Fecha de publicación: 25/Junio/2020

Duración: 49:50

Entre 1961 y 1965 cuatro niñas fueron protagonistas de lo que quizá hayan sido las apariciones marianas más importantes de los últimos siglos.
Conchita, Jacinta, Mari Cruz y Loli pusieron San Sebastian de Garabandal en el centro de las miradas de todos aquellos creyentes en los mensajes proféticos divinos.

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¡Hola, me alegro de que hayas venido! ¡Muchas gracias por volver a visitarme! Como siempre te doy la bienvenida a este pequeño rincón, donde entre libros, documentos, legajos, y cajones llenos de pruebas y objetos asombrosos, repaso junto a ti los más misteriosos sucesos.

 

Hoy estaba revisando todo este montón de papeles sobre unos hechos que pueden ser vistos desde varias perspectivas. Puedes verlo como un juego de niños si te resistes a ver veracidad en los acontecimientos, puedes verlo como unos sucesos dignos de estudio antropológico y social, como una concatenación de posibles sucesos paranormales, parapsicológicos, místicos y ufológicos. O desde una visión religiosa, como una revelación acompañada de milagros o incluso una manifestación demoníaca.

Estos sucesos acaecidos en un remoto enclave del norte de la península ibérica, y protagonizados por 4 niñas, se prolongaron en el tiempo durante 4 años, por lo que son numerosísimos los datos, testimonios, fotografías, filmaciones, grabaciones y demás pruebas que hoy en día se pueden recabar para hacernos una idea de lo sucedido. Eso sí, en cuanto a los testimonios que han llegado hasta nuestros días, hay que reconocer que gran parte de ellos están transmitidos desde una perspectiva religiosa, y por qué negarlo, proselitista del asunto, por lo que a los que no estuvimos presentes, no nos resultará fácil discernir hasta donde son narrados desde un punto de vista objetivo o filtrados a través de los tamices de la fe, que como bien sabemos, mueve montañas.

Yo como siempre, voy en principio a narrarte los hechos como mayoritariamente se cuentan. E intentaré mostrarte también los argumentos que contradicen o se plantean dudas sobre lo que sucedió, para que finalmente seas tu quien decida con qué se queda. Aunque como siempre, tratemos el misterio que tratemos, doy por hecho que tus propias creencias o la ausencia de ellas pondrán su parte de peso en la balanza de tus conclusiones. Así que ya sabes, toma asiento y acomódate mientras preparo tu taza de té caliente, pues son muchas las cosas que hay que contar sobre este misterio: Las supuestas apariciones celestiales de la Virgen María, del Sagrado Corazón de Jesús y del arcángel San Miguel a 4 niñas en la apartada aldea de San Sebastián de Garabandal, en los montes cántabros.

Esta vez vamos a viajar a un enclave espectacular. Bien es cierto que toda la vertiente cantábrica de la península ibérica, desde Galicia hasta Euskadi, tiene ese paisaje verde, abrupto, con húmedo aroma a musgo y leña, que se entremezcla con el salitre al llegar a la costa. Pero en esta ocasión nos vamos a quedar en el interior. En la vertiente norte de la cántabra sierra de Peña Sagra. Zona de amplios hayedos y robledales en la que se ubican historias mitológicas y que estuvo relacionada con sucesos ufológicos en los años 1970. En esta zona de escarpados perfiles existe una pequeña aldea de unos 100 habitantes, que formando parte de la municipalidad de Rionansa, se llama San Sebastián de Garabandal. Hoy en día una carretera comarcal discurre sinuosa hasta el lugar, pero si además de en el espacio, viajamos en el tiempo hasta 1961, año en el que comenzaron los acontecimientos que te voy a narrar, nos encontraremos con que la ruta hasta la localidad era prácticamente un camino de tierra por el que difícilmente pasaban el tráfico rodado.

Por aquel entonces la aldea era un lugar casi aislado sin teléfono ni televisión, habitado por gentes humildes. Algo más de unos doscientos adultos y ochenta niños que en general vivían de lo mucho o poco que daba su trozo de tierra o sus cabezas de ganado.

Mari Cruz, Jacinta, Mari Loli y Conchita, eran cuatro niñas, de entre 10 y 12 años, alumnas de escuela de la señorita Serafina, y compañeras de juegos, cuando no estaban studying, ayudando a sus padres, o en misa.

Aquella tarde de domingo del 18 de junio de 1961, según narra Conchita en su diario, las niñas del pueblo se encontraban jugando en la plaza cuando en un momento dado, ella y Mari Cruz decidieron ir a uno de los huertos de las afueras de la aldea a tomar unas manzanas, sumándose posteriormente a ellas Jacinta y Mari Loli.

Entre nerviosas risas que intentaban disimular, cometieron el hurto de las frutas, y regresaron al camino pedregoso que llamaban la calleja. Estaban allí comiendo las manzanas cuando escucharon un retumbar similar a un trueno y se sintieron recriminadas por su conciencia. Ante la idea de que su ángel de la guarda estuviese triste mientras que el demonio habría de estar contento por lo que habían hecho, decidieron arrojar piedras del suelo al demonio mediante el símbolo de tirar guijarros por encima de sus hombros. Esto desembocó en que las niñas acabaran jugando a las canicas con las piedrecillas.

Entonces, Conchita, la mayor de las cuatro, cayó de rodillas sumida en una especie de trance y exclamando ¡Ay, ay, ay…!

Sus amigas, pensando que esta sufría un ataque se disponían a correr a buscar ayuda, cuando también cayeron en éxtasis. Todas ellas arrodilladas, y con la mirada perdida elevada al cielo. Como después describirían los testigos de los posteriores trances, con la cabeza pegada a la espalda.

Las cuatro, en su estado de arrobamiento tuvieron la visión de un ser con la apariencia de un niño de su edad, pero con gran fortaleza y vestido de blanco. Esa visión duró unos minutos durante los cuales no hubo comunicación con el ser. Finalmente desapareció.

Su conclusión fue que habían visto un ángel, y con esta idea y el color demudado, volvieron a la plaza. Esa tarde acabaron rezando en la iglesia junto a la maestra. Al día siguiente hablando con el cura, don Valentín Marichalar, y esa misma tarde, ya lo sabía todo el pueblo.

Pese a que esa tarde subieron a la calleja a rezar el rosario, el ángel no se apareció. Pero esa noche, las cuatro niñas, ya en sus camas oyeron una voz que les dijo: «No os preocupéis que me volveréis a ver».

El día 20 repitieron la experiencia, y al terminar de rezar el rosario una gran luz rodeó a las niñas, que gritaron con miedo. Entonces la luz desapareció y las cuatro se marcharon a sus casas, sin contar a nadie lo sucedido hasta el día siguiente.

La tarde del día 21, al ir a la calleja, fueron acompañadas por varias personas que no creían lo que las niñas contaban. Como el ángel no aparecía la gente se reía de ellas, hasta que de repente las niñas cayeron en éxtasis y el ángel se les apareció. Ellas preguntaron quién era, pero él no contestó. Tras ver a las niñas en trance, las gentes del pueblo comenzaron a creer.

El día 22, el párroco acudió a la calleja y también vio a las pequeñas caer en éxtasis. El día 23 y el 24 ya eran muchas las personas que se presentaron. Ya venían incluso de los pueblos colindantes. El ángel siguió apareciendo. Las niñas seguían cayendo de rodillas con la cabeza echada para atrás, con los ojos mirando a la nada. Una nada en el cielo sobre ellas.

El 25 algunos vecinos habían montado en la calleja un cuadrilátero de maderas y cuerdas para que la numerosa gente mantuviera una distancia con las niñas. Se referían a él como «el cuadro», y sólo se dejaba pasar a su interior a los familiares, los sacerdotes, y los médicos, que curiosos, iban a ver los trances, pues las niñas parecían no sentir nada del mundo exterior cuando se encontraban en éxtasis. Ese día, el médico de Conchita la levantó del suelo, y cuando la tenía en volandas, debido a una especie de repentino aumento de peso, se le escurrió cayendo al suelo golpeándose las rodillas contra las piedras de la calleja. La niña ni se inmutó, ni sintió dolor posteriormente tras salir del trance.

Y así fueron sucediendo los días. Algunos con aparición del ángel y otros sin ella. Hasta que el sábado día 1 de Julio, en su novena aparición, habló a las niñas. Les anunció que, al día siguiente, domingo, la virgen se les aparecería bajo la advocación del Carmen. Las niñas cuentan que ese día el ángel les habló de muchas cosas. El trance duró 2 horas, aunque a ellas se les hizo mucho más corto. Describieron que el ángel llevaba un largo vestido azul, y las alas de un rosa claro. Linda cara, ojos negros y manos muy finas.

El día dos de Julio, domingo, tal y como les anunció el ángel en su última visita, la virgen se apareció a las niñas. Llevaba vestido blanco, manto azul, corona de estrellas, escapulario marrón en la mano derecha y pelo castaño oscuro ondulado, peinado con raya al medio y descubierto. Estaba flanqueada por dos Ángeles. Uno de ellos era el de las anteriores apariciones, al que, en su diario, por primera vez Conchita identifica como San Miguel. El otro era muy parecido a este. Al lado del ángel de la derecha, a la altura de la virgen, se veía lo que describieron como un ojo de gran tamaño. Las niñas lo interpretaron como «el ojo de Dios».

La virgen rezó el rosario con las niñas y charló con ellas de cosas banales. Evidentemente, toda la gente que rodeaba a las niñas solamente veía y escuchaba a estas en su éxtasis, pero a ninguno de los supuestos seres celestiales. Cuando el trance terminó, todo el mundo quería besarlas y abrazarlas.

A partir de ahí, las apariciones se sucedieron. Los éxtasis continuaron, y fueron muy frecuentes hasta el 13 de noviembre de 1965, cuando tuvo lugar la última aparición de la Virgen a Conchita. Estas apariciones de la virgen y el ángel se produjeron por todo el pueblo, pero principalmente en la calleja, y en un pequeño pinar al que se llega siguiendo por el camino pedregoso de esta, zona a la que se llama «Los pinos».

Durante todo ese tiempo se dieron multitud de fenómenos inexplicables, de los que fueron testigos religiosos, médicos, y miles de personas del pueblo y venidas de todas partes. Empezando por la forma de entrar en ese estado de trance en el que caían las muchachas. Decían recibir tres «llamadas» de tipo interior. La primera en la que les entraba una gran alegría, pues sabían que la Virgen iba a venir a verlas. La segunda, en la que la Virgen les anunciaba que estaba llegando, por lo que comenzaban a dirigirse hacia el cuadro de la calleja, y la tercera, que era señal de la inminente aparición de la Señora.

Lo curioso es que las niñas sentían esas llamadas al mismo tiempo, incluso aun estando cada una por separado. En una ocasión, que Conchita fue llevada a Santander, estando allí cayó en éxtasis. A la misma hora, las otras tres muchachas tuvieron un éxtasis en los Pinos, y se enteraron en ese momento de lo que estaba sucediendo a su amiga en Santander.

Durante los trances, lo habitual era que las niñas cayesen de rodillas, con la cabeza totalmente echada hacia atrás, en una postura que, en condiciones normales, a cualquiera nos costaría mantener por más de un par de minutos, pero ellas mantenían incluso durante horas. En alguna ocasión, también caían de espaldas, sin resultar lesionadas, y se levantaban sin apoyarse, y sin esfuerzo. Estas caídas de rodillas, se dice que en ocasiones eran instantáneas, pues en la grabación de estas se podía observar que en un fotograma las niñas estaban de pie, y en el siguiente de rodillas. Sin que existiera el proceso de arrodillarse.

De cualquiera de las formas, permanecer de rodillas en aquel terreno pedregoso, y doy fe de que es muy pedregoso, porque esa calleja la he pisado, debía ser cuando menos doloroso, y más aún caer arrodillado sobre las piedras. Pues bien. Estas niñas no eran conscientes del dolor. Ni del de las piedras en las rodillas ni del de los pinchazos, pellizcos y según algún testigo, incluso quemaduras que se infligieron a las niñas a modo de pruebas por los médicos y estudiosos que acudieron a los eventos. No reaccionaban ni al dolor ni a nada. Ni siquiera sus pupilas reaccionaban a estímulos luminosos.

Como contraposición a esto se cuenta que como la Virgen pedía sacrificio, un señor regaló unos cilicios a las niñas, como método de mortificación. Y como la virgen también les pedía obediencia a los mayores, las niñas se los pusieron. Pero inocentemente, Conchita reconoció a la virgen que se lo ponía flojito para que no le doliese. Por suerte, la Virgen le respondió que ella se refería a otro tipo de sacrificios más sencillos y domésticos, y no volvieron a ponerse los cilicios.

Podría decirse que las niñas en los momentos de éxtasis eran totalmente ajenas a estímulos externos, pero eso no era totalmente cierto. Las niñas eran capaces de verse e interactuar entre ellas. E interactuaban con otras personas cuando la Virgen lo disponía. De esta forma eran capaces de dar a besar el crucifijo a los asistentes, recoger de sus manos objetos como rosarios, alianzas y medallas para ofrecérselos a besar a la Virgen, y después de esto devolverlos sin errar nunca a sus dueños.

Como curiosidad ante esto, hay que decir que la Virgen nunca besaba dos veces el mismo objeto. Y en ocasiones, para ponerlas a prueba hubo quien intentó colarles un objeto ya besado, y este fue inmediatamente rechazado.

Te explicaré una anécdote que se cuenta sobre esto. Un día, entre los objetos que la gente llevaba para que la Virgen los besara, apareció una polvera. La gente cuchicheó al ver que alguien había puesto allí un objeto totalmente profano para ser besado por la Virgen. En el momento de la aparición, la primera cosa que besó la Virgen fue aquella polvera. Conchita declaró después que la Virgen, al llegar, le había pedido inmediatamente la polvera para besarla, diciendo que era «algo de su Hijo». La polvera había sido puesta allí por Ramón Pifarré Segarra, farmacéutico catalán, y era el único que conocía la historia del objeto: Durante la Guerra Civil esta polvera sirvió para llevar la Eucaristía a escondidas a personas encarceladas que iban a ser ejecutadas.

Este asunto de que la virgen besara objetos tenía otra particularidad: Las niñas siempre y sin excepción devolvían los objetos a sus legítimos propietarios. Daba igual que estuviesen mezclados y remezclados. Aún incluso cuando se intentó hacerlas caer en errores. En alguna ocasión uno de los objetos se perdió, y la virgen, a través de las niñas, comunicó donde se encontraba. Incluso habiéndose caído y perdido entre el barro.

A algunos de esos objetos besados por la Virgen en Garabandal, se les atribuyen cualidades milagrosas y sanadoras, y de hecho se hicieron medallas con fragmentos de misales y biblias besadas por la virgen. El 20 de Julio de 1969, el astronauta Buzz Aldrin, que fue el primero (y no sé si el único) en comulgar en la luna, pues se llevó una hostia consagrada y unas gotas de vino en el módulo Eagle, utilizó una de esas medallas besadas por la virgen aparecida en Garabandal en el «altar» que improvisó sobre un panel de mandos en esa curiosa y personal circunstancia.

Durante los trances las niñas se hacían imposibles de mover por la gente. Era imposible incluso separarles las manos. Pesaban enormemente, como si fuesen de piedra. Pero entre ellas se movían y se ayudaban a levantarse como si fuesen plumas. Estando en éxtasis, las niñas adquirían también otras capacidades. Por ejemplo, eran capaces de correr calleja arriba, incluso de espaldas, sin caer, y a una velocidad a la que era muy difícil seguirlas, sin mostrar ningún cansancio físico. O de subir la cuesta pedregosa hasta los pinos de rodillas sin dar muestras de sufrimiento, incluso con lluvia y nieve.

En el transcurso del tiempo que duraron las apariciones y alocuciones de los seres celestiales a las niñas, caben destacar los siguientes acontecimientos:

El día 30 de junio de 1961, antes de la primera aparición de la Virgen, Jacinta, mientras sus tres amigas ven al ángel, tiene una visión más perturbadora: Se le aparece el mismísimo Sagrado Corazón de Jesús. Una imagen de Cristo que mostraba su corazón rodeado de rayos blancos y dorados. Según Jacinta, el amor que desprendía esa visión era abrumador.

El 4 de julio de 1961 la Virgen del Carmen da a conocer su primer mensaje a las cuatro niñas. Este mensaje no se da a conocer a la gente inmediatamente, pues la Virgen les pide que lo anuncien el 18 de octubre.

El 8 de agosto de 1961 tiene lugar un acontecimiento interesante: Por aquellas fechas, los hermanos Luis María y Ramón María Andreu, jesuitas ambos, habían llegado al pueblo como muchos otros, con curiosidad y escepticismo. Poco a poco habían ido viendo pruebas que les iban llevando a creer, pero la gran prueba llegó para el Padre Luis María Andreu cuando ese día 8 de agosto, mientras las niñas se encontraban en éxtasis, el sacerdote quedó mirando hacia arriba exclamando ¡Milagro, milagro! Curiosamente, las niñas, que durante sus arrebatos solo veían a la virgen y a ellas mismas, podían ver al Padre Luis María, y según les dijo la Virgen, él también podía verla a ella. Además, le había mostrado un milagro que un tiempo después anunciaría a las niñas.

Esa misma noche, de regreso a Reinosa, el jesuita exclamaba en el coche: «¡Hoy es el día más feliz de mi vida, qué madre más buena tenemos en el cielo!». Y tras esto, se quedó dormido, y con aquella expresión de paz, no volvió a despertar. Posteriormente, el Padre Luis María Andreu habló con las niñas en alguna ocasión durante los éxtasis. Ellas no le veían, solo le escuchaban. Y su hermano, Ramón María, afirmó que las niñas expresaron cosas sobre el fallecido, que difícilmente podían conocer.

El día 18 de octubre de 1961, se procede a la lectura del primer mensaje recibido por las niñas. El contenido del mensaje es: «Hay que hacer muchos sacrificios, mucha penitencia. Tenemos que visitar al Santísimo con frecuencia. Pero antes tenemos que ser muy buenos. Si no lo hacemos nos vendrá un castigo. Ya se está llenando la copa, y si no cambiamos, nos vendrá un castigo muy grande.»

 

El 19 y 20 de Julio de 1962, fueron dos días que impresionaron de sobremanera a los testigos que rodeaban los sucesos de Garabandal. Durante sus éxtasis, las niñas tuvieron visiones aterradoras. Se les concedió una visión de los acontecimientos venideros. Fue tal el terror que expresaron las niñas que se les oía gritar a buena distancia. Tanto que se llegó a llamar a esos dos días «La noche de los gritos». Vieron confusión por todas partes, y a la Iglesia perseguida en un mundo dominado por el comunismo. Se les dijo entonces que Dios enviaría un Aviso sobrenatural, que sería sentido por todas las personas de la Tierra. También vieron escenas del futuro castigo, que será enviado por Dios si el mundo no cambia después del Aviso y el Milagro.

Sobre estos sucesos, la Virgen habló a Conchita de que el aviso se producirá fruto de la justicia de Dios y de Su misericordia. De Su justicia, porque su función será purificar de nuestros pecados; de Su misericordia, porque nos dará la oportunidad de una mayor conversión en nuestra vida espiritual. Este aviso será obra de la intervención directa de Dios. El aviso que vendrá al mundo será algo externo a nosotros que sucederá en el firmamento; será vista una luminosidad acompañada de un fuego ardiente que se sentirá en toda la tierra. Internamente, y esto es lo más importante, veremos nuestra conciencia ante la justicia de Dios; lo que hemos hecho mal y lo que hemos dejado de hacer; en una palabra: una especie de juicio particular en vida. También será la corrección de la conciencia del mundo, una purificación antes del Milagro para ver si con el Aviso y el Milagro nos convertimos.

 

El gran milagro es otro suceso que tendrá lugar en San Sebastián de Garabandal, sobre el que Conchita dijo: «Lo del milagro me lo ha dicho la Virgen, a mí sola. Ella me ha prohibido decir en qué consistirá. Tampoco puedo decir la fecha hasta ocho días antes. Lo que sí puedo decir es que coincidirá con un acontecimiento de la Iglesia y con la festividad de un Santo mártir de la Eucaristía; será a las ocho y media de la tarde de un jueves; será visible para todos los que estén en el pueblo y en las montañas de los alrededores: los enfermos que asistan sanarán y los incrédulos creerán. Será el milagro mayor que Jesús ha hecho para el mundo. No quedará la menor duda de que es de Dios y para bien de la humanidad. Quedará una señal del milagro, para siempre, en los pinos. Podrá ser filmado y televisado.»

 

Vinculado a este suceso, también predijo que el cuerpo del difunto padre Luis María Andreu sería desenterrado y hallado incorrupto. Debemos recordar que supuestamente, el padre Luis María Andreu vivió un éxtasis en el que contempló el milagro horas antes de fallecer. El padre Pío, que siempre creyó en las apariciones de Garabandal, también tuvo esa visión antes de su muerte. Sobre esta predicción, hay que comentar que, a principios de 1976, el seminario en el que el padre Andreu se encontraba enterrado fue remodelado para convertirlo en hospital psiquiátrico, y los restos del sacerdote fueron exhumados, hallándose solamente huesos.

El Castigo sólo tendría lugar si ni el aviso ni el milagro lograsen la conversión de la humanidad. Fue presenciado por las niñas en el episodio antes mencionado de «la noche de los gritos». Según su descripción, el castigo «Era similar a ríos transformados en sangre, fuego que baja del cielo y cosas peores; gran calor, sed abrasadora y el agua que se evaporará; todos los hombres presos de la desesperación buscando matarse unos a otros, pero al faltar las fuerzas, caerán: unos en las llamas y otros lanzándose al mar, pero el agua parecerá hervir y activar las llamas».

 

Durante el tiempo que duraron las apariciones, el ángel daba la comunión a las niñas cuando no había ningún sacerdote en las inmediaciones. Se trataba de una suerte de comunión mística, pues nadie veía las sagradas formas, solo el gesto de las niñas al recibirla. Aunque el ángel explicó a las niñas que esas formas eran cogidas de sagrarios de la tierra, pues sólo los sacerdotes pueden consagrar las hostias.

El 18 de julio 1962, cumpliendo una predicción anterior, Conchita recibe la Sagrada Eucaristía en la boca de manos de San Miguel y la Hostia se hace visible. A este acontecimiento se le llamó «El milagruco» y fue visto por muchos testigos, existiendo incluso imágenes del mismo. Ese día Ciriaco, tío de Conchita que tenía una pierna gangrenada, quedó sanado en el momento de la comunión.

A principios de junio del 63, al oír sonar las campanas de la iglesia, Conchita afirmó a su madre: «Las campanas tocan por un muerto. Seguramente es por el Papa. Ya no quedan más que tres.» Su madre le pidió que se explicara, y ella dijo que la Virgen le había afirmado que tras este papa (Juan XXIII) solo quedaban tres más, y después vendría el fin de los tiempos (que no el fin del mundo). Ante esta predicción podemos decir que: Conchita acertó, y las campanas tocaban a muerte por el papa. Pero sobre la predicción de los 3 pontífices, lo cierto es que después de Juan XXIII, con Francisco vamos por el quinto.

El día 19 de marzo de 1964, Conchita tuvo una locución en la cual la Virgen le habló de una persona que tuvo mucho que ver en la difusión del mensaje garabandalista: Joey Lomangino. Joey era un joven empresario estadounidense que en un accidente de trabajo había quedado ciego a los 16 años. En 1961, en un viaje a Italia, conoció al Padre Pío, por el cual quedó fascinado. En un viaje posterior, en 1963, volvió a visitarle y le preguntó si era cierto que la virgen se estaba apareciendo a cuatro niñas en Garabandal. El Padre Pío le dijo que sí, y le animó a ir allí. Entonces conoció a las niñas. Joey volvió regularmente a San Sebastián de Garabandal tras aquella primera visita. En su alocución del 19 de marzo de 1964, la virgen anunció que Joey recibiría ojos nuevos el día del Gran Milagro. En 1968 Joey fundó en Estados Unidos la asociación «Los trabajadores de Nuestra Señora del Monte Carmelo de Garabandal», que se ha dedicado desde entonces a la difusión del mensaje de Garabandal. Joey falleció en junio de 2014, y el vaticinio sobre los ojos de Lomangino y el día del milagro no se llegó a cumplir.

El 1 de enero de 1965 la virgen dijo a Conchita, que el 18 de junio, el Arcángel San Miguel le daría en su nombre un mensaje para toda la humanidad. Esto tuvo lugar como estaba anunciado, y el mensaje comunicado a Conchita fue el siguiente: «Como no se ha cumplido y no se ha dado mucho a conocer mi mensaje del 18 de octubre de 1961, os diré que este es el último. Antes, la copa se estaba llenando, ahora, está rebosando. Muchos cardenales, obispos y sacerdotes van por el camino de la perdición, y con ellos llevan a muchas más almas. A la Eucaristía cada vez se le da menos importancia. Debéis evitar la ira del buen Dios sobre vosotros con vuestros esfuerzos. Si le pedís perdón con alma sincera, Él os perdonará. Yo, vuestra Madre, por intercesión del Ángel San Miguel, os quiero decir que os enmendéis. ¡Ya estáis en los últimos avisos! Os quiero mucho y no quiero vuestra condenación. Pedidnos sinceramente y nosotros os lo daremos. Debéis sacrificaros más. Pensad en la Pasión de Jesús.»

El 13 de noviembre de 1965 tuvo lugar la última aparición de la Virgen, que citó en exclusiva a Conchita, y le encomendó que llenara sus manos de obras realizadas en favor de sus hermanos y para gloria de Dios.

En el tiempo que duraron las apariciones y en los posteriores, se produjeron curaciones vinculadas a la Virgen aparecida en Garabandal. Como, por ejemplo, la de Danielina, una joven del pueblo que llevaba sufriendo varios meses de enfermedad. La niña Mari Cruz pidió a la Virgen que la sanara, y estando en éxtasis fue hasta su casa, le ofreció la cruz para que la besara y al rato quedó sanada. Lo mismo sucedió cuando Jacinta pidió que curara el tobillo del Padre Ramón María Andreu, que se había fracturado. Fue besar la cruz y sanar la lesión.

Cristina Wago era una nigeriana que tras una caída había sufrido la extirpación de una rótula en 1968. El 21 de Julio de 1981, en Garabandal, volvió a caminar. Las radiografías de antes y después del milagro hablan por sí solas. Las madres de varios accidentados en la tragedia aérea de los Andes en 1972 rezaron a la Virgen de Garabandal, y sus hijos fueron rescatados con vida.

Los milagros fueron más allá de las curaciones físicas, y la virgen también obró conversiones, como el caso de Muriel Catherine. Esta joven de 21 años, hija de un judío y una protestante y procedente de París, ya se había visto algo atraída por el catolicismo, y fue llevada a Garabandal. Ante las palabras de un salesiano, que había dicho que aquello podría estar provocado por el diablo, las niñas y sus familias decidieron disponer un botecito con agua bendita, para que fuese arrojado a la aparición, para que, si era el diablo, se alejara. Aquella noche, en casa de Jacinta, también se encontraba Muriel. Además de que la Virgen reconoció el rosario con el que la joven había rezado su primer Ave María al besarlo, en el momento que le arrojaron el agua bendita, esta hizo un «quiebro» y fue a caer sobre Muriel. Y aunque la cantidad de agua que había en el frasco era poca, la joven acabó bien empapada. De lo cual dedujeron que la virgen la estaba invitando al bautismo.

Otra curiosa prueba a la que se sometió a las apariciones fue que el religioso Hermano Juan Bosco ofreció a las niñas una nota en un sobre cerrado para que Conchita se la entregara a la Virgen. La niña le transmitió una respuesta de la Virgen, que era totalmente coherente con lo que él había escrito, aunque la nota no llegó a abrirse.

No he conseguido averiguar si en algún otro caso de aparición mariana se ha dado lo que te voy a contar ahora. Pero cuentan las crónicas que en Garabandal se llegó a grabar la voz de la Virgen de forma temporal. Alguien llevó un magnetofón y dijo a las niñas que pidieran a la Virgen hablar al aparato. Cuando las niñas entrar en éxtasis, pidieron a la virgen que hablase, mientras el magnetofón grababa el éxtasis. Al revisar la grabación del trance, se escucha una dulce voz que les responde «No, yo no hablo». Emocionados, rebobinaron la cinta, pero ya no se oía nada. Posteriormente fueron a casa de Conchita, que no había participado en ese éxtasis, y al ponerle la grabación, la voz de la Virgen se volvió a escuchar. Después de esa reproducción, la voz no volvió a hacerse perceptible.

También en una ocasión la virgen se dejó fotografiar. La foto la tomó la propia Conchita, y esa foto permaneció en poder de su madre hasta el momento de su muerte. En esta podemos ver un fondo oscuro, indefinido y en la parte superior derecha, de una forma muy difusa, se aprecia una luminosidad con forma de silueta con los brazos separados del cuerpo.

La verdad es que las apariciones de Garabandal están bastante bien documentadas, y existen muchas filmaciones, fotografías y grabaciones de audio de dichas fechas. Por otro lado, como se ha formado una importante estructura de difusión del mensaje de Garabandal, sobre todo en Estados Unidos, es muy fácil si tienes interés en profundizar en el tema, encontrar abundantes testimonios de gente que vivió los acontecimientos. Eso sí, evidentemente todos los testimonios son Pro-Garabandal. Te va a costar encontrar testimonios críticos con las apariciones. Gran parte de esa labor proselitista se origina desde la fundación creada por Joey Lomangino en el Garabandal Center, con sede en Long Island, en Nueva York, en la que actualmente colabora Conchita y con delegaciones en varios países, que se dedica a la difusión del mensaje, la venta de libros, dudas, organiza peregrinaciones y como no, gestiona donaciones.

En España, la productora Mater Spei estrenó la película «Garabandal, Solo Dios Sabe» en 2017 y en 2020 ha estrenado el documental «Garabandal, Catarata Imparable». Uno de los asesores en estas producciones ha sido el Padre José Luis Saavedra, doctorado en Teología por la Universidad de Navarra con la única tesis doctoral sobre Garabandal existente hasta el momento. Este religioso, así como el director de la película, el sacerdote Brian Jackson y las actrices que representan a Mari Cruz y Conchita, son Siervos del Hogar de la Madre, que, a base de seguir enlaces en internet, está bastante conectada con Garabandal. Se trata de una asociación religiosa fundada en los 80 y reconocida por el Vaticano, que el gobierno de Pedro Sánchez declaró de utilidad pública por su actividad misionera, pero que desde grupos de prevención sectaria se advierte que utiliza medios de persuasión coercitiva para su proselitismo con jóvenes. Por cierto, promulgan que «la mujer se realiza fundamentalmente como esposa y madre, y todos los demás ámbitos de la vida deberían estar subordinados a ello», y advierten de que el perverso poder fáctico del lobby gay se extiende por doquier y la homosexualidad se puede curar. Ante esto, cada cual entienda lo que quiera, pero volvamos a Garabandal, que aquí hemos venido a hablar de misterio y no de ideologías.

Aunque bueno, ya que nos hemos metido en harina de ideologías, no quiero cambiar de tema sin que sepas que la virgen hablaba de política. Hablaba del comunismo como el gran mal que traería el fin de los tiempos.

Volviendo a la teología… ¿Qué opina oficialmente la Iglesia católica sobre las apariciones?

En el momento de dar comienzo las apariciones, el obispo de la diócesis de Santander, Monseñor Doroteo Fernández, forma una comisión técnica para investigar los sucesos. Esta estaba formada desde el punto de vista teológico por los sacerdotes Don Juan Antonio del Val, don Francisco Odriozola y Don José María Saiz, y desde el punto de vista científico por el Doctor Luis Morales, Psiquiatra y por el doctor José Luis del Piñal, Internista. En agosto y noviembre de 1961, emite dos notas oficiales en las que afirma que no consta la sobrenaturalidad de las apariciones, basándose en los informes elaborados por la comisión de investigación, que según se cuenta, poco debió aparecer por Garabandal, y sus movimientos se debieron dedicar más que a investigar, a intentar desmontar las apariciones coaccionando sobre todo a Conchita, ya que la tomaban por instigadora de la fabulación. La verdad es que, a pesar de desmentirlas inicialmente, en 1983, el doctor Morales dio una conferencia en Santander en la que se desmentía, afirmando que las apariciones habían sido reales.

En octubre de 1962, Monseñor Eugenio Beitia Aldazabal, nuevo obispo de la diócesis ratifica lo dicho por su antecesor y prohíbe que los sacerdotes acudan a Garabandal sin licencia explícita. Tras el segundo mensaje, en julio de 1965 emite una nueva nota en la que además se recomendaba a los fieles no fomentar el ambiente creado a raíz de las apariciones asistiendo a Garabandal, a pesar de que doctrinal ni espiritualmente se encuentren materias censurables en lo manifestado por las supuestas videntes. Se dice que este obispo renunció a los 5 días de recibir una nota enviada por Conchita.

La cosa se complica para los garabandalistas en marzo de 1967, cuando monseñor Puchol Montis publica otra nota en la que afirma que tras la declaración de las videntes entre agosto y octubre de 1966, en la que negaron las apariciones (cumpliendo así otra de las profecías de la virgen), finalmente no consta sobrenaturalidad en las apariciones y que todo tiene una explicación natural. Conocida fue su expresión pública «Esto lo acabo yo, cueste lo que cueste». Falleció en un extraño accidente de tráfico en mayo de 1967.

Su sucesor, Monseñor José María Cirarda Lachiondo, en 1968 ratifica lo anterior y critica la creación del Garabandal Center y la publicidad de las apariciones como sucesos sobrenaturales.

En 1971, don Juan Antonio del Val Gallo, que si lo recuerdas fue miembro de la primera comisión de investigación, fue nombrado obispo de Santander. Tratándose del único obispo que había visto presencialmente a las niñas en éxtasis, es él quien levanta la prohibición a los sacerdotes de asistir a San Sebastián de Garabandal, de celebrar misa en el lugar de las apariciones y de difundir las apariciones. Creó otra comisión interdisciplinar para investigar el caso, y en 1983 autorizó al Doctor Luis Morales a reconocer las apariciones en su conferencia en Santander. Los obispos posteriores no han publicado notas sobre Garabandal.

En cuanto a instancias mayores que el obispado, a pesar de que la Congregación para la Doctrina de la Fe entrevistó a Conchita en 1967, no ha emitido ninguna conclusión, ni positiva ni negativa en lo que respecta a las apariciones, por lo que oficialmente, el caso sigue abierto. Por otro lado, es sabido que Conchita recibió la bendición de Pablo VI y tanto este como Juan Pablo II mostraron interés por los sucesos de Garabandal, llegando el primero incluso a afirmar: «Es la historia más hermosa de la humanidad desde el Nacimiento de Cristo.» Las apariciones de Garabandal también fueron defendidas, como ya hemos mencionado, por el Padre Pío y por la Madre Teresa de Calcuta.

Y es posible que te preguntes: ¿Y qué ocurrió después de todo esto? ¿Qué ha sido de las videntes?

Pues mira: Al principio las niñas quisieron encaminarse a una vida consagrada, pero la Virgen les debió decir que era mejor que formaran una familia, para vivir cristianamente y transmitiendo a sus hijos el amor de Dios, así que las cuatro se echaron un marido y tuvieron hijos. Mari Cruz, que se quedó en España, vive en Avilés, y aunque llegó a negar las apariciones, posteriormente las volvió a admitir. Loli, Conchita y Jacinta se fueron a Estados Unidos. Como ya he dicho, Conchita actualmente colabora con el «Garabandal Center», y Loli falleció en 2009 tras sufrir una larga y penosa enfermedad respiratoria.

Y esto es lo que he ido rescatando por ahí a lo largo de mi investigación sobre Garabandal y los hechos que allí sucedieron. Como me suele ocurrir con la mayoría de los casos en los que meto las narices, cuanto más me inmiscuyo, más dudas tengo.

¿Cuál fue el origen de todo aquello? ¿Pudieron unas niñas casi analfabetas de una aldea prácticamente incomunicada elaborar una pantomima tan efectista? ¿Se trató de sugestión, psicosis colectiva, alucinaciones…? ¿Qué explicación se puede dar a tantos y tantos sucesos fuera de lo normal sucedidos en un entorno tan concreto y protagonizados por las niñas?

Podría eternizarme haciéndome preguntas concretas sobre cada cuestión: ¿Qué hacía a las niñas no sentir dolor? ¿Qué causaba ese peso y esa rigidez? ¿Cómo tenían conocimiento de cosas que no podían conocer? ¿Cómo sabían a quién pertenecían los objetos que besaba la virgen, el suceso de la polvera usada como porta viático o quién era sacerdote, aunque no lo hubiera dicho? ¿Por qué hablaban de cosas que no entendían, como por ejemplo el comunismo? ¿Qué explicación hay para las curaciones? ¿Y para la aparición de la sagrada forma en la boca de Conchita la noche del milagruco? ¿Y para esas microteleportaciones de las que se habla en las que las niñas estaban de pie, e inmediatamente después, sin proceso intermedio, arrodilladas? ¿Cómo hacían si todo era fingido para sincronizar sus caídas en éxtasis? ¿Y para subir hasta los pinos de rodillas o corriendo de espaldas casi sin poder ser alcanzadas y sin caer?

Son muchos sucesos, y múltiples los testigos. Muchos testimonios afirman, pero yo no encuentro quienes los desmientan. Ni siquiera en Google. ¿Estamos realmente ante unos sucesos de origen sobrenatural, que implican entidades diferentes a la humana? ¿Qué entidades son estas? Si esto es así, ¿Por qué han realizado profecías que no se han cumplido? Por ejemplo, las relativas a Joey Lomangino, o a los 3 papas posteriores a Juan XXIII cuando ya llevamos 5. Sé que probablemente esto sea argumentable teológicamente, pero si estas apariciones tienen realmente origen divino y Dios es sobre todo amor, ¿Por qué amenaza con cosas terribles?

Personalmente, dudo que originalmente alguien se beneficiara de las apariciones de Garabandal. ¿Pero actualmente hay quien esté sacando rédito económico de estas? Se dice que como el milagro se iba a dar en Garabandal, el precio de las propiedades inmobiliarias se disparó, llegando a estar más caras que en la capital. También, en mis curioseos por la red he visto que hay varias entidades que se dedican a la venta de material referente a las apariciones, organizan viajes, dan conferencias, gestionan donaciones… ¿Y hay quien se esté valiendo de Garabandal en otros terrenos, como grupos religiosos o gurús milenaristas o escatológicos? Por cierto, con escatológicos me refiero a la escatología como parte de la teología que estudia el fin del mundo y lo que le ocurre al ser humano tras la muerte. No a lo que tiene que ver con los excrementos…

Por otro lado, si por lo menos dos papas (Pablo VI y Juan Pablo II) han mostrado interés por las apariciones, uno de ellos (Pablo VI) les ha dado rotunda validez, y tres santos (Santa Teresa de Calcuta, Santa Maravillas de Jesús y San Pío de Pietrelcina) y alguna beatificada dijeron que lo que sucedía en Garabandal era cosa de Dios… ¿Por qué la iglesia es tan reacia a admitir las apariciones como fenómeno divino? Lo que sí estoy seguro es de que de haber sido así, el negocio hubiera sido mayor. Véanse como ejemplo Lourdes y Fátima, que se han convertido en una especie de parques temáticos de la fe.

A todas estas interrogantes y a muchas más que se me ocurren, yo no tengo una respuesta. Solo puedo darte un consejo. Reflexiona, consulta, bebe información de todas las fuentes que puedas. Y si puedes, investiga. Quizá así puedas desvelar el factor enigma que descifra este caso.

Yo, por mi parte, ahora debo dejarte. Vuelve cuando quieras, que estaré encantado de recibirte y contarte más historias. Te recuerdo que puedes visitar mi web en elfactorenigma.com en la que encontrarás información sobre estos casos, acceso a todas mis redes sociales e incluso si lo deseas, la versión transcrita a texto de este podcast. Y si tienes algo que contarme o quieres dejarme tu opinión sobre el caso, puedes hacerlo a través de los comentarios de IVOOX, o de las redes sociales. Te deseo que hasta nuestro próximo encuentro seas feliz, y que jamás dejes de maravillarte ante el misterio.