetos y patrones luminosos, y el más habitual era el que describían la mayoría de los testigos, con la forma de un barril de aceite de 200 litros, o una lata de refresco gigante, que volaba de una forma irregular, bamboleante.
Pero, además, también había objetos de naves de mayores dimensiones como si se tratase de «naves nodrizas» o de otro tipo.
En ocasiones veían objetos pequeños que salían de los más grandes.
Se ha dicho a veces, que el grupo de Hollanda fue en algún momento reforzado con apoyos del SNI, la inteligencia brasileña o incluso de la CIA norteamericana.
Hollanda desmiente que la CIA investigara el caso, o por lo menos, que él se enterase de que lo investigara, pero reconoce que miembros del SNI les acompañaron en alguna ocasión, pero no de manera oficial. Su presencia era conocida, no se escondían de los civiles, y estas personas, que eran amigos suyos les pidieron acompañarlos en alguna vigilia, lo cual hicieron pidiendo los permisos oportunos, pero no como una operación del SNI, sino a título personal y por curiosidad.
Y fue precisamente con ellos presentes que tuvieron otro encuentro poco habitual, otra vez en Bahía de Sol. Aquel día no estaba previsto que pasaran la noche de vigilia. Hollanda tenía que estar en Belem a las 8 de la tarde para una cuestión personal, y se encontraba con sus hombres en un punto discreto y retirado, completamente a oscuras.
En ese lugar había quedado en encontrarse sobre las 6 con los agentes del SNI, pero estos no llegaron.
A las 6:30 vieron pasar 3 puntos luminosos alineados a gran altura, de oeste a este.
Sobre las 7, de norte a sur, pasaron otros dos puntos luminosos.
-Después de esto, decidieron recoger, pues el tiempo se les echaba encima. Cuando ya tenían las cámaras guardadas en el coche, aparecieron los del SNI. Habían tenido problemas con el tráfico.
Cuando les estaban explicando que ya estaban recogiendo, y que habían tenido dos avistamientos, alguien dijo: ¡mirad arriba!
Sobre sus cabezas, a unos 150 metros de altura había un disco negro, oscuro, de unos 30 metros de diámetro. Con una luz de color ámbar en el centro, y emitiendo un sonido como el de una máquina de aire acondicionado.
Esa luz aumentaba y disminuía iluminándolo todo, de una forma pulsante durante unas 5 veces. Después dejó de verse.
Según Hollanda, debió haber alguna filtración al respecto de ese encuentro, y unos periodistas se desplazaron hasta ese punto días después. Vieron una luz y decidieron seguirla con su coche. Entonces la luz se abalanzó sobre ellos, pasando por encima del coche a baja altura, iluminándolo intensamente, hasta el punto de que los testigos declarasen que el techo del vehículo se convertía en translúcido.
Pero este no fue el único encuentro cercano que sufrieron los hombres de Hollanda.
En una ocasión tuvieron conocimiento de lo sucedido a un joven que se encontraba en el río recolectando arcilla para su trabajo en una alfarería cercana, y el capitán pidió que le llevaran al muchacho para escuchar de primera mano su narración.
El joven Luis, mientras recogía la arcilla, pudo observar la presencia de una paca, gran roedor que vive por la zona, que venía a cierto árbol a comerse las flores. Por lo que decidió, que, en otro momento, regresaría con un arma para apostarse y cobrar la pieza cuando volviese a alimentarse.
Tras cargar su canoa se dirigió a la alfarería, donde dejó la arcilla. Después se pasó por su casa, cogió su escopeta y volvió al río. Un amigo y el hijo de este, de nueve años, que fueron con él se quedaron vigilando la canoa y cogiendo cangrejos, mientras él se dirigía a la zona donde había visto al animal Plantó la hamaca entre unos árboles bajos, y medio oculto se dispuso a esperar con la escopeta y una linterna a la presa.
Fue entonces cuando una luz muy fuerte pasó sobre él. Después, la luz retrocedió y se detuvo sobre Luís. El joven pudo observar que se trataba de un objeto con forma fusiforme, en el que se abrió una puerta, y del que descendió un ser con forma humana que, con los brazos ligeramente separados del cuerpo, parecía deslizarse dentro de un haz de luz.
Ante esta visión, el chico saltó de su hamaca y corrió a esconderse como pudo en unos arbustos, desde donde pudo observar que aquel ser tenía una especie de luz roja en la palma de su mano, con la que estuvo «explorando» la hamaca y el entorno en el que había estado el muchacho.
Entonces, el ser se dirigió hacia el lugar donde estaba escondido Luis apuntando esa zona con la luz roja de la palma de su mano. No como si lo buscara, sino como si supiera exactamente donde se encontraba.
Al sentirse descubierto, el testigo corrió entre la vegetación bordeando el arroyo hacia el lugar donde había dejado su canoa y el ser regresó a la nave.
Esta comenzó a avanzar por el cauce del rio prácticamente por entre los árboles, a baja altura.
A medida que se acercaba a la canoa, gritó a los que le esperaban, pero estos, al ver la nave que lo seguía, en lugar de ayudarle, se tiraron al agua para esconderse en la orilla.
Luis también se escondió, y la nave se detuvo sobre la canoa.
El ser volvió a descender y con la luz de su palma examinó la embarcación. Tras esto, el ser fue elevado nuevamente hasta la nave, y cuando entró en ella, se alejó del lugar, dejando a los testigos preguntándose qué acababan de vivir.
Tras el relato, Hollanda le planteó al joven su deseo de hacer una vigilia en el lugar la noche siguiente.
Cuando el 9 de diciembre de 1977, el grupo de militares llegaron a la alfarería, la noche estaba lluviosa. Los hombres se estaban tomando una taza de café con el guarda en su cabaña antes de dirigirse al río, Pero Hollanda permaneció en la puerta, vigilando, y desde allí pudo ver dos luces, una roja y una verde que se aproximaron, y con un ruido como de máquina de aire acondicionado, sobrevolaron la cabaña a baja altura.
Tras el café, montaron en un bote y una canoa, y se dirigieron al lugar donde había atracado Luís, y después caminaron hasta el lugar donde había acampado con su hamaca.
Era una zona que se inundaba con las mareas, y al contrario que en la otra ocasión, esta vez la marea estaba subiendo, por lo que, en breve, el área se vio anegada. A las 10 de la noche decidieron volver al bote, con cuidado de proteger el equipo, pues al estar la marea alta, iban caminando por el agua.
Una vez que las cámaras y el material estuvieron a salvo en el bote, decidieron permanecer en la zona un poco más.
A las 23:00, estaban de charla cuando vieron aparecer una luz amarilla muy fuerte a unos dos kilómetros en rumbo de norte a sur y cruzando por encima del río más o menos a la distancia a la que se encontraba la casa del guarda, donde antes Hollanda había observado las otras luces al comienzo de la noche. A muy poca altura, un poco por encima de los árboles. Estas luces fueron filmadas.
Ante la perspectiva de que las luces ya habían sido vistas dos veces, y la noche fuera fructífera en avistamientos, el capitán decidió permanecer en la zona. Luis propuso ir a su casa a por algunas vituallas para hacer más agradable la espera. Café, pan, unas galletas… y partió con la pequeña canoa.
Mientras el resto de los hombres charlaban Hollanda permanecía alerta, y fue entonces cuando sobre las 23:30 vio nuevamente la potente luz amarilla, que en esta ocasión se acercaba hacia donde ellos estaban. Dio la alerta a sus hombres, que tomaron las cámaras. La potente luz parecía estar a unos 200 o 250 metros de altura. Cuando llegó a la orilla del rio, la luz se apagó. Entonces pudieron ver una extraña forma con forma de balón de rugbi. De unos 100 metros y con pequeñas ventanas iluminadas que emitía un zumbido similar al de una máquina de aire acondicionado. El objeto pasó sobre sus cabezas y se alejó.
A la 1:00 la luz volvió, esta vez no amarilla, sino con un fulgor azulado que no molestaba a la vista.
Se acercó a muy baja altura siguiendo la orilla opuesta del río. Y se detuvo cuando se encontró frente a ellos.
Posteriormente Hollanda mediría la distancia a la que paró. 70 metros de donde ellos se encontraban.
Tras tres minutos en los que nadie dijo nada, la luz se apagó, dejando ver nuevamente aquel objeto con forma de balón de rugbi, pero ya no se apreciaban las ventanas, como si se hubiese apagado la luz también en su interior.
Lo que sí aparece en las fotografías, según el capitán, es una puerta que no se percibía a simple vista, de la que salía un rayo de luz que ellos nunca vieron, y que apuntaba a su ubicación.
Aquel objeto permaneció allí unos momentos, y después se marchó.
Tal y como narra Hollanda, las grabaciones y fotografías de este suceso fueron examinadas por varios oficiales en Belem antes de ser enviadas a Brasilia, y al poco, la operación fue cerrada.
Un tiempo después, el capitán sufrió en su esfera personal sucesos que el relacionó con los acontecimientos vividos. En alguna ocasión, los objetos se movieron solos en su casa: Una torre de libros que se desplazaba de donde estaba para caer al suelo y solo entonces desordenarse, una bandeja que «caía» desde la fregadera hasta el centro de la cocina, la puerta de copiloto de su coche que se abría y cerraba sola, …
Quizá lo más impactante fue la noche que encontrándose tumbado de costado en su cama, junto a su esposa que dormía, vio un destello y escuchó un estallido. Inmediatamente, un ser lo abrazó desde detrás, a la vez que otro aparecía junto a su cabecero.
Eran seres de aproximadamente metro y medio con ropa acolchada similar a la de un astronauta. No les vio las facciones de la cara, pero parecía grisácea. Entonces, el que le abrazaba, con voz metalizada le susurró al oído en portugués: No tengas miedo, no te vamos a hacer daño.
Inmediatamente, otro destello de luz, otro estallido, y todo había terminado. Recuerda que la mañana siguiente tuvo un intenso picor en el brazo izquierdo, en el que tenía un punto rojo y el área enrojecida. Unos días después descubrió que tenía algo bajo la piel, una especie de tira o aguja como si fuese de plástico, flexible, pero apreciable y manipulable desde el exterior.
Ese elemento no aparece en radiografías, y Hollanda no se había sometido a intervención para extraerlo.
Tiempo después, hablando sobre ello con gente del equipo que formó la operación, uno de ellos, Flavio, confesó que tenía algo exactamente igual en su pierna izquierda.
Antes de su muerte o suicidio, Hollanda desvelaba al público su propia explicación para los sucesos.
Esta le vino a raíz de su propia experiencia en la selva amazónica. Cuando realizaban operaciones en la selva, debían tener mucho cuidado con los pueblos indígenas que vivían aislados del resto del mundo. Llevarles una simple gripe podía ser fatal para estas comunidades que no habían generado anticuerpos para enfermedades con las que no habían tenido contacto.
De esas experiencias, el capitán dedujo que esos seres tripulantes de los ovnis estaban recogiendo muestras de sangre y tejidos humanos para estudiarlas y generar protección para que sus próximas visitas pudieran tener un carácter más cercano.
Según su opinión, la intencionalidad del fenómeno chupachupa no era dañina. De hecho, en algún momento deja entrever que su equipo, que nunca llevaba armas, nunca fue dañado, y en cambio, gente que había intentado atacar a los objetos a escopetazos, había sido inmovilizada con efectos persistentes.
Probablemente la Doctora Wellaide y el capitán Hollanda fueron considerados como «testigos de élite» en este caso, y probablemente hayan sido a los que más visibilidad se les ha dado, aunque como me gustaría mostrarte más adelante, hay más gente interesante implicada en el caso. También, como veremos, aunque según las declaraciones de Hollanda, el ejercito jugó un papel de mero observador y cercano a la población, hay testimonios que afirman que quizá, los militares no jugaron tan limpio.
Pero antes de continuar, me gustaría narrarte alguna de las experiencias de la gente llana que sufrió el acoso y el ataque del fenómeno, en algunos casos incluso con fatales resultados.
Claudomira Paixao, que vivía en Colares, se encontraba descansando en la misma habitación que una prima suya, en estado de duermevela, y aún con los ojos cerrados notó una potente luz verde que barría su cara. Entonces se terminó de despertar, y aquella luz se volvió roja.
Fue cuando abrió los ojos que vio un ser, como un hombre enfundado en un mono, que llevaba un instrumento similar a una pistola. Apuntó el objeto hacia ella y el objeto emitió tres luces que impactaron en su pecho.
No podía moverse. Hacía calor y le dolía. Los tres impactos fueron como pinchazos y los tres puntos donde habían alcanzado los disparos de luz sangraban. Tenía mucha sed y solo podía gritar. Finalmente, su prima que parecía sumida en un profundo letargo acabó despertando por los gritos y también pudo ver la luz antes de que desapareciese.
Otro interesante caso es el de Benedicto Campos y Silvia Mara. Ella estaba embarazada aquel 29 de octubre de 1977.
Estaban en su humilde sala de estar cuando a través de la ventana pudieron ver una nave de forma discoidal. Repentinamente, un haz de luz verde que les paralizó surgió de la nave y casi al instante un par de criaturas extrañas entraron en la propiedad. Por suerte, un vecino que también pudo ver la nave se acercó hasta la casa, espantando las criaturas a escopetazos
Manuel Noronha, quien vio una nave sobrevolando su casa en Santo Antonio do Tauá, a unos 30 km de Colares. Pudo ver un objeto cilíndrico con dos seres dentro. A Manuel se le ocurrió la posibilidad de disparar a las criaturas para que se fueran, pero nada más pensarlo, el objeto lo iluminó. Sintió todo el cuerpo entumecido y paralizado. Como si hubiese recibido los efectos de un hechizo petrificus totalus. Luego gritó pidiendo ayuda y la nave desapareció.
Aurora do Nascimiento Fernándes tenía 18 años cuando fue atacada por el fenómeno chupa-chupa. Entrando a su casa fue atacada por la luz, que le causó unas heridas en el pecho. La joven fue fotografiada durante los exámenes médicos de estas heridas, lo que la convirtió en imagen icónica de la oleada.
Newton de Oliveira Cardoso y Emnidio Campos de Oliveira, son algunos de los nombres de personas que sufrieron estos ataques y padecieron sus secuelas durante tiempo después.
Pero ellos por lo menos, pudieron contarlo.
Una mujer de 72 años, y con problemas cardiacos y de hipertensión fue atendida en el Centro de Salud de Colares como el resto, con analgesia para el dolor y complejos energéticos para recuperar las fuerzas. A las 36 horas no había ningún síntoma de mejora. Finalmente se decidió llevar a esa señora al Hospital dos Servidores del Estado, en Belém, aunque fuera en coche. Incluso existió dificultad para meterla en el auto, ya que tenía espasmos musculares. Tuvieron que acostarla en el asiento trasero del auto, con las piernas fuera de la ventana. Completamente y rígida. Tan pronto como llegó al hospital, falleció. El informe posterior, a falta de una autopsia que no se realizó, indicaba que se desconocía la causa de la muerte.
Otro caso con triste desenlace fue el de un paciente de unos 44 años, y también hipertenso. Fue atacado en su casa por una luz que entraba por la ventana. La víctima falleció de manera similar a la anterior y tampoco se esclareció la causa de la muerte.
Y así nos podríamos extender enunciando testigos, victimas que sufrieron ataques, muchas de ellas con secuelas de larga duración, e incluso alguna defunción más.
Pero, aunque en algunos casos hay alguna variación, por lo general el modus operandi del fenómeno chupa chupa era similar. Así que, por no eternizarme, voy a pasar a contarte detalles, que a mi entender pueden resultar más interesantes que la simple narración de encuentros.
Me gustaría volver al hecho que te comentaba antes de que existe la posibilidad de que los militares no jugasen tan limpio como hasta ahora hemos hablado.
Por mantener un orden, la narración de cómo se llevó a cabo la operación plato, la he realizado basándome en los datos que aportó el capitán Hollanda en sus entrevistas. Pero lo cierto es que existen otras declaraciones que cuestionan algunos de estos datos.
Por ejemplo, la Doctora Wellaide asegura que frente a la media docena de efectivos de los que hablaba el capitán, ella calcula que unos 33 o 34 militares fueron vistos por ella solo en la zona de Colares en la que ella trabajaba.
Pinón Frias, era un piloto comercial que conocía a Hollanda y a su mano derecha, el Sargento Flavio. Participó en varias vigilias con los militares antes y después de cerrarse la operación plato. Puso su avión privado a disposición de los militares para realizar vuelos de reconocimiento, y dijo (falleció en 2014) que la operación estaba formada por 63 hombres.
Otra contradicción es que Hollande afirmó que no disponían de dispositivos de detección como radares portátiles, y según la doctora, tenían equipamiento de detección avanzado que instalaban en la playa.
Pero quizá lo más escabroso de este tema es que según la doctora, recibió muchas presiones por parte de los militares para que intentase convencer a la población de que lo que sufrían eran alucinaciones colectivas y ataques de pánico.
Aunque Hollanda afirmaba en la entrevista que, aunque los resultados de la investigación eran secretos, la gente sabía que estaban allí y lo que andaban buscando. Incluso registraban en su documentación los testimonios facilitados por civiles testigos.
Pero Wellaide afirma que los militares eran rudos y hostiles con la gente, a la que instaban a no hablar del tema, ridiculizándoles con el asunto de las alucinaciones y la histeria colectiva.
Los militares llegaron incluso a facilitarle medicamentos como diazepam, benzodiazepina y similares para que los administrase a la gente, a lo cual ella se negó.
La amenazaron incluso con represalias como detenerla o retirarle la titulación que la autorizaba a trabajar como Doctora. Sentía que vigilaban cada paso que daba.
Según ella, una vez que entendieron que no podían hacer creer a la población que estaban viendo alucinaciones empezaron a decirle que hablase a la población de escuadrones de rusos comunistas que venían a vigilar a la población brasileña.
Por otro lado, asegura que, excepto un par de encuentros en los que apenas se saludaron, no tuvo relación con Hollanda, pues siempre eran subordinados los que venían a visitarla al centro de Salud. Dice que siempre le pareció un hombre cortés, que se limitaba a cumplir órdenes y a hacerlas cumplir.
No solamente la Doctora Wellaide contradice a Hollanda en sus declaraciones.
Mucho tiempo después, a finales de 2017, el coronel Camillo Ferraz de Barros, el oficial que asignó a Hollanda el mando sobre el terreno de la operación, concedía a la web operacaoprato.com la única entrevista de su vida al respecto de la intervención militar en los sucesos.
En esta entrevista declaró que en algún momento llegó a pisar el terreno de las investigaciones, viendo a víctimas y testigos, sin obtener pruebas concluyentes.
Dijo que también vio las luces, pero que al igual que el equipo de campo no pudo explicar mucho sobre ellas, aparte de que parecían estar siendo controladas.
Que había más especulación que información concreta. Las fotos y filmaciones de luces tampoco eran concluyentes.
Camillo Ferraz de Barros especifica que conoce la historia de joven Luís, el trabajador de la alfarería, y que él mismo entrevistó al muchacho cuando llegó a la base del primer COMAR, pero que no tiene constancia de los sucesos posteriores en los que el equipo de Hollanda fue testigo del enorme objeto en la misma zona del río.
Respecto al interés del Estado Mayor de la Fuerza Aérea para con las investigaciones relativas a la Operación Plato, nos especifica que este era escaso. Que la operación había sido llevada a cabo por la solicitud de los alcaldes de la zona de investigar el asunto de los chupachupa, y que, aunque habían mantenido a sus superiores de Brasilia al tanto de la operación, fue más por iniciativa del COMAR de Belém que por solicitud de los superiores de la capital.
De hecho, asegura que, la única ocasión en la que un agente se desplazó de Brasilia a Belém a causa de la Operación Plato fue ante una solicitud suya. Se envió un agente de la CISA (centro de información de seguridad aeronáutica) con una cámara de más calidad.
Por supuesto, asegura que en ningún momento la CIA ni ninguna agencia extranjera participó en las investigaciones. Las investigaciones eran clasificadas. Todo lo clasificadas, claro, que pueden ser cuando el fenómeno y las pesquisas tienen lugar a la intemperie y ante la vista de cualquiera.
Camillo explica que no se utilizaron aviones para interceptar los objetos porque no se consideró que fuese el enfoque apropiado. Me parece una curiosa forma de decir sin decirlo que, si el fenómeno podía paralizar a una persona en el suelo, quizá podía hacer lo mismo con una persona en la carlinga de un caza si este intentaba interceptarlo.
Lo que si menciona es que solicitó la presencia del avión «Neptune», enviado desde la Base Aérea Salvador, en Bahía, que estaba equipado con un dispositivo de rastreo bajo el agua, ya que muchos de los pescadores testigos de las luces decían que estas surgían en ocasiones desde el fondo marino.
Encontraron restos de naufragios, pero ni rastro de los objetos no identificados.
Ahora, si se ha despertado tu lado conspiranóico dirás:
Este señor ha salido años después para decir que todo se ha exagerado… ¡¡Ocultación!!
Pues bien, lo cierto es que este señor habla simplemente de lo que sabe. Es decir, lo que leyó en los informes redactados por los militares que estaban sobre el terreno.
En realidad, el no desmiente que existieran las luces, pues de hecho reconoce haberlas visto, y reconoce que parecían controladas. Solo dice que las fotografías y videos que se presentaron no son pruebas concluyentes que permitieran identificar de qué se trataban. Hay que tener en cuenta que en esos informes sobre los avistamientos de los que fueron testigos, los militares se limitan a datos objetivos, dejando al margen sus opiniones personales.
No desmiente la existencia de ataques a la población por parte del fenómeno, pero sí que expone que no hay pruebas concluyentes que permitan vincular las lesiones con las luces, más allá del propio testimonio de las víctimas. Lo cual es objetivamente cierto.
Quizá puede ser que lo que más nos haga pensar en conspiración es el hecho de que diga que no recuerda el encuentro del equipo de militares con el enorme objeto con forma de balón de rugby.
¿Y si te digo que, si no ha visto la entrevista de Hollanda, es bastante normal?
Yo te he hecho un resumen bastante detallado de lo que el capitán Hollanda narraba sobre ese suceso, y evidentemente parece un suceso muy relevante. Yo creo que cualquier persona, ante una situación de este tipo, podría decir que ha tenido un encuentro OVNI evidente.
Pero es que, si lees los informes desclasificados, resulta que la descripción del suceso es mucho más aséptica y pasa desapercibida entre todos los demás datos.
¿Recuerdas que esa noche hubo 4 avistamientos?
El primero que narra Hollande fue mientras todos tomaban café en la caseta del guarda, y él se quedaba en la puerta vigilando. Ese avistamiento no aparece en los informes.
Pero los otros tres, sí.
Para que puedas comparar, te voy a leer lo que dice el informe.
Registro 63.
Localización: Rio Guajará – Municipio de Ananindeua / Pará
Fecha y Hora: 9 de diciembre de 1977, 23:50 horas
Descripción: Cuerpo luminoso
Color: Amarillo rojizo
Forma: Indefinida
Tamaño aparente: 15 cm
Movimiento: Norte/Sur siguiendo el canal del río
Velocidad: Media (más de 300 km/h)
Altitud: 50m (estimada)
Distancia: 300m(estimada)
Observadores: Equipo de A2 Primera COMAR
Nota: Paso muy rápido. Para algunos miembros del equipo, el cuerpo luminoso tenía forma de balón.
El registro 64 es sobre un avistamiento que tenía lugar en ese mismo día en Bahía do sol
Registro 65.
Localización: Rio Guajará – Municipio de Ananindeua / Pará
Fecha y Hora: 10 de diciembre de 1977, 00:50 horas
Descripción: Cuerpo luminoso
Color: Amarillo rojizo
Forma: Indefinida
Tamaño aparente: 25 cm
Movimiento: Irregular, variando en Zigzag. Sudeste/noroeste
Velocidad: Variable. Impulsos de aceleración.
Altitud: 50m (estimada)
Distancia: 2000m(estimada)
Observadores: Equipo de A2 Primera COMAR
Nota: El OVNI realizó varias evoluciones, cambiando constantemente de rumbo. Ausencia total de ruido o desplazamiento de aire.
Anexo: Copia de 9 fotografías.
Y por último el que se supone que es el registro del avistamiento cercano.
Registro 66.
Localización: Rio Guajará – Municipio de Ananindeua / Pará
Fecha y Hora: 10 de diciembre de 1977, 01:50 horas
Descripción: Cuerpo luminoso
Color: Rojizo. Reflejos azul violeta.
Forma: Indefinida
Tamaño aparente: 30 cm
Movimiento: Irregular. Sentido Sur/Norte
Velocidad: Variable. Media 200 km/h
Altitud: 100m (estimada)
Distancia: 500m(estimada)
Observadores: Equipo de A2 Primera COMAR
Nota: Efectuó varias evoluciones, con velocidad variable.
Anexo: Copia de 4 fotografías.
Como ves, poco que ver con lo prolija y emocionante de la narración de Hollanda después de retirarse.
Y ya que te he hablado de la documentación oficial, vamos a hablar de ella.
Los informes oficiales sobre la operación Plato comenzaron a ver la luz pública en 1985, cuando la revista Ufología Nacional e Internacional, que publicó fotografías supuestamente filtradas por militares. En realidad, esta no fue la primera información que vio la luz pública procedente de estamentos militares, sino que ya en 1981, el entonces Mayor Hollanda, había concedido una entrevista personal al ufólogo estadounidense Bob Pratt. Pero esa entrevista no apareció publicada hasta 1996 en un libro en inglés que no fue traducido al portugués hasta 2003, por lo que esta filtración no tuvo repercusión real.
Posteriormente, en 1991 se produce una filtración de documentos de la Fuerza Aérea en la revista Ufo Documento, llegándose a investigar, como posteriormente se supo, si la mano derecha de Hollanda, el Sargento Flavio Costa había sido el responsable.
En 1997 se produjeron las entrevistas a Hollanda, y a partir de 2004 se lanzó una campaña en la que la Comisión de ufólogos brasileños recogió miles de firmas para solicitar al gobierno la liberación de la información sobre ovnis.
El 5 de mayo de 2008 el Subjefe de asuntos jurídicos de la casa civil de la presidencia de la república envió una carta al ministerio de defensa recomendando que se revisara el material pertinente y en caso de ser susceptible de ser desclasificado, fuese enviado al Archivo Nacional.
Desde el 31 de octubre de ese mismo año se comenzaron a desclasificar documentos.
Lo que no se ha desclasificado, aunque sí aparece una lista en la que se menciona su existencia, son los rollos de película filmados durante la operación.
Sobre estos documentos, posteriormente tendría algo que decir el periodista Carlos Mendes.
En el 77, él trabajaba para el periódico «O estado do Pará», y sufrió la presión por parte de los militares para contener al máximo la difusión de los sucesos relacionados con el fenómeno Chupa Chupa.
No duda en calificar a Hollande como un hombre fuerte, opresivo, decidido y dictador.
Mendes asegura que él nunca vio objetos ni luces, pero que sus compañeros de redacción José de Ribamar y Biamir Siqueira, ya fallecidos, sí que tuvieron importantes encontronazos. No puedo asegurarlo, pero sospecho que este par fueron los periodistas que, siguiendo los pasos de los militares en bahía de sol, vieron como un gran objeto se abalanzaba sobre su coche y se llevaron un buen susto
Pues bien, según Mendes, cuando Hollanda se enteró de que reporteros del «O estado de Pará» tenían fotos de los objetos, no le tembló el pulso a la hora de presentarse en la redacción y exigir la entrega de las fotos y los negativos. Las ya publicadas y las aún inéditas.
Muchas de ellas, afirma, aparecieron en los documentos desclasificados como si hubieran sido tomadas por los propios militares.
Las fotos de la Operación Plato sufrieron otra polémica cuando el hijo del difunto Flavio Costa, Fernando Costa, salió a la palestra diciendo que su padre, en su interés por mantenerle alejado de la vida civil e inculcarle una vida vinculada a lo militar, le hacía permanecer en casa. Y mientras él redactaba informes, hacía que el joven Fernando se encerrase en el cuarto de revelado que había montado en su casa, revelando las fotos que tomaban en la operación.
Entonces en un acto de rebeldía, Fernando se dedicó a realizar ampliaciones de cualquier punto de luz que se viese en los negativos, consiguiendo así falsas fotos ovnis que acabaron formando parte de los archivos oficiales.
Esta información salió en una página web de corte escéptico, y los estudiosos del caso no le han dado mucho crédito debido a dos razones. Por un lado, estas declaraciones salieron a la luz en un momento de alta popularidad del caso, por lo que una de las sospechas es que posiblemente quisiera, como vulgarmente se dice, sacar tajada.
Además, resulta bastante inverosímil e incoherente con sus propias declaraciones. Por un lado, dice que su padre sí que hablaba sobre ovnis, pero solo en la medida que su sentido del deber se lo permitía. Rara vez filtraba detalles de sus misiones.
Por otro lado, ponía en manos del joven la responsabilidad de revelar unos negativos que eran material clasificado. Algo no cuadra.
Después de toda esta información que te he soltado, espero que te hayas hecho una idea de los sucesos que ocurrieron durante la oleada del noreste de Brasil de 1977.
Pero antes de despedirme de ti, me gustaría dar un repaso a alguna hipótesis que se ha barajado sobre el fenómeno chupachupa.
Hasta el momento, si no recuerdo mal hemos comentado dos:
Para la Dra. Wellaide Cecim Carvalho, los tripulantes de los chupachupa absorbían la energía de sus víctimas, pues la necesitaban para alimentar sus naves.
Para Holanda, todo se trataba de una extracción masiva por parte de seres extraterrestres de muestras de sangre humanas a fin de conocer las enfermedades terrestres y poder fabricar vacunas y generar anticuerpos de cara a un futuro contacto.
Y aunque estas dos teorías llevan implícita la hipótesis extraterrestre, desde un principio se barajaron teorías más terrenas, como ataques de grupos de guerrilla contra el gobierno o incluso operaciones extranjeras soviéticas, que lanzaban los objetos como método de distracción desde sus submarinos en el atlántico para tener libertad en el desembarco de armamento.
Otra de las teorías involucra en el asunto a la cantidad de explotaciones mineras clandestinas dedicadas a los metales nobles y el uranio. Que lo mismo, hubiesen utilizado los ovnis como elemento disuasorio o distractivo.
Pero en estos casos en los que el fenómeno tendría origen terrestre, ¿qué serían los objetos? Pues podrían ser desde trucos visuales, hasta tecnología secreta avanzada tanto en aeronaves tripuladas como drones, pasando por teorías conspirativas como la del Blue Beam.
Aunque personalmente los móviles como el contrabando y la minería ilegal me parecen razonables, el uso a modo disuasorio de una tecnología que aún hoy, 40 años después, nos resulta desconocida, no me termina de encajar.
Además de que, en lugar de ser disuasorio, puede atraer, como se vio, al ejército, investigadores… como dicen en mi pueblo, puede ser peor el remedio que la enfermedad.
¿Qué fue entonces el fenómeno chupachupa? Como siempre, cuanto más curioseo un caso, más dudas y preguntas me surgen.
Los avistamientos de no identificados han continuado en Brasil, pero esa ola de agresividad remitió. ¿A qué se debió semejante concentración de casos en poco espacio de tiempo y en un ámbito geográfico delimitado?
¿Pudo tratarse de algún experimento por parte de una potencia internacional con algún tipo de material armamentístico de nueva generación, que se realizó en aquella zona casi remota?
¿Quizá una conspiración? ¿Una prueba de un ataque de falsa bandera, mediante el cual el gobierno atacó a su propia población, para que esta solicitase ayuda gubernamental y accediese de mejor grado a la presencia y supervisión de las fuerzas militares? Hay que recordar que en ese momento Brasil vivía un estado de dictadura, e imagino que como en todas, habría un sector de la población reacio a ser dominado por el poder.
Pero aún en el caso de esto ser así, el punto al que llegamos es el mismo… ¿Cómo?
¿Trucos de prestidigitación para provocar ilusiones ópticas? Pero las ilusiones ópticas no generan daños físicos ni alteran las analíticas de las personas.
También ha pasado por mi cabeza la posibilidad de que las víctimas no fuesen tantas en realidad, y alguno de los casos, sobre todo los de avistamientos sin consecuencias físicas, fuesen causados por errores de apreciación mezclados con pánico.
Y aunque contra esto, recuerdo haber leído durante mis pesquisas que los propios militares brasileños hicieron pruebas con un helicóptero, y los lugareños supieron diferenciarlo perfectamente de aquello que les estaba causando terror, quizá los errores de apreciación pudieran ser confusiones con algo menos evidente que un helicóptero. ¿El qué? No lo sé.
Otra posibilidad es la tan socorrida del estudio sociológico. ¿Pero de quién? ¿Sobre qué? Y lo más importante: Nuevamente ¿Cómo?
Estamos hablando de vehículos voladores de varios tipos, incoherentes con los sistemas de propulsión conocidos, sin alas, sin hélices, sin motores a reacción.
En algunos casos incluso con ventanillas que dejaban ver tripulantes en su interior.
De que estos objetos emitían una luminosidad paralizante y un rayo capaz de «chupar la energía» de las personas hasta el punto de provocarles severas anemias y secuelas permanentes. Hablamos incluso de algún fallecido.
¿Cabría la posibilidad de pensar en causas ajenas a las terrenales? Es decir… Dar crédito a la hipótesis extraterrestre o la Inter dimensional, …
La verdad es que las características del caso encajan en lo que podríamos encajar en la hipótesis ajena a lo humano: No olvidemos, además de los objetos con apariencia de vehículos con capacidades aparentemente fuera del alcance de la tecnología humana, que en este caso hay avistamiento de humanoides, incluso con casos de visitantes a dormitorio.
También, en alguno de los muchos testimonios de testigos y víctimas, se habla de que la luz «tirase de ellos» hacia los objetos, como si quisiera atraerlos hacia sí, como en algunos casos de abducción.
También hemos hablado de implantes, como por ejemplo en el caso de Hollanda, aunque habría más.
Pero aquí también volvemos a lo de siempre… Lo que llamamos hipótesis extraterrestre ¿es realmente extraterrestre? ¿O es otra cosa? Y si es otra cosa, … ¿Qué es?
A estas interrogantes y a otras más que se me ocurren, yo no tengo una respuesta.
Solo puedo darte un consejo. Reflexiona, consulta, bebe información de todas las fuentes que puedas. Y si puedes, investiga. Quizá así puedas desvelar el factor enigma que descifra este caso.
Yo, por mi parte, ahora debo dejarte. Vuelve cuando quieras, que estaré encantado de recibirte y contarte más historias.
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Te deseo que hasta nuestro próximo encuentro seas feliz, y que jamás dejes de maravillarte ante el misterio.